27/03/2023
DIOS NOS HABLA HOY
Daniel 13,1-9.15-17.19-30.33-62; Salmo 22
Juan 8, 12-20
En aquel tiempo dijo Jesús a los judíos:
«Yo soy la luz del mundo. El que me siga no caminará a oscuras, sino que tendrá la luz de la vida».
Al oír esto, los fariseos le dijeron:
«Estás dando testimonio de ti mismo; por tanto, tu testimonio no tiene valor».
Jesús les contestó:
«Aunque doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es válido, porque sé de dónde vengo y a dónde voy. Ustedes, en cambio, no saben ni de dónde vengo ni a dónde voy. Ustedes juzgan con criterios mundanos. Yo no juzgo a nadie, pero si lo hiciera, mi juicio es válido, porque no soy yo sólo el juez, sino que también está conmigo el Padre, que me envió. En su ley está escrito que el testimonio dado por dos testigos es válido. Pues bien: un testigo a mi favor soy yo mismo; pero también da testimonio a mi favor el Padre, que me envió».
Ellos le preguntaron:
«¿Dónde está tu Padre?»
Jesús les contestó:
«Ni me conocen a mí ni conocen a mi Padre; si me conocieran a mí, conocerían también a mi Padre».
Jesús dijo esto cuando estaba enseñando en el templo, junto a las alcancías de las ofrendas. Sin embargo, nadie se atrevió a detenerlo, porque aún no había llegado su hora. Palabra del Señor.
REFLEXION
1. BEATO PEREGRINO DE FALERONE
Su fama de santidad se extendió incluso entre los no creyentes. No se sabe la fecha de su nacimiento, pero se conoce que procedía de una familia noble y rica de Falerone (Italia).
Estudió filosofía y derecho canónico en Bolonia (Italia); estando allí conoció a san Francisco y quedó impresionado por su testimonio y su prédica. Decidido a abandonarlo todo para abrazar la vida religiosa, se presentó ante el pobrecillo de Asís y éste le dijo: «Servirás a Dios en la humilde condición de un hermano religioso y te esforzarás sobre todo en la práctica de la humildad». Aceptó como mandato la profecía de san Francisco y quiso permanecer durante toda su vida en la modesta condición de hermano religioso; se encargó de los servicios más humildes y muchas veces pasaba desapercibido en los conventos más pobres y apartados.
El beato Bernardo de Quintavalle lo consideró, entre los primeros discípulos de san Francisco, uno de los religiosos más ejemplares. Fray Peregrino, movido por el fervor sagrado, decidió ir a Tierra Santa, para buscar el martirio a manos de los infieles; sin embargo, encontró respeto y tolerancia. De vuelta en Italia, Peregrino de Falerone reanudó su vida humilde y discreta, pero por mucho que se ocultó, la fama de su santidad se extendió por todas partes.
En los últimos años de su vida, aún joven, se detuvo en el convento de San Severino Marcas, donde murió en el año 1233. El Papa Pío VII aprobó su culto en 1821.
2. DECIDE A VIVIR EN SANTIDAD
Esta historia de Susana, nos deja ver lo que significa el haber tomado la decisión de no pecar llegando, incluso, a preferir la muerte que serle infiel al Señor.
Al ir llegando al final de nuestra cuaresma, qué bueno sería que cada uno de nosotros haya progresado lo suficiente en su proceso de conversión que lo lleve a tomar la decisión de no pecar más. Si bien es cierto que esto no depende exclusivamente de nuestras fuerzas, pues siempre el pecado será más fuerte que nosotros, pero con la gracia de Dios: sí es posible. Una de las razones por las que no se avanza en el camino de la gracia es el hecho de no haber tomado la resolución concreta y decirle a Dios: "Con tu gracia no volveré a pecar nunca mas".
Esta decisión es la más importante de nuestra vida, pues es la que nos separa de la felicidad del Reino. Ciertamente que el decir "no pecaré más", implica el dejar muchas o algunas cosas que nos atraen e incluso nos fascinan; pero si en verdad queremos ser santos y vivir la plenitud del amor de Dios, no queda otro camino. ¡Decídete!
3. DIOS HACE JUSTICIA
Hermanos, exceptuando los relatos de la Pasión, que leemos en Semana Santa, la historia de Susana es el texto más largo de la Liturgia de la Palabra. ¿Por qué la Iglesia nos propone esta singular leyenda popular incluida en el libro de Daniel? Es una manera de acentuar el mensaje contenido en el nombre del profeta.
Daniel significa, «Dios hace justicia». Y hoy, en un mundo injusto, estamos necesitados de esta «justicia divina». ¿Cuántas veces hemos deseado que Dios desenmascare las mentiras que cubren en ocasiones a las personas socialmente honorables? ¿Cuántas veces hemos sentido verdadera indignación ante las injusticias que quedan impunes porque nadie se atreve a denunciarlas? La leyenda de Susana es como un símbolo de muchas historias actuales de explotación económica, de abuso sexual, de acoso psicológico, de negación de la libertad de expresión. ¿Cómo actúa Dios?
En el Salmo encontramos un atisbo de respuesta: «Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque Tú vas conmigo». La justicia de Dios es luz en la oscuridad de nuestros caminos. No es un ajuste de cuentas, sino una linterna que nos ayuda a ver. Pone la verdad al descubierto, para que todos, los que producen las injusticias y los que las padecen, podamos ver con claridad y, de esta manera, emprendamos el camino que conduce a la vida. Porque, al final, se trata de esto: de que todos encuentren el camino de la vida, no simplemente de sufrir una pena por el mal cometido.
4. ESTAMOS SATURADOS DE INFORMACION
En un mundo en el que, lo que sobra es información, a veces tenemos muchas dificultades para poder formar nuestra opinión y, con ello, nuestros criterios. Muchos de los valores se ven hoy refutados y llevados a controversia por muchas corrientes de pensamiento, y para no pocos hermanos, esto ha sido causa de una terrible desilusión en su fe.
No aceptan ya como válidos pensamientos sobre la castidad, sobre el honor, la pureza, la verdad, etc. Todo hoy se hace relativo y parcial. Por ello, si queremos mantenernos en el camino de la salvación, único que nos puede llevar a la felicidad, debemos reconocer que sólo Jesús es la Luz de este mundo. Sólo sus criterios y su palabra son la fuente de la verdad, es lo único estable.
Su Palabra es eterna como El y no admite ni desilusión ni alteración. Si Dios nos dice algo, El sabe por qué lo dice, sin importar si yo lo puedo o no entender. Ahora bien, esta Palabra debe estar correctamente discernida, pues de lo contrario caeríamos en usar la Palabra de Dios para justificarnos (como por ejemplo justificar el homosexualismo con la expresión "El mandamiento de Dios es que nos amemos").
La Iglesia, mantiene una línea de pensamiento que nos muestra en qué sentido Jesús dijo cada una de sus palabras. No dejemos que esta densa oscuridad del mundo llegue a apagar la luz de Jesús en nuestros corazones; ¡mantengámosla viva y fulgurante! Gloria al Padre…