19/08/2026
HOY QUIERO PEDIR DISCULPAS POR AQUELLOS QUE HOY SE ENTERAN DE ESTÁ CARTA DE RENUNCIA PASTORAL
Hoy me encuentro solo aquí en la Iglesia y escribo estas palabras con el corazón cargado y después de haber pensado profundamente en todo lo que implica continuar ejerciendo el ministerio pastoral.
Ser pastor no es solamente subir a un púlpito, abrir una Biblia y predicar, es cargar problemas que muchas veces no podemos contar, es secar lágrimas mientras las nuestras caen en silencio, es levantar a otros cuando nosotros mismos apenas tenemos fuerzas para permanecer de pie.
Durante el camino he conocido la crítica, la desilusión, la traición, la hipocresía y la falta de amor, he visto personas acercarse diciendo que aman, pero alejarse cuando ya no pueden obtener lo que desean, he visto a quienes fueron ayudados convertirse después en jueces de quien les extendió la mano.
He aprendido que muchos aman al pastor mientras el pastor les diga lo que desean escuchar, Lo honran mientras resuelva sus problemas, atienda sus llamadas y esté disponible para ellos, Pero cuando el pastor corrige, establece límites o atraviesa su propio proceso, entonces comienzan las críticas.
Muchos conocen al pastor del púlpito, pero pocos conocen al hombre que llora en la madrugada, Pocos conocen las noches sin dormir, las llamadas de emergencia, las visitas, las preocupaciones, las cargas económicas, los ataques contra la familia y las veces que uno predica con el corazón quebrantado.
El pastor también se cansa.
El pastor también siente.
El pastor también llora.
El pastor también necesita que alguien le pregunte: “¿Cómo estás tú?”
A veces uno entrega amor y recibe indiferencia, Entrega tiempo y recibe ingratitud, Defiende personas que después se levantan para hablar en su contra, Guarda confidencias de quienes luego exponen sus debilidades, Ora por quienes secretamente desean verlo caer.
Por estas razones, hoy he tomado una decisión.
Después de considerar las luchas, las críticas, las decepciones y todo el peso que representa continuar, he decidido presentar públicamente mi renuncia pastoral.
Renuncio a seguir luchando.
Renuncio a continuar creyendo.
Renuncio a levantar al caído.
Renuncio a predicar.
Renuncio a servir.
Renuncio al llamado que un día recibí de Dios…
¡ESO ES LO QUE MUCHOS QUISIERAN LEER!
Tal vez algunos ya estaban celebrando.
Quizás el in****no había comenzado a preparar una fiesta porque creyó que finalmente me había rendido, posiblemente Satanás pensó que las críticas habían logrado detenerme, que las heridas habían apagado mi voz y que las decepciones habían destruido mi llamado.
Pero pueden apagar la música, guardar los instrumentos y cancelar la celebración, porque !NO HE RENUNCIADO!
¡Satanás se equivocó !
No porque yo sea invencible, sino porque el Dios que me llamó continúa sosteniéndome.
No fui llamado por los aplausos de la gente y tampoco renunciaré por sus críticas.
Mi llamado no nació de la aceptación de los hombres. Nació en el corazón de Dios. Por eso, ninguna opinión humana tiene autoridad para cancelar lo que Dios determinó sobre mi vida.
Podrán criticarme, pero continuaré predicando.
Podrán señalarme, pero continuaré sirviendo.
Podrán abandonarme, pero continuaré caminando.
Podrán herirme, pero no conseguirán apagar el fuego que Dios puso dentro de mí.
He sido golpeado, pero no destruido
He llorado, pero no he perdido la fe.
Me he cansado, pero todavía permanezco de pie.
He sentido dolor, pero mi propósito continúa intacto.
No somos llamados a rendirnos cuando aparecen las dificultades aunque nos cansemos,Somos llamados a permanecer fieles aun cuando el camino se vuelve cuesta arriba.
No podemos interpretar una temporada de dolor como una orden de Dios para abandonar nuestra asignación. Hay procesos que no vienen para enterrarnos, sino para fortalecernos. Hay momentos que no llegan para cancelar el llamado, sino para purificar nuestras motivaciones y enseñarnos a depender completamente de Dios.
ASI QUE : HOY RENUNCIO...
Renuncio a vivir pendiente de las opiniones de quienes nunca estarán conformes.
Renuncio a tratar de complacer a todo el mundo.
Renuncio a permitir que la crítica controle mis emociones.
Renuncio a cargar culpas que no me corresponden.
Renuncio a dejar que la ingratitud apague mi amor por las almas.
Renuncio a permitir que las heridas decidan mi futuro.
Renuncio a darle al enemigo el gusto de verme abandonar aquello para lo cual Dios me escogió.
A mi llamado no renuncio.
A predicar la Palabra no renuncio.
A levantar al caído no renuncio.
A restaurar al herido no renuncio.
A continuar alcanzando almas para Cristo no renuncio.
Mi compromiso nunca fue con la popularidad. Mi compromiso es con Dios.
El día que Dios me diga: “Hasta aquí”, obedeceré. Pero mientras Dios continúe abriendo puertas, dando fuerzas y colocando palabra en mi boca, seguiré predicando.
Aunque tenga que hacerlo con lágrimas en los ojos, continuaré.
Aunque tenga que caminar con pocas personas, continuaré.
Aunque algunos que comenzaron conmigo ya no estén, continuaré.
Aunque no todos comprendan mi proceso, continuaré.
Porque no me sostiene un título; me sostiene un llamado.
No me mantiene de pie la aprobación de la gente; ni la aprobación de un Concilio,me mantiene de pie la gracia de Dios.
La Biblia dice que podemos estar derribados, pero no destruidos. Esa es mi realidad: quizás he sido derribado algunas veces, pero todavía no estoy acabado.
Mientras tenga vida, habrá propósito.
Mientras tenga voz, habrá predicación.
Mientras tenga fuerzas, habrá servicio.
Y mientras Dios permanezca conmigo, ninguna crítica, traición, decepción ni ataque podrá escribir el último capítulo de mi historia.
A LOS PASTORES QUE ESTÁN ATRAVESANDO UN MOMENTO DIFÍCIL ESTE MENSAJE ES PARA USTEDES:
POR FAVOR NO abandonen su llamado por causa de personas y Concilios que nunca comprendieron el precio de su entrega.
Descansen si es necesario. Busquen ayuda. Sanen sus heridas. Establezcan límites. Pero no permitan que una temporada dolorosa les haga tomar una decisión permanente.
Todavía hay almas que necesitan escuchar la palabra que Dios puso en ustedes.
Todavía hay personas que serán restauradas por medio de su testimonio.
Todavía hay propósito, aceite y futuro.
La lucha ha sido fuerte, pero mi Dios continúa siendo más fuerte.
¡¡¡¡No renuncio. No retrocedo. No abandono mi llamado!!!!
Continúo de pie, no porque nunca me hayan herido, sino porque Dios nunca ha dejado de sostenerme.
Dios confirmo lo que muchas veces no podía entender y ahora quedo claro que jamas Dios dejara que nadie pisotee un llamado que solo el designó.