06/02/2026
1 de febrero de 2026
«A Dios lo que es de Dios» (San Mateo 12, 17)
Como cristiano, observo con profunda preocupación el retiro de la imagen del Sagrado Corazón de Jesús de la ciudad de Medellín, amparado en decisiones jurídicas que evidencian un progresivo distanciamiento de las raíces espirituales de nuestra nación. A ello se suma la reducción —y en algunos casos la desaparición— de la educación religiosa, lo cual empobrece la formación integral de las nuevas generaciones.
No puede olvidarse que el Sagrado Corazón de Jesús fue proclamado Patrono de Colombia el 18 de mayo de 1902, como signo de una tradición histórica, cultural y espiritual profundamente arraigada en nuestro pueblo. Sin embargo, ciertas interpretaciones amplias de la libertad de cultos han propiciado el desplazamiento de estos símbolos, dando lugar a múltiples expresiones religiosas y espirituales, algunas de ellas marcadas por la charlatanería y la brujería, alejadas de nuestra tradición judeocristianas y de un discernimiento serio y responsable.
En este contexto, resulta inquietante observar experiencias de otros paises como Nicaragua con Ortega y su esposa en las que la relación entre el poder político y la dimensión religiosa ha generado tensiones en la vida social y una persecución contra el cristianismo. De manera similar, en Colombia, bajo el gobierno del presidente Gustavo Francisco Petro Urrego, se ha manifestado una creciente preocupación ciudadana frente a hechos que han afectado el respeto por los lugares sagrados y el patrimonio religioso, como intervenciones indebidas en templos emblemáticos, entre ellos la Catedral Primada de Colombia en Bogotá. Asimismo, la visibilización de prácticas rituales ajenas a la tradición cristiana y las controversias públicas en torno a la relación del poder político con actores armados han suscitado legítimos interrogantes en amplios sectores de la sociedad.
Como obispo, surge entonces una pregunta necesaria: ¿Colombia es de Dios, de los brujos o de los la bañan en sangre, o de corrientes espirituales ajenas a su identidad histórica y espiritual?
“A Dios lo que es de Dios”. No podemos guardar silencio cuando se pone en riesgo la fe, la vida y los valores que han sostenido a nuestro pueblo.
Por: su Excelencia, Monseñor Wilson Araque.
Medellín