31/05/2026
Un recordatorio bíblico del Pastor John Suaza a la Iglesia Reformada Familia de Dios en este día electoral.
"Antes de iniciar con la predicación, quiero tomar un momento para compartir con ustedes unas breves palabras. Como todos sabemos, hoy es un día muy importante para nuestra nación, pues estamos viviendo las elecciones presidenciales aquí en Colombia. Al salir a las calles o abrir las redes sociales, es evidente que el ambiente está cargado de promesas, pero también de profunda ansiedad, discusiones e incluso divisiones.
Como iglesia, no podemos ser indiferentes al momento que vive Colombia; pero precisamente por eso, hoy necesitamos detenernos un momento y alinear nuestro corazón con la perspectiva que debemos tener como hijos de Dios antes de escuchar la predicación. A manera de reflexión y recomendación bíblica para el día de hoy, comparto con ustedes tres principios fundamentales basados en la Palabra:
En primer lugar, recordemos que nuestra esperanza no está en la Casa de Nariño, sino en el trono de Cristo. La Escritura es tajante al ordenarnos: “No confiéis en los príncipes, ni en hijo de hombre, porque no hay en él salvación” (Salmo 146:3). Iglesia, ningún candidato, partido o líder político es el “salvador” de la iglesia ni el “ungido” de la nación; ese título le pertenece exclusivamente a Jesucristo. Los gobernantes terrenales son mortales, sus proyectos perecen y ninguno tiene el poder de transformar el corazón humano ni erradicar el pecado.
Eso sí, cumplamos nuestro deber civil; pero recordemos que el lunes siguiente a las elecciones, gane quien gane, el Señor Jesús seguirá sentado en Su trono, gobernando el universo con perfecta soberanía.
En segundo lugar, ejerzamos el voto responsablemente y con filtros bíblicos. Aunque nuestra ciudadanía principal está en los cielos, tenemos los pies en la tierra y el deber de procurar la paz de nuestra nación. Por lo tanto, la apatía en las elecciones no debe ser una opción, sino que votar es un deber como creyentes; incluso, un deber que debe realizarse con un estándar más alto que aquel ciudadano que vota por emoción, carisma o rechazo hacia un candidato.
Por eso, al momento de votar, la invitación es a evaluar las propuestas a través de la lente de las Escrituras:
• Busquemos la honestidad, la verdad y el carácter de quienes pretenden gobernarnos (Éxodo 18:21).
• Evaluemos quién defiende la vida desde la concepción hasta su muerte natural y respeta el diseño de Dios (Romanos 13:3-4).
• Oremos y elijamos candidatos que garanticen la libertad de conciencia y de culto para seguir predicando el Evangelio con tranquilidad (1 Timoteo 2:1-2).
Y en tercer lugar —quizás el más importante— recordemos que la unidad del cuerpo de Cristo es innegociable. En esta congregación reconocemos que el púlpito de Cristo es sagrado y no puede convertirse en un fortín político ni en una tarima de campaña. En esta iglesia hay plena libertad para que cada uno vote según el dictamen de su conciencia delante de Dios.
Por lo tanto, no permitamos que una campaña política temporal destruya una comunión eterna. Si un hermano en la fe llega a una conclusión electoral distinta a la suya, no lo juzgue ni lo menosprecie. La política divide, pero la cruz nos une. La mesa del Señor es siempre más grande que las urnas electorales.
Así que, mis hermanos, les animo a que vayamos a las urnas con responsabilidad, pero dejemos la ansiedad en el altar. Confiemos plenamente en la soberanía de Aquel que quita y pone reyes, gobernando soberanamente sobre el universo.
Dispongamos ahora nuestros corazones para recibir la Palabra de Dios, la única que transforma vidas por el poder del Espíritu Santo. Amén."