Parroquia San Francisco Javier de Margarita Bolívar

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¿Por qué el sagrario debe ocupar un lugar digno?El sagrario es el lugar sagrado donde se reserva el Santísimo Sacramento...
27/08/2026

¿Por qué el sagrario debe ocupar un lugar digno?

El sagrario es el lugar sagrado donde se reserva el Santísimo Sacramento: presencia verdadera, real y sustancial de Cristo bajo las especies eucarísticas (cf. Catecismo, n. 1374). Por ello, la Iglesia ordena que se ubique en un sitio noble, visible y seguro, de modo que todos reconozcan que el Señor es el centro de la vida cristiana (cf. Catecismo, n. 1379; IGMR, nn. 314‑317).

En él se custodia la Eucaristía, y su emplazamiento debe invitar al silencio, a la adoración y al recogimiento. Una lámpara encendida junto al sagrario, conforme a la norma litúrgica, señala la presencia sacramental de Cristo, que permanece en medio de su pueblo como Pastor que guía y como Amigo que, en el misterio de la fe, fortalece y consuela.

Un lugar digno para el sagrario manifiesta que la comunidad proclama con obras lo que confiesa con la fe: Cristo está realmente presente y merece el mayor honor. Así, cada templo se convierte en verdadera casa de oración, donde el corazón se inclina ante el Señor que, por amor, quiso permanecer sacramentalmente para ser nuestro alimento y compañía.

🕯️LA GENTE NO ACUDE A MISA PORQUE NO SABE ESTO.El poder de la Santa MisaA la hora de tu muerte, tu mayor consolación ser...
24/08/2026

🕯️LA GENTE NO ACUDE A MISA PORQUE NO SABE ESTO.

El poder de la Santa Misa

A la hora de tu muerte, tu mayor consolación será las Misas que durante tu vida oíste.

Cada Misa que oíste te acompañaran al Tribunal Divino y abogarán para que alcances el perdón.

Con cada Misa puedes disminuir el castigo temporal que debas por tus pecados, en proporción con el FERVOR que la oigas.

Con la asistencia devota a la Santa Misa rindes el mayor homenaje a la Humanidad Santísima de Nuestro Señor. La Santa Misa bien oída suple tus mayores negligencias y omisiones.

Por la Santa Misa bien oída se te perdonan todos los pecados veniales que estás resuelto a evitar, y muchos otros de que ni siquiera te acuerdas. Por ella pierde también el demonio el dominio sobre ti.

Además, ofreces el mayor consuelo a las almas benditas del Purgatorio.

Una Misa oída mientras vives te aprovechará mucho más que muchas que ofrezcan por ti después de tu muerte.

Te libras de muchos peligros y desgracias, en los cuales quizás caerías si no fuera por la Santa Misa.

Acuérdate también de que con ella acortas tu purgatorio.

Con cada Misa aumentas tus grados de gloria en el Cielo. En ella recibes la bendición del Sacerdote, que Dios ratifica en el cielo.

Durante la Misa te arrodillas en medio de una multitud de ángeles que asisten invisiblemente al Santo Sacrificio con suma reverencia.

Consigues bendiciones en tus negocios y asuntos temporales.

Cuando oímos Misa en honor de algún Santo Particular, dando gracias a Dios por los favores pedidos a este Santo no podemos menos de ganarnos su protección y especial amor, por el primer gozo y felicidad que de nuestra buena obra se le sigue.

Todos los días que oímos Misa estaría bien que, además de las otras intenciones, tuviéramos la de honrar al Santo del día.

"𝗦𝗮𝗻 𝗝𝘂𝗮𝗻 𝗠𝗮𝗰𝗶́𝗮𝘀" 𝗲𝗹 𝗹𝗮𝗱𝗿𝗼́𝗻 𝗱𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝗮𝗹𝗺𝗮𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝗣𝘂𝗿𝗴𝗮𝘁𝗼𝗿𝗶𝗼 📖 📜 🙏 Hay santos cuya vida parece escrita para recordarnos que...
24/08/2026

"𝗦𝗮𝗻 𝗝𝘂𝗮𝗻 𝗠𝗮𝗰𝗶́𝗮𝘀" 𝗲𝗹 𝗹𝗮𝗱𝗿𝗼́𝗻 𝗱𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝗮𝗹𝗺𝗮𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝗣𝘂𝗿𝗴𝗮𝘁𝗼𝗿𝗶𝗼 📖 📜 🙏

Hay santos cuya vida parece escrita para recordarnos que la verdadera grandeza no siempre se encuentra en los palacios, en las riquezas o en los grandes cargos.

A veces, la santidad nace en medio de la pobreza, crece en el silencio y se manifiesta en pequeños actos de amor.

Ese fue el caso de San Juan Macías, un humilde fraile dominico que dedicó gran parte de su vida a servir a los pobres, alimentar a los necesitados y, sobre todo, rezar por las almas de quienes habían mu**to y se encontraban en el Purgatorio.

Por esa intensa devoción a las almas de los difuntos, la tradición católica llegó a darle un sobrenombre que llama poderosamente la atención:

“El ladrón de las almas del Purgatorio.”

No porque robara almas en el sentido literal, sino porque, según la tradición devocional, con sus oraciones y sacrificios pedía insistentemente a Dios por aquellas almas que necesitaban purificación antes de entrar en la presencia divina.

Un niño que quedó huérfano

Juan Macías nació el 2 de marzo de 1585, en Ribera del Fresno, Extremadura, España.

Su infancia estuvo marcada por la pobreza y el dolor.

Cuando todavía era muy pequeño perdió a sus padres. Los frailes dominicos señalan que quedó huérfano aproximadamente a los cuatro años, y fue criado por familiares.

Desde muy joven tuvo que aprender a trabajar para sobrevivir.

Su oficio fue el de pastor.

Mientras otros niños podían disfrutar de una infancia tranquila, Juan pasaba largas horas cuidando los rebaños en los campos de Extremadura.

Pero aquellas horas de soledad terminarían convirtiéndose en una escuela espiritual.

Entre los campos, los animales, el cielo y el silencio, Juan comenzó a desarrollar una profunda vida de oración.

Rezaba especialmente el Santo Rosario y tenía una particular devoción a la Virgen María.

Su vida sencilla como pastor no le impidió acercarse a Dios. Al contrario, aquel contacto constante con la naturaleza parecía llevarlo a contemplar al Creador.

El misterioso llamado a viajar

Desde muy joven, Juan tuvo experiencias religiosas que marcaron profundamente su vida.

La tradición dominicana relata que tuvo una especial relación espiritual con San Juan Evangelista, a quien consideraba una especie de guía celestial.

Con el paso de los años comenzó a sentir que debía abandonar su tierra y dirigirse hacia tierras lejanas.

Finalmente emprendió el camino hacia América.

Era un viaje enorme y peligroso para un hombre pobre de aquella época.

Después de pasar por distintos lugares, llegó al continente americano y posteriormente se dirigió hacia el territorio del actual Perú.

Su camino no fue el de un conquistador ni el de un hombre que buscaba riquezas.

Era un trabajador pobre que iba de un lugar a otro intentando ganarse la vida.

Llegó a trabajar como pastor y desempeñó diferentes oficios antes de encontrar finalmente el lugar donde entregaría completamente su vida a Dios.

Llegada al Perú

Juan llegó finalmente a Lima, una ciudad que durante aquellos años era uno de los principales centros del virreinato del Perú.

Allí comenzó una nueva etapa de su vida.

Y fue precisamente en Lima donde entró en contacto con la familia dominicana.

La tradición de los dominicos recuerda también su encuentro con San Martín de Porres, otro humilde fraile que dedicó su vida a los pobres y enfermos.

Juan encontró finalmente aquello que parecía haber estado buscando durante tantos años.

En 1622, cuando tenía aproximadamente 37 años, recibió el hábito dominicano en el convento de Santa María Magdalena.

No buscó convertirse en una persona importante dentro de la comunidad.

Eligió el camino de la humildad.

Fue recibido como hermano cooperador y terminó desempeñando uno de los trabajos aparentemente más sencillos del convento:

ser portero.

Pero aquella puerta terminaría convirtiéndose en el lugar desde donde realizaría una extraordinaria obra de caridad.

El portero de los pobres

Durante alrededor de veinticinco años, Juan Macías permaneció relacionado con la portería del convento.

Por aquella puerta pasaban personas de todo tipo.

Ricos.

Pobres.

Enfermos.

Huérfanos.

Personas desesperadas.

Gente que no tenía qué comer.

Y Juan procuraba ayudar a todos.

Su portería se convirtió prácticamente en un refugio para quienes sufrían.

Pedía limosnas y distribuía alimentos.

Ayudaba a las familias necesitadas.

Escuchaba a quienes llegaban buscando consejo.

Rezaba por los enfermos.

Y muchas veces se privaba incluso de parte de su propio alimento para poder compartirlo con alguien que tenía más necesidad.

Su fama de caridad comenzó a extenderse por Lima.

Pero Juan no buscaba reconocimiento.

Para él, detrás de cada persona necesitada estaba Cristo.

El propio papa Pablo VI, durante la canonización de Juan Macías, destacó precisamente esta característica de su vida: fue un hombre pobre que vivió para los pobres y que hizo de la caridad una expresión concreta de su amor a Dios.

Un hombre de oración

Pero había otra dimensión de su vida que lo hizo especialmente conocido.

La oración.

Juan Macías podía pasar largos períodos rezando.

Su vida estaba profundamente marcada por el Rosario, la penitencia y la oración por otras personas.

Y entre sus grandes preocupaciones estaban las almas de los difuntos.

En la espiritualidad católica, el Purgatorio es entendido como una purificación necesaria para quienes mueren en amistad con Dios, pero todavía necesitan ser purificados antes de alcanzar la plena comunión con Él.

Juan tenía una profunda preocupación por esas almas.

Rezaba por ellas.

Ofrecía sacrificios por ellas.

Y pedía a Dios misericordia para quienes habían mu**to.

Los dominicos señalan expresamente que utilizaba el Rosario y las limosnas también como medios de sufragio por las almas del Purgatorio.

¿Por qué le llamaban “el ladrón del Purgatorio”?

Aquí aparece una de las expresiones más llamativas asociadas con San Juan Macías.

La tradición devocional comenzó a presentarlo como un hombre que parecía “robar almas” del Purgatorio mediante sus oraciones.

Pero debemos entender correctamente la expresión.

No significa que Juan tuviera poder para sacar almas del Purgatorio por sí mismo.

Para la fe católica, la salvación y la misericordia pertenecen a Dios.

El sobrenombre es una manera popular y simbólica de describir la enorme confianza que Juan tenía en la oración por los difuntos.

Era como si cada Rosario, cada sacrificio y cada acto de caridad fuera una petición insistente ante Dios por aquellas almas.

Por eso se decía que Juan Macías era un auténtico “ladrón de almas”.

Un ladrón muy peculiar.

No robaba riquezas.

No robaba bienes materiales.

Robaba almas al sufrimiento mediante sus oraciones, pidiendo para ellas la misericordia de Dios.

Su caridad no conocía fronteras

Juan no preguntaba quién era la persona antes de ayudarla.

Su caridad alcanzaba a personas de distintas condiciones sociales.

Atendía a los pobres, a los enfermos y a quienes acudían al convento buscando alimento o consuelo.

También aconsejaba a personas de mayores recursos.

Su objetivo no era solamente entregar comida.

Quería llevar esperanza.

Quería que las personas descubrieran que no estaban abandonadas.

Y cuando alguien acudía a él con una necesidad espiritual, también encontraba a un hombre dispuesto a escuchar.

Los dominicos recuerdan que incluso utilizaba un pequeño b***o para ayudar en la distribución de limosnas y alimentos entre personas necesitadas.

De esta manera, aquel humilde portero terminó convirtiéndose en una de las figuras espirituales más queridas de la Lima de su tiempo.

Un santo que vivía en silencio

Una de las cosas más impresionantes de Juan Macías es que no realizó grandes obras desde posiciones de poder.

No fue obispo.

No fue un poderoso predicador.

No perteneció a una familia rica.

No tuvo grandes títulos.

Fue un hermano dominico humilde.

Y precisamente allí encontró su camino de santidad.

Su vida demuestra que una persona puede transformar el mundo desde un lugar aparentemente pequeño.

Una puerta.

Un convento.

Un Rosario.

Un plato de comida.

Una palabra de consuelo.

Una oración.

Para Juan Macías, todas esas cosas podían convertirse en actos de amor.

Sus últimos años

Después de décadas de servicio, oración y caridad, la salud de Juan comenzó a deteriorarse.

Había vivido intensamente.

Había trabajado.

Había ayunado.

Había realizado penitencias.

Había atendido a innumerables personas.

Y había pasado incontables horas en oración.

Finalmente, en 1645, llegó el final de su vida terrena.

San Juan Macías murió en Lima en el mes de septiembre de aquel año, cuando tenía alrededor de sesenta años. Los registros dominicanos señalan el 16 de septiembre de 1645.

Su muerte provocó una profunda impresión en la ciudad.

Aquel humilde fraile que había dedicado su vida a los pobres era ahora reconocido por una multitud de personas que habían conocido su caridad.

Después de su muerte

La devoción hacia Juan Macías continuó creciendo después de su muerte.

Los testimonios sobre su vida, sus virtudes y los hechos extraordinarios atribuidos a su intercesión fueron recopilados durante el proceso que condujo a su reconocimiento por parte de la Iglesia.

Finalmente fue beatificado el 22 de octubre de 1837 por el papa Gregorio XVI.

Y muchos años después llegó el momento culminante.

El 28 de septiembre de 1975, el papa Pablo VI lo canonizó solemnemente, incorporándolo al catálogo de los santos de la Iglesia.

Durante aquella ceremonia, Pablo VI presentó a Juan Macías como un ejemplo extraordinario de pobreza evangélica, humildad y servicio a los necesitados.

El legado de San Juan Macías

La historia de San Juan Macías no se reduce al sobrenombre de “ladrón del Purgatorio”.

Su vida tiene un mensaje mucho más profundo.

Nos enseña que la oración por los difuntos es una obra de misericordia.

Nos recuerda que nunca debemos despreciar a una persona por su pobreza.

Nos muestra que la verdadera grandeza puede esconderse detrás de un trabajo humilde.

Y nos recuerda que ayudar a quien tiene hambre también puede ser una forma de acercarnos a Cristo.

Juan Macías no quiso tener grandes riquezas.

No quiso fama.

No quiso poder.

Quiso servir.

Quiso rezar.

Quiso ayudar.

Y quiso entregar su vida por aquellos que sufrían.

Por eso, siglos después de su muerte, su nombre continúa unido a una de las devociones más conmovedoras de la tradición católica:

la oración por las almas del Purgatorio.

Y así nació la imagen de aquel humilde fraile que, con su Rosario entre las manos, parecía entrar espiritualmente en el Purgatorio una y otra vez para suplicar misericordia.

Por eso sus devotos lo recuerdan con aquel sobrenombre tan singular:

San Juan Macías, el “ladrón de las almas del Purgatorio”.

Un hombre que nunca robó oro.

Nunca robó riquezas.

Nunca buscó posesiones.

Su único “botín” eran las almas por las que rezaba.

Y su única riqueza fue la caridad.

Su vida quedó como testimonio de que una oración hecha con fe, un sacrificio ofrecido con amor y una ayuda entregada al necesitado pueden convertirse en una verdadera obra de misericordia.

San Juan Macías murió en 1645, pero su mensaje permanece:

orar por quienes ya partieron, ayudar a quienes todavía sufren y vivir cada día con la mirada puesta en Dios.

Y ahora te pregunto a ti:

¿Conocías la historia de San Juan Macías y sabías por qué la tradición lo llama “el ladrón de las almas del Purgatorio”?

El papa León XIV nos recordó algo que todo coro debería tener presente: la música no es un adorno dentro de la Misa, sin...
24/08/2026

El papa León XIV nos recordó algo que todo coro debería tener presente: la música no es un adorno dentro de la Misa, sino parte de la acción litúrgica. 🙏🎶

Por eso, cantar y tocar no consiste solamente en afinar, ejecutar bien los acordes o preparar voces bonitas. También significa rezar, servir y ayudar a que toda la asamblea participe del misterio que celebramos.

Nuestro coro puede sonar excelente, pero si la comunidad no logra rezar con nosotros, debemos preguntarnos qué necesitamos cambiar.

Porque el mejor coro no es el que más sobresale, sino el que consigue que muchas voces se conviertan en una sola alabanza a Dios.

¿Qué necesita mejorar tu coro para servir mejor en la liturgia? Te leo en los comentarios. 👇

Evangelio de Hoy Lunes 24 de Agosto.¿Has compartido tu fe y tu amistad con Jesús?Si es así, ¡qué bien!, sigue compartien...
24/08/2026

Evangelio de Hoy Lunes 24 de Agosto.
¿Has compartido tu fe y tu amistad con Jesús?
Si es así, ¡qué bien!, sigue compartiendo a Jesús y continúa transformando y salvando vidas a través de Él. Quizás ahora no veas recompensas terrenales por lo que haces por Jesús, pero sin duda recibirás de Él una recompensa que superará tu comprensión algún día.
Una y otra vez hemos escuchado testimonios personales sobre cómo Jesús transformó sus vidas descarriadas. De una vida sin sentido a una vida con propósito y significado, todo gracias a Jesús. De una vida de adicción a una vida libre de cualquier tipo de adicción, y así sucesivamente.
Nuestra fe e intimidad con Jesús se vuelven más vivas, significativas y productivas cuando las compartimos. Por ejemplo, nos convertimos en un faro de luz para Jesús al compartir nuestra relación personal con Él. Al hacerlo, salvamos vidas descarriadas, creando así un nuevo sentido y propósito en la vida de una persona.

PRIMERA LECTURA. Del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan 21, 9b-14.

Uno de los ángeles me habló y me dijo:
«Ven,
que te voy a enseñar a la novia,
a la esposa del Cordero».
Entonces me transportó en espíritu
a una montaña elevada y me mostró a Jerusalén,
la ciudad santa,
que descendía del cielo,
resplandeciente con la gloria de Dios.
Su fulgor era semejante al de una piedra preciosa,
como el de un diamante cristalino.
Tenía una muralla ancha y elevada,
con doce puertas monumentales,
y sobre ellas,
doce ángeles y doce nombres escritos,
los nombres de las doce tribus de Israel.
Tres de estas puertas daban al oriente,
tres al norte,
tres al sur
y tres al poniente.
La muralla descansaba sobre doce cimientos,
en los que estaban escritos
los doce nombres de los apóstoles del Cordero.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL del salmo l44.
R. Señor, que todos tus fieles te bendigan.

Que te alaben, Señor, todas tus obras
y que todos tus fieles te bendigan
que proclamen la gloria de tu reino
y den a conocer tus maravillas. R.

Que muestren a los hombres tus proezas,
el esplendor y la gloria de tu reino.
Tu reino, Señor, es para siempre
y tu imperio, por todas las generaciones. R.

Siempre es justo el Señor en sus designios
y están llenas de amor todas sus obras.
No está lejos de aquellos que lo buscan;
muy cerca está el Señor, de quien lo invoca. R.

EVANGELIO.
Del santo Evangelio según san Juan 1, 45-51.

En aquel tiempo,
Felipe se encontró con Natanael
y le dijo:
«Hemos encontrado a aquel de quien
escribió Moisés en la ley y también los profetas.

Es Jesús de Nazaret,
el hijo de José».

Natanael replicó:
«¿Acaso puede salir de Nazaret algo bueno?»
Felipe le contestó:
«Ven y lo verás».

Cuando Jesús vio que Natanael se acercaba,
dijo:
«Este es un verdadero israelita
en el que no hay doblez».

Natanael le preguntó:
«¿De dónde me conoces?»
Jesús le respondió:
«Antes de que Felipe te llamara,
te vi cuando estabas debajo de la higuera».

Respondió Natanael:
«Maestro,
tú eres el Hijo de Dios,
tú eres el rey de Israel».

Jesús le contestó:
«Tú crees,
porque te he dicho que te vi debajo de la higuera.

Mayores cosas has de ver».

Después añadió:
«Yo les aseguro que verán el cielo abierto
y a los ángeles de Dios subir y bajar
sobre el Hijo del hombre».

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

REFLEXIÓN.
Celebramos hoy la fiesta de San Bartolomé Apóstol y mártir. Con motivo de esta celebración la liturgia interrumpe la continuidad del Evangelio de San Mateo y nos presenta el de San Juan donde vemos el llamado de Natanael, también conocido como Bartolomé.

Felipe le lleva la noticia a Natanael. Y en Natanael observamos dos posturas distintas. A Felipe no le creé, e incluso nos refiere a la fama que tenía Nazaret. ¿Acaso puede salir algo bueno de ahí?

Pero no se quedó con su imagen. Le concede a Felipe el derecho a la duda y lo acompaña. Es así como, con una simple visión de Jesús, Natanael cree en Jesús. Y el testimonio de cómo es el encuentro de Natanael con Jesús nos debe a nosotros motivar a creerle a quien nos traiga noticias de Jesús.

"Éste es un verdadero israelita en el que no hay doblez". Al expresarse Jesús de esta manera se está refiriendo a la autenticidad de Natanael. Una persona en la que no existe la hipocresía. No existe falsedad en su vivir. Quizá en sus ideas o conceptos podrá estar equivocado, pero no esconde sus pensamientos. La verdad lo hace libre. Esa transparencia fue la que le permitió expresar: “¿Acaso puede salir de Nazaret algo bueno?”

Por otra parte vemos la imagen de Felipe. Todos los que hemos tenido una experiencia de Jesús queremos compartirla. Queremos que todos tengan la experiencia del amor del Señor. Y cierto es que muchas veces no nos creen. El problema es que no conceden el derecho a la duda como Natanael lo concedió.

A pesar de la duda, Natanael fue dócil y siguió las inspiraciones del Espíritu Santo. Dejémonos también nosotros ser dóciles al Espíritu Santo y cuando nos inviten a vivir una experiencia con Jesús no la desaprovechemos y grandes cosas habremos de ver. Recordemos esa experiencia puede ser la invitación a la Boda del Cordero y al banquete celestial, así como lo vimos hace unos días.

Pero, conociendo un poco más de San Bartolomé, vemos que fue uno de los doce apóstoles que Jesús llamó. Después de la Ascensión del Señor predicó el Evangelio, dónde según la tradición viajó a la India y Armenia, donde finalmente murió martirizado.

Bartolomé es mencionado en los tres Evangelios sinópticos (Mateo 10:3; Marcos 3:18; Lucas 6:14), siempre en compañía de Felipe, y en los Hechos de los Apóstoles (1:13) donde se hace presente en Pentecostés. En el Evangelio de San Juan, que es el que hoy nos presenta la Liturgia, aparece con el nombre de Bartolomé, dónde la Tradición de la Iglesia lo identifica como Natanael (que significa "regalo de Dios"), y también aparece siempre junto a Felipe.

Bartolomé nació en Caná de Galilea y fue llamado por Jesús a través de Felipe para ser su apóstol (Juan 1, 45-51). También fue uno de los discípulos a los que Jesús se apareció en el mar de Galilea después de su resurrección (Juan 21:2).

Según una tradición recogida por el llamado “padre de la historia de la Iglesia”, Eusebio de Cesarea, Bartolomé marchó a predicar el evangelio a la India, donde dejó una copia del Evangelio de Mateo en arameo.

Por otro lado la tradición armenia lo considera, junto a San Judas Tadeo, como santo patrono de la Iglesia Apostólica en Armenia por ser cofundador del cristianismo en ese país.

Se cree que su martirio ocurrió en Abanópolis (Armenia) en la costa occidental del Mar Caspio, después de haber predicado también en Mesopotamia, Persia y Egipto. Allí le arrancaron la piel cuando estaba aún con vida y fue decapitado por el Rey Astyages en Derbend.

Bartolomé es representado en el arte desollado y sosteniendo su piel con sus propias manos; sin embargo es más común verlo representado con barba, un libro y un cuchillo. Sus reliquias se cree que están conservadas en la iglesia de San Bartolomé en la Isla Tiberina, en Roma.

San Bartolomé tiene múltiples “patronazgos”: es patrono de los carniceros, fabricantes de libros, guantes, pieles, zapateros, sastres, mercaderes de queso, viñadores, albañiles y otros. También se le invoca contra desórdenes nerviosos.

Que San Bartolomé apóstol interceda por nosotros y por nuestras familias.

*Evangelio y lecturas*21º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIODOMINGO · CICLO A *Primera lectura*Is 22, 19-23 • Colgaré de su ho...
23/08/2026

*Evangelio y lecturas*

21º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

DOMINGO · CICLO A

*Primera lectura*
Is 22, 19-23 • Colgaré de su hombro la llave del palacio de David.
Así dice el Señor a Sobná, mayordomo de palacio:

«Te echaré de tu puesto,
te destituiré de tu cargo.
Aquel día, llamaré a mi siervo,
a Eliacín, hijo de Elcías:
le vestiré tu túnica,
le ceñiré tu banda,
le daré tus poderes;
será padre para los habitantes de Jerusalén,
para el pueblo de Judá.

Colgaré de su hombro la llave del palacio de David:
lo que él abra nadie lo cerrará,
lo que él cierre nadie lo abrirá.
Lo hincaré como un clavo en sitio firme,
dará un trono glorioso a la casa paterna».
*Palabra de Dios*

*Salmo responsorial*
Sal 137, 1-3.6.8
℟. Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos.
Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario,
daré gracias a tu nombre.

Por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera a tu fama;
cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma.

El Señor es sublime, se fija en el humilde,
y de lejos conoce al soberbio.
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos.
Segunda lectura
Rm 11, 33-36 • Él es orígen, guía y meta del universo.
¡Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento, el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos!
¿Quién conoció la mente del Señor? ¿Quién fue su consejero9 ¿Quién le ha dado primero, para que él le devuelva?
Él es el origen, guía y meta del universo. A él la gloria por los siglos. Amén.
*Palabra de Dios*

Aclamación
• Aleluya, aleluya, aleluya.
Tú eres Pedro,
y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia,
y el poder del in****no no la derrotará.
Evangelio
Mt 16, 13-20 • Tú eres Pedro y te daré las llaves del reino de los cielos.
En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:

«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»

Ellos contestaron:

«Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».

El les preguntó:

«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»

Simón Pedro tomó la palabra y dijo:

«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

Jesús le respondió:

«¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha re­velado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo.

Ahora te digo yo:

Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del in****no no la derrotará.

Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desa­tado en el cielo. »

Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.
*Palabra del Señor*

El pan y el vino ya están sobre el altar. El sacerdote ha terminado de prepararlos, se vuelve hacia el pueblo, abre las ...
23/08/2026

El pan y el vino ya están sobre el altar. El sacerdote ha terminado de prepararlos, se vuelve hacia el pueblo, abre las manos y dice: “Oren, hermanos, para que este sacrificio, mío y de ustedes, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso”.

La frase es tan conocida que podemos responder de memoria sin detenernos a pensar. Sin embargo, ese breve diálogo revela algo decisivo: en la Misa no estamos mirando el sacrificio desde lejos. Toda la asamblea es llamada a unirse a la ofrenda que Cristo hace al Padre.

La respuesta corta es esta: el sacerdote dice “Oren, hermanos” para invitar al pueblo a entrar conscientemente en la oración sobre las ofrendas y disponerse a la Plegaria Eucarística. No es una cortesía ni un aviso técnico. Es una invitación litúrgica a ofrecerse con Cristo.

La Instrucción General del Misal Romano explica que, una vez depositadas las ofrendas y concluidos los ritos que las acompañan, la invitación a orar junto con el sacerdote y la oración sobre las ofrendas cierran la preparación de los dones. Inmediatamente después comienza la Plegaria Eucarística, corazón de la celebración.

Por eso el momento funciona como un umbral. Hasta entonces se han llevado al altar el pan y el vino, junto con otros dones para las necesidades de la Iglesia y de los pobres. Ahora esos dones visibles expresan algo mayor: la Iglesia entera se dispone a ofrecer el sacrificio de Cristo y a unir a él su propia vida.

Aquí conviene distinguir dos formas de participación que no son idénticas. El sacerdote, por el sacramento del Orden, preside la Eucaristía y actúa en la persona de Cristo Cabeza. Los fieles, por su sacerdocio bautismal, participan ofreciendo espiritualmente su vida y uniéndose al sacrificio de Cristo. No todos hacen lo mismo ni del mismo modo, pero todos están llamados a participar verdaderamente.

Eso se escucha incluso en las palabras: “este sacrificio, mío y de ustedes”. La fórmula no borra la diferencia entre el ministerio del sacerdote y la participación del pueblo. Más bien muestra su relación. El sacerdote ofrece sacramentalmente en nombre de Cristo y de la Iglesia; el pueblo se une, responde y presenta su propia ofrenda espiritual.

La respuesta de la asamblea lo confirma: “El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia”.

Cada parte tiene peso.

“De tus manos” reconoce el servicio ministerial del sacerdote. “Este sacrificio” recuerda que la Misa no es solo una reunión, una enseñanza o una comida fraterna, aunque contenga también anuncio, comunión y banquete. Es la actualización sacramental del único sacrificio de Cristo. “Para nuestro bien” manifiesta que su gracia alcanza a la asamblea. “Y el de toda su santa Iglesia” abre la oración más allá de las paredes del templo.

No estamos ofreciendo algo privado. La Eucaristía es siempre acción de Cristo y de la Iglesia.

¿Qué puede ofrecer un fiel en ese instante? No añade nada al sacrificio perfecto de Jesús, pero puede unir a él todo lo que trae: su trabajo, su familia, una enfermedad, una decisión difícil, la gratitud por un bien recibido, la lucha contra un pecado, el cansancio de la semana o el deseo de servir mejor.

El pan y el vino no son una representación teatral de esas realidades. Serán convertidos en el Cuerpo y la Sangre del Señor. Pero precisamente porque Cristo toma la ofrenda de la Iglesia y se entrega al Padre, los fieles pueden colocar espiritualmente su vida junto a los dones y pedir que también ella sea transformada.

Por eso la postura exterior importa. El Misal indica que el pueblo se pone de pie para responder. Ponerse de pie no es simplemente levantarse porque “toca”. Es asumir una postura de participación, atención y disponibilidad ante la oración que comienza.

En la práctica, este es uno de los momentos más fáciles de perder. Puede encontrarnos acomodándonos, buscando algo, mirando quién llevó las ofrendas o pensando en lo que viene después. Pero la liturgia nos devuelve al centro con una invitación directa: oren.

La próxima vez que escuches “Oren, hermanos”, no respondas como quien completa una frase automática. Recuerda qué estás afirmando: que deseas que el Padre reciba el sacrificio de Cristo, ofrecido sacramentalmente por el sacerdote, y que tu propia vida quede unida a esa entrega para bien de toda la Iglesia.

Entonces esas palabras dejarán de ser un puente que pasamos deprisa. Se convertirán en una puerta: la puerta por la que todo lo que somos entra, con Cristo, en la gran acción de gracias de la Eucaristía.

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