10/03/2026
Como anhela la cierva corrientes de agua,
así mi alma te busca a Tí, Dios mío.
Mi alma tiene sed de Dios, del Dios de la vida.
¿Cuándo iré a contemplar el rostro del Señor?.
Salmo 42 (41), 2-3
Criatura singular es el hombre, que lleva reflejada en lo más profundo de sus aguas la imagen de Dios. Y, por esta impronta eterna, somos inevitablemente buscadores instintivos del Eterno, caminantes, que en un movimiento de retorno, navegamos río arriba en busca de la fuente primordial, como peregrinos del Absoluto.
Nos parecemos a esos ciervos que después de recorrer abruptas montañas, y encaramarse en los riscos más altos, descienden vertiginosamente a las quebradas y los valles, devorados por la sed, en busca de las frescas corrientes de agua.
La insatisfacción humana, en toda su grandeza y amplitud, el tedio de la vida, ese no saber para qué está en este mundo, esa sensación de vacío, el desencanto general, ..
no son otra cosa que la sed del Infinito.
El hombre es un pozo infinito, cavado según una medida infinita; por eso, infinitos finitos no podrán colmarlo,
sino tan solo un Infinito.
Por eso, el hombre irrumpe en el escenario con una fuerza vehemente clamando:
"Oh Dios, mi alma está sedienta de Tí".
Extractado del L. Salmos para la Vida
P. Ignacio Larrañaga
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