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Regina Caeli. El Papa: Que el Espíritu Santo abra las puertas que aún siguen cerradasEste 24 de mayo, solemnidad de Pent...
24/05/2026

Regina Caeli. El Papa: Que el Espíritu Santo abra las puertas que aún siguen cerradas

Este 24 de mayo, solemnidad de Pentecostés, tras haber celebrado la Santa Misa en la Basílica de San Pedro, el Papa León XIV dirigió desde la ventana del Palacio Apostólico la oración mariana del Regina Caeli. En su alocución, el Pontífice invitó “como los primeros discípulos”, a encomendarnos “a la intercesión de la Virgen María, Morada del Espíritu Santo y Madre de la Iglesia”.
Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“Incluso en nuestros días, especialmente en este día de Pentecostés, debemos invocar al Espíritu Santo, para que abra todas las puertas que aún permanecen cerradas”, esta fue la exhortación del Papa León XIV en su alocución previa a la oración mariana del Regina Caeli de este domingo 24 de mayo, solemnidad de Pentecostés, en la cual “estamos llamados a contemplar el don del Espíritu Santo, derramado en abundancia sobre la Iglesia naciente – indicó el Papa – y, hoy, nuevamente dispensado a sus miembros, como luz y fuerza que los acompaña en cada momento de la vida”.

El Espíritu abre las puertas
Desde la ventana del Palacio Apostólico, el Santo Padre indicó que, en esta solemnidad de Pentecostés podemos detenernos en una imagen del Espíritu que nos da la liturgia de hoy: el Espíritu abre las puertas.

“En efecto, el Evangelio nos dice que estaban «cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos» (Jn 20,19) y, al mismo tiempo, el libro de los Hechos de los Apóstoles nos narra que el Espíritu llegó como una ráfaga de viento (cf. Hch 2,2), que abriendo las puertas impulsó a los discípulos a salir a anunciar la Buena Noticia de Cristo resucitado”.

El Espíritu nos abre el acceso al misterio de Dios
Y dirigiéndose a los fieles congregados en la Plaza de San Pedro y a quienes seguían el rezo del Regina Caeli a través de los medios de comunicación el Pontífice preguntó: Hoy, ¿qué puertas abre el Espíritu Santo? La primera puerta que abre es la del mismo Dios, en el sentido en que nos abre el acceso al misterio de Dios, así como se ha revelado en Jesucristo.

“Con el don de su Espíritu, Dios nos concede la verdadera fe, nos hace comprender el sentido de las escrituras, se nos muestra cercano y nos permite participar de su misma vida. El Espíritu Santo nos ayuda a tener una experiencia de Dios personal; a encontrarlo en Jesús y no sólo en la observancia de una ley; a reconocerlo en nosotros y a descubrir los signos de su presencia en la vida ordinaria”.

El Espíritu abre la puerta del cenáculo, de la Iglesia
La segunda puerta que abre el Paráclito, afirmó el Papa León, es la del cenáculo, es decir de la Iglesia. Sin el fuego del Espíritu, la Iglesia permanece prisionera del miedo, temerosa ante los desafíos del mundo, cerrada en sí misma y por tanto también incapaz de entrar en diálogo con los tiempos que cambian.

“El Espíritu abre las puertas de la Iglesia para que pueda acoger y recibir a todos, incluso a aquellos que le han cerrado las puertas a Dios, a los demás, a la esperanza, a la alegría de vivir. Como recordaba el Papa Francisco, estamos llamados a ser «una Iglesia que bendice y anima […] Iglesia con las puertas abiertas para todos»”.

El Espíritu Santo abre las puertas de nuestros corazones
Por último, el Espíritu Santo abre las puertas de nuestros corazones, señaló el Santo Padre, ayudándonos a vencer las resistencias, los egoísmos, las desconfianzas y los prejuicios, y haciéndonos capaces de vivir como hijos de Dios y hermanos entre nosotros.

“En donde está el Espíritu del Señor nace la fraternidad entre las personas, los grupos, los pueblos de la tierra, y todos hablan el único lenguaje del amor, que une y armoniza las diferencias”.

La intercesión de la Virgen María, Morada del Espíritu Santo
Antes de concluir su alocución, el Papa León XIV subrayó que, en nuestros días, especialmente en este día de Pentecostés, debemos invocar al Espíritu Santo, para que abra todas las puertas que aún permanecen cerradas. Y como los primeros discípulos, encomendarnos a la intercesión de la Virgen María, Morada del Espíritu Santo y Madre de la Iglesia.

“Necesitamos redescubrir a Dios como Padre que nos ama; edificar una Iglesia en donde todos se sientan en casa; y hacer crecer un mundo fraterno en el que reine la paz entre todos los pueblos”.

Este 24 de mayo, solemnidad de Pentecostés, tras haber celebrado la Santa Misa en la Basílica de San Pedro, el Papa León XIV dirigió desde la ventana ...

El Papa: El Paráclito nos defiende de los prejuicios que apagan la luz del EvangelioEste domingo 24 de mayo, solemnidad ...
24/05/2026

El Papa: El Paráclito nos defiende de los prejuicios que apagan la luz del Evangelio

Este domingo 24 de mayo, solemnidad de Pentecostés, el Papa León XIV presidió la celebración Eucarística en la Basílica de San Pedro. En su homilía, el Pontífice reflexionó sobre tres aspectos del Paráclito: “El Espíritu del Resucitado es el Espíritu de la paz, es el Espíritu de la misión y es el Espíritu de la verdad”.
Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“Con corazón ardiente, pidamos hoy que el Espíritu del Resucitado nos salve del mal de la guerra, que es vencida no por una superpotencia, sino por la omnipotencia del amor. Recemos para que libere a la humanidad de la miseria, que es rescatada no por una riqueza incalculable, sino por un don inextinguible. Pidámosle que nos sane del flagelo del pecado, para la redención anunciada a todos los pueblos en el nombre de Jesús”, esta fue la invitación que dirigió el Papa León XIV en su homilía en la Santa Misa que presidió este domingo 24 de mayo, solemnidad de Pentecostés, en la Basílica de San Pedro en el Vaticano.

“Aquel que estaba mu**to vive para siempre”
En su homilía, el Santo Padre recordó que, con la solemnidad de Pentecostés, el tiempo de Pascua llega a su culminación. Y para evidenciar la unidad de este acontecimiento de salvación, el Evangelio nos lleva nuevamente al “primer día de la semana”, es decir, a aquel nuevo día en el que Jesús resucitado aparece a sus discípulos mostrándoles «sus manos y su costado».

“El Señor revela su cuerpo glorioso, precisamente sus llagas, las heridas de la crucifixión. Estos signos de la pasión, más elocuentes que cualquier discurso, han sido transfigurados: Aquel que estaba mu**to vive para siempre”.

Pentecostés es fiesta pascual y fiesta del cuerpo de Cristo
Al ver al Señor, los discípulos también vuelven a vivir, afirmó el Pontífice, y Cristo, a este gesto, de mostrar a sus discípulos «sus manos y su costado» une la palabra: «¡La paz esté con ustedes!»; e inmediatamente después sopla sobre los discípulos dándoles el Espíritu Santo.

“El Resucitado está lleno de vida; luego de haber mostrado la vida del cuerpo, como verdadero hombre, da la vida de Dios, como Hijo amado del Padre, vuelto para nosotros hermano y Redentor. En el mismo cenáculo donde ha instituido la alianza nueva y eterna, Jesús infunde el Espíritu; el lugar de la cena y de la traición se transforma y, de sepulcro de los apóstoles, se convierte para toda la Iglesia en fuente de resurrección. Por eso Pentecostés es fiesta pascual y fiesta del cuerpo de Cristo, que por gracia somos nosotros”.

El Espíritu del Resucitado es el Espíritu de la paz
Por ello, al celebrar este misterio, el Papa León propuso tres aspectos en su reflexión. En primer lugar, el Espíritu del Resucitado es el Espíritu de la paz. En su Pascua, indicó el Papa, Cristo reconcilia a Dios y a la humanidad, y el Espíritu Santo infunde la paz en los corazones y la difunde en el mundo. Esta paz viene del perdón y nos lleva al perdón; comienza con el perdón que da el mismo Jesús, traicionado por nosotros, condenado y crucificado. Esta autoridad viene dada bajo el signo de una reconciliación universal: el Señor infunde el Espíritu de la paz desde el comienzo hasta el final de la historia.

“El Espíritu Santo, en efecto, es Señor y dador de vida desde el inicio de la creación, cuando aleteaba sobre las aguas (cf. Gn 1,2), y ahora, en su rescate, cambia la historia del mundo; realmente Pentecostés se realiza como fiesta del nuevo Pacto, es decir, de la alianza entre Dios y todos los pueblos de la tierra. Mientras el fragor del cielo, el viento y las lenguas de fuego en el cenáculo recuerdan los antiguos signos del Sinaí, la santa ley de Dios se inscribe en nuestros corazones, grabada por el Espíritu con caracteres de amor en la carne de Cristo y en su cuerpo, que es la Iglesia”.

[ Esta ley es el código de la paz; es el doble mandamiento del amor, que el Espíritu nos recuerda en cada latido del corazón. Con nuestro corazón podemos, por tanto, invocar: “Veni Sancte Spiritus”, porque Él ya nos ha sido dado. Podemos desearlo, porque ya nos ha sido prometido. Podemos acogerlo, porque Él mismo es dulce huésped del alma ]

El Espíritu del Resucitado es el Espíritu de la misión
Un segundo aspecto sobre el que reflexionó el Santo Padre fue el Espíritu del Resucitado es el Espíritu de la misión. Somos así partícipes en la misión de Jesús; la de Aquel que sale de Dios y vuelve a Dios con el poder del Espíritu, que procede del Padre y del Hijo, con ellos es adorado y glorificado, único Dios. El Espíritu Santo es la caridad viviente de Cristo que nos desborda, nos impulsa, nos sostiene en la misión. El mismo Espíritu, mientras da a los apóstoles el poder de expresarse en la variedad de las lenguas (cf. Hch 2,4), enseña a la humanidad la palabra de la salvación y se resumen todas en la redención, que empieza con la fe.

“De hecho, la primera obra del Espíritu Santo en nosotros es la fe con la que profesamos: «Jesús es el Señor» (1 Co 12,3). Esta fe vive y se expresa en cada buena acción, en cada acto de misericordia y de virtud. La obra de Dios, por tanto, somos nosotros, que llegamos hoy aquí de todas las partes del mundo, invitados a la mesa del Señor, reunidos en la escucha de su palabra y enviados a testimoniarla por doquier”.

La Iglesia es protagonista del Evangelio, no sólo guardiana
Por ello, el Pontífice señaló que la toda la Iglesia es protagonista, no sólo guardiana del Evangelio. Con la fuerza del Espíritu, nuestro anuncio se ve colmado de alegría y de esperanza, porque nosotros, somos la novedad del mundo, la luz y la sal de la tierra. Ciertamente, no por nuestros méritos, sino por la palabra del Señor, que santifica al pecador, sana al leproso, convierte a quien ha renegado de él en un apóstol.

“Por una parte —lo vemos bien—, hay cambios que no renuevan el mundo, sino que lo envejecen entre errores y violencia. Por otra parte, en cambio, el Espíritu Santo ilumina las mentes y suscita en los corazones nuevas energías de vida. Así transfigura la historia abriéndola a la salvación, es decir, al don que el único Señor comparte con todos. La misión de la Iglesia confirma ese compartir, transformando la confusión del mundo en comunión con Dios y entre nosotros”.

El Espíritu del Resucitado es el «Espíritu de la verdad»
Esta misión, subrayó el Papa, comienza afirmando la verdad de Dios y del hombre, porque el Espíritu del Resucitado es el «Espíritu de la verdad». El Espíritu, que habló por medio de los profetas, promueve siempre la unidad en la verdad, porque suscita en nosotros comprensión, concordia y coherencia de vida. Como enseña san Agustín, el don de lenguas que se comprenden en la única fe, «el Espíritu Santo […] quiso que fuera una prueba de su presencia».

“El Paráclito nos defiende entonces de todo lo que impide este entendimiento: de los prejuicios, de las hipocresías y de las modas que apagan la luz del Evangelio. La verdad que Dios nos da sigue siendo así palabra liberadora para todos los pueblos, mensaje que transforma cada cultura desde dentro”.

El Espíritu es fuente de santidad
Finalmente, el Santo Padre dijo que, el Espíritu del Resucitado no se infunde una vez para siempre, sino constantemente. Como la Eucaristía es la presencia viva de Cristo, que siempre nos alimenta, así el Espíritu Santo imprime en nosotros su carácter en el Bautismo, que nos hace cristianos; en la Confirmación, que nos convierte en testigos; en el Orden, que constituye ministros y pastores para el pueblo de Dios.

“En cada sacramento Él es dator munerum, fuente de santidad que multiplica dones y carismas en la oración, en las obras de misericordia, en el estudio de la Palabra de Dios. Como enseña el Apóstol: «En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común» (1 Co 12,7). Precisamente porque somos Iglesia, único cuerpo que vive de Dios y sirve al mundo. Gracias al Espíritu podemos llevar a todos la paz verdadera, la verdad que salva, es decir, al mismo Cristo Señor”.

Antes de concluir, el Papa indicó que, esta es la gracia que infunde valentía a los apóstoles; y pidió que lo infunda también a nosotros, hoy y siempre, por intercesión de María, Madre de la Iglesia.

Este domingo 24 de mayo, solemnidad de Pentecostés, el Papa León XIV presidió la celebración Eucarística en la Basílica de San Pedro. En su homilía, ...

Catequesis: El Papa León XIV recuerda que la fe se vive, no solo se estudiaEn su catequesis de hoy, León XIV abrió una n...
20/05/2026

Catequesis: El Papa León XIV recuerda que la fe se vive, no solo se estudia

En su catequesis de hoy, León XIV abrió una nueva serie sobre el Concilio Vaticano II recordando que la Iglesia no se sostiene en ideas o reformas externas, sino en Cristo vivo. Al presentar la constitución Sacrosanctum Concilium, subrayó que la fe no se limita a comprender a Jesús, sino a encontrarse con Él allí donde sigue actuando y renovando a su pueblo.
Patricia Ynestroza - Ciudad del Vaticano

En su catequesis de esta mañana, el Papa León XIV inició una nueva serie dedicada al Concilio Vaticano II, comenzando por el primer documento aprobado: la Constitución Sacrosanctum Concilium.

“Su propósito es conducir a la Iglesia a contemplar y profundizar el vínculo que la une con el misterio de Cristo; es decir, con su pasión, muerte, resurrección y glorificación. Esta comunión se realiza en la sagrada liturgia a través de ritos y oraciones. La Iglesia expresa así su fe y modela su identidad como Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu Santo.”

Ayudando a los fieles a volver al núcleo de lo cristiano, es decir, a Cristo mismo, el Papa explicó que el Concilio no buscaba simplemente cambiar formas externas o “modernizar” celebraciones. Lo que pretendía era mucho más profundo: ayudar a la Iglesia a comprender mejor qué la sostiene, qué la une y qué le da vida.

La Iglesia se construye porque Cristo actúa en ella
Según recordó el Papa en la audiencia general, la Iglesia no se construye solo con ideas, normas o esfuerzos humanos, sino porque Cristo actúa en ella y la sostiene. Por eso, cuando la comunidad se reúne para celebrar, no está cumpliendo un rito vacío, sino entrando en un acontecimiento vivo donde Dios sigue obrando.

El Papa citó una frase esencial del documento conciliar: en ese momento “se ejerce la obra de nuestra Redención” (SC 2). Es decir, no se trata únicamente de recordar a Jesús, sino de reconocer que su salvación sigue siendo actual y transforma hoy a su pueblo.

Inmersos en el Misterio cristiano
Esta catequesis también se conecta con un proceso importante vivido por la Iglesia durante el siglo XX: una renovación bíblica, patrística y espiritual que ayudó a comprender mejor qué significa el “misterio”. No como algo oscuro o lejano, sino como el plan de amor de Dios revelado plenamente en Cristo.

“Cristo mismo es el principio interior del misterio de la Iglesia, el pueblo santo de Dios, nacido de su costado traspasado en la cruz. En la santa liturgia, con el poder de su Espíritu, Él sigue actuando. Santifica y asocia a la Iglesia, su esposa, a su ofrenda al Padre.”

Finalmente, el Papa León dejó un mensaje sencillo pero firme: la fe cristiana no se reduce a conocer a Cristo con la mente, sino a encontrarse con Él en la vida de la Iglesia, donde su presencia sigue formando un pueblo nuevo, “linaje elegido, sacerdocio real, nación santa”.

“«La liturgia edifica día a día a los que están dentro de la Iglesia para ser templo santo en el Señor», y forma una comunidad abierta y acogedora para con todos. De hecho, está habitada por el Espíritu Santo, nos introduce en la vida de Cristo, nos convierte en su Cuerpo y, en todas sus dimensiones, representa un signo de la unidad de todo el género humano en Cristo.”

Con esta serie de catequesis, el Papa invita a los creyentes a volver a lo esencial: Cristo vivo, presente y actuando en medio de su pueblo.

Estaba presente en la catequesis su Santidad Aram I, Católicos de Cilicia de la Iglesia Apostólica Armenia, junto con su delegación. A él, León XIV destacó que su visita fraterna representa una oportunidad clave para estrechar los lazos de unidad que ya existen entre ambas Iglesias. Al final de la catequesis, luego de la bendición del Papa León, Aram I hizo con su delegación un rezo cantado.

En su catequesis de hoy, León XIV abrió una nueva serie sobre el Concilio Vaticano II recordando que la Iglesia no se sostiene en ideas o reformas ...

18/05/2026
18/05/2026
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18/05/2026
El Papa: Difundamos en el mundo frutos preciosos de comunión y de pazEn el Regina Caeli de la solemnidad de la Ascensión...
17/05/2026

El Papa: Difundamos en el mundo frutos preciosos de comunión y de paz

En el Regina Caeli de la solemnidad de la Ascensión del Señor, León XIV destaca que Jesús une a la humanidad a sí mismo en el camino hacia el Padre: “su ascensión al cielo nos atrae también, con Él, hacia la plena comunión con el Padre”.
María Cecilia Mutual - Ciudad del Vaticano

La Ascensión del Señor no nos muestra una “promesa lejana”, sino un “vínculo vivo”, que nos atrae también a nosotros hacia la gloria celestial: fue la afirmación del Papa León XIV en su alocución previa a la oración del Regina Caeli, hoy domingo 17 de mayo.

El Pontífice, asomado desde la ventana del Palacio Apostólico hacia una soleada la plaza de San Pedro repleta de fieles, inició su alocución previa a la oración mariana recordando que hoy se celebra en muchos países del mundo la Solemnidad de la Ascensión del Señor.

Hacia la plena comunión con el Padre
Centrándo su reflexión en la imagen de Jesús que sube al cielo, observó cómo esta imagen puede “puede hacernos percibir este Misterio como un acontecimiento lejano”, y puntualizó que en realidad “no es así” porque nosotros, de hecho, “estamos unidos a Jesús como los miembros a la cabeza, en un solo cuerpo, y su ascensión al cielo nos atrae también, con Él, hacia la plena comunión con el Padre”.

Toda la vida de Cristo es un dinamismo ascendente, que abraza y envuelve, a través de su humanidad, todo el escenario del mundo, elevando y redimiendo al hombre de su condición de pecado, llevando luz, perdón y esperanza allí donde había tinieblas, injusticia y desesperación, para llegar a la victoria definitiva de la Pascua.

La Ascensión, entonces, según el Obispo de Roma, nos atrae también a nosotros “hacia la gloria celestial, ampliando y elevando nuestro horizonte y acercando cada vez más nuestro modo de pensar, de sentir y de actuar a la medida del corazón de Dios”.

El Santo Padre evidenció que nosotros conocemos el camino de este itinerario ascendente, ya que “lo encontramos en Jesús, en la entrega de su vida, en sus ejemplos y en sus enseñanzas”, en la "Virgen María y en los santos: aquellos que la Iglesia ofrece como modelo universal y aquellos «de la puerta de al lado» con los que vivimos cada día: papás, mamás, abuelos, personas de todas las edades y condiciones, que con alegría y compromiso se esfuerzan sinceramente por vivir según el Evangelio”.

Subir día a día hacia el cielo
Y es con ellos, con su apoyo y su oración, que podemos aprender también nosotros a “subir día a día hacia el cielo”, haciendo objeto de nuestros pensamientos, como dice san Pablo, “todo lo que es verdadero, justo, amable” y haciendo crecer, en nosotros y en nuestro entorno, “la vida divina que recibimos en el bautismo” y “difundiendo en el mundo frutos preciosos de comunión y de paz”.

En el Regina Caeli de la solemnidad de la Ascensión del Señor, León XIV destaca que Jesús une a la humanidad a sí mismo en el camino hacia el Padre: ...

17/05/2026

La Ascensión del Señor

14/05/2026
14/05/2026

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