23/08/2026
«CREO EN DIOS, PERO NO EN LA IGLESIA»: LA PREGUNTA QUE LEÓN XIV DECIDIÓ ENFRENTAR
En un encuentro con miles de jóvenes en Asís, el Papa reconoció que las heridas, contradicciones y crisis dentro de la Iglesia pueden provocar decepción e incluso convertirse en un obstáculo para la fe. Su respuesta no fue el reproche: propuso una Iglesia que sirva, acompañe y vuelva a parecerse a lo que Jesús quiso.
“Creo en Dios, pero no en la Iglesia”. Es una frase que se escucha cada vez más.
La dicen jóvenes que todavía rezan, que todavía creen, que todavía buscan a Dios… pero que perdieron la confianza en la institución.
Y en Asís, frente a unos 5.000 jóvenes, León XIV decidió enfrentar esa pregunta sin esquivarla.
No negó el problema.
No culpó a quienes se alejaron.
No respondió con una defensa automática.
El Papa reconoció algo que para muchos resulta dolorosamente real: hay personas que no pudieron experimentar la Iglesia como Jesucristo quiso que fuera.
Y eso puede dejar heridas.
Decepciones.
Desconfianza.
Incluso puede convertirse, admitió, en un obstáculo para la fe.
Esa respuesta toca un punto profundo.
Porque muchas veces el problema no es que alguien haya dejado de creer en Dios.
Es que dejó de confiar en quienes decían representarlo.
Frente a eso, León XIV propuso volver al Evangelio.
Una Iglesia que no domine, sino que sirva.
Que no se apropie, sino que reciba.
Que no retenga, sino que dé.
En otras palabras, una Iglesia que no se coloque por encima de las personas, sino a su lado.
El mensaje fue especialmente fuerte porque se dio en Asís, la tierra de San Francisco, uno de los santos que mejor encarna una Iglesia pobre, sencilla y cercana.
Pero el Papa habló también de otro problema que atraviesa a muchos jóvenes: el miedo a decidir.
Vivimos, dijo, en una cultura donde todo parece provisional.
Relaciones provisionales.
Trabajos provisionales.
Compromisos provisionales.
Identidades cambiantes.
Y, en medio de eso, tomar una decisión definitiva puede parecer casi una locura.
Sin embargo, León XIV lanzó una frase que sorprendió: “El coraje para tomar una decisión definitiva es quizás el acto más revolucionario hoy en día”.
Para el Papa, la libertad no consiste en dejar todas las puertas abiertas para siempre.
También puede ser la capacidad de elegir un camino y entregarse de verdad.
Él mismo contó que su propia vocación fue una sucesión de “sí”.
Sacerdote.
Agustino.
Misionero.
Y finalmente, Papa.
Pero en medio de todas esas decisiones sostuvo una certeza: “Solo Dios permanece”.
Ese parece ser también el hilo que une todo su mensaje.
La Iglesia puede fallar.
Las personas pueden decepcionar.
Las estructuras pueden necesitar conversión.
Pero Dios sigue siendo Dios.
Y precisamente por eso la Iglesia está llamada a cambiar cuando deja de parecerse a Él.
No para adaptarse a cualquier moda.
Sino para volver a lo esencial.
Servir.
Escuchar.
Acompañar.
Dar.
Y quizá esa sea la respuesta más profunda a quienes dicen: “Creo en Dios, pero no en la Iglesia”.
León XIV no les dijo simplemente que estaban equivocados.
Les recordó que sus heridas existen.
Pero también dejó una pregunta abierta para quienes todavía forman parte de la Iglesia: ¿estamos mostrando una comunidad que ayuda a creer en Dios… o una que termina alejando de Él?