06/10/2011
NOVENA A SANTA TERESA DE JESUS
INVICACIÓN INICIAL
“Venid, adoremos al Señor, fuente de la Sabiduría, en unión a Nuestra Santa Madre Teresa de Jesús”
HIMNO
Vuestra soy para vos nací: ¿Qué mandáis a hacer de mí?
Veis aquí mi corazón, yo lo pongo en vuestra palma: mi cuerpo, mi vida y alma, mis entrañas y afición. Dulce Esposo y redención, pues por vuestra me ofrecí, ¿Qué mandáis hacer de mí?
Dadme muerte, dadme vida: dad salud o enfermedad, honra o deshonra me dad; dadme guerra o paz crecida, flaqueza o fuera cumplida, que a todo digo que sí. ¿Qué mandáis hacer de mí?
Dadme riqueza o pobreza, dad consuelo o desconsuelo, dadme alegría o tristeza, dadme in****no dadme cielo; Vida dulce, sol sin velo: pues de todo me rendí, ¿qué mandáis hacer de mí?
Si queréis darme oración, si no, dadme sequedad, si abundancia y devoción, y si no esterilidad. Soberana Majestad, sólo hallo paz aquí: ¿qué mandáis hacer de mí?
Si queréis que esté holgando, quiero por amor holgar, si me mandáis trabajar, morir quiero trabajando; decid donde, cómo y cuándo, decid, dulce Amor, decid. ¿qué mandáis hacer de mí? Poesía de la Santa
DIA PRIMERO
EL HOMBRE Y LA INTERIORIDAD
Palabras de la SANTA en su libro LAS MORADAS
“Es nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal, adonde hay muchos aposentos, así como en el cielo hay muchas moradas. Que… si bien lo consideramos, no es otra cosa el alma del justo sino un paraíso adonde dice El tiene sus deleites. Pues ¿qué tal os parece que será al aposento adonde un Rey tan poderoso, tan sabio, tan limpio, tan lleno de todos los bienes se deleita? No hallo yo cosa con qué comparar la gran hermosura de un alma y la gran capacidad. . Y verdaderamente apenas deben llegar nuestros entendimientos, por agudos que fuesen, a comprenderla, así como no pueden llegar a comprender a Dios, pues El mismo dice que nos crió a su imagen y semejanza.” ( I Moradas 1,1)
Momentos de silencio
ORACIÓN
Señor Dios Nuestro, que por medio de tu Espíritu Santo has suscitado a Santa Teresa de Jesús, para enseñar a tu Iglesia el camino de la perfección; concédenos alimentarnos siempre con su celestial doctrina, para que crezca en nosotros el deseo de la verdadera santidad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén