08/02/2018
Devocional
De gran bendición
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Podemos hacer nuestros planes, pero el Señor determina nuestros pasos.
Proverbios 16:9 NTV
Dios Habla A Través De Dones y Habilidades
La gente a menudo se pregunta ¿qué se supone que tengo que hacer con mi vida? ¿Cuál es mi propósito por estar vivo? ¿Tiene Dios un plan para mí? Una manera en la que Dios responde a estas preguntas es a través de dones y habilidades naturales. Él nos lleva a comprender nuestro propósito a través de habilidades y talento que Él nos da.
Un talento dado por Dios o, lo que a menudo llamamos «un don», es algo que podemos hacer con facilidad, algo que viene naturalmente. Por ejemplo, muchos grandes artistas saben exactamente cómo juntar formas y colores, por lo que disfrutan de la pintura, la escultura o el diseño de edificios. Muchos compositores oyen música en sus cabezas, y simplemente apuntan esas melodías y/o letras para hacer música hermosa. Algunas personas tienen habilidades naturales de organizar o administrar, mientras que otros son dotados como consejeros, ayudando a la gente a poner en orden sus vidas y relaciones. No importa cuáles son nuestros talentos, obtenemos gran placer de hacer lo que somos naturalmente buenos haciendo.
Si no estás seguro de tu propósito en la vida, tan solo haz lo que se te de bien y luego observa a Dios confirmar tus elecciones bendiciendo tus esfuerzos. No pases tu vida intentando hacer lo que no estás dotado para hacer. Cuando la gente trabaja en empleos donde no están dotados, son miserables, y así lo es todo el mundo a su alrededor. Pero cuando las personas están en sus lugares apropiados, ellos sobresalen en sus trabajos y son una bendición para sus empleados y compañeros.
Si hacemos lo que se dos da bien, sentiremos la unción de Dios (presencia y poder) en nuestros esfuerzos. Sabremos que estamos moviéndonos en nuestros dones y por hacer tal, honramos a Dios y ministrando vida a otros. Dios no habla a través de su unción, dándonos paz y gozo para saber que estamos cumpliendo su plan para nuestras vidas.
Texto tomado de : Del libro Oyendo de Dios Cada Mañana por Joyce Meyer.