24/12/2025
La encarnación de Jesucristo es la expresión más profunda del amor de Dios por la humanidad. Dios no se quedó distante frente al pecado y la ruptura del ser humano, sino que decidió acercarse, hacerse carne y habitar entre nosotros. En el nacimiento de Jesús, Dios mismo entró en nuestra historia para iniciar el camino de la reconciliación, mostrando que su deseo siempre ha sido restaurar la relación con sus hijos y no condenarlos.
El nacimiento de Cristo nos recuerda que la reconciliación tiene un costo y un propósito eterno. Aquel que no conoció pecado se hizo pecado por nosotros, para que en Él fuéramos hechos justicia de Dios. Celebrar la encarnación es reconocer que, desde el pesebre hasta la cruz, Jesús vino como el gran reconciliador, y que hoy somos llamados a vivir y anunciar esta buena noticia, siendo embajadores de su gracia y de su paz en el mundo.
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