Parroquia San Nicolás de Chameza

Parroquia San Nicolás de Chameza Somos la Parroquia San Nicolás de Tolentino, en el municipio de Chámeza, Diocesis de Yopal Casanare

25/08/2026

Escucha la de hoy Martes 25 de Agosto

25/08/2026

Martes 25 de Agosto

Mateo 23, 23-26

En aquel tiempo, Jesús dijo a los escribas y fariseos: "¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque pagan el diezmo de la menta, del anís y del comino, pero descuidan lo más importante de la ley, que son la justicia, la misericordia y la fidelidad! Esto es lo que tenían que practicar, sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que cuelan el mosquito, pero se tragan el camello!

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que limpian por fuera los vasos y los platos, mientras que por dentro siguen sucios con su rapacidad y codicia! ¡Fariseo ciego!, limpia primero por dentro el vaso y así quedará también limpio por fuera".

Reflexión

Los fariseos eran parte de un grupo religioso y político en los tiempos de Jesús, eran muy radicales en cuanto al cumplimiento de la ley y las tradiciones; trataban con desprecio a la gente del pueblo, porque consideraban que no eran como ellos. Ellos se consideraban superiores.

El conflicto que se da con Jesús es porque les señala que son muy exigentes de la ley, pero descuidan lo más importante que es la justicia, la misericordia y la fidelidad, y por eso los llama hipócritas.

A veces nosotros somos como los fariseos: juzgamos y señalamos los errores de los otros, sin ver las razones que cada quien pudiera tener para actuar de determinada manera. Incluso, juzgamos en el otro, lo que nosotros mismos hacemos sin darnos cuenta.

En ocasiones, nos sentimos que somos mejores porque hablamos de Dios, porque vamos a la iglesia, porque tenemos una posición de servicio, o porque somos amigos del padre. Nada de eso nos hace diferentes, ni mejores. Si no somos capaces de practicar la justicia, la misericordia y ser fieles a nuestra fe.

De nada sirven las apariencias, sino lo que hay en nuestro interior, porque eso es lo que ve Dios; por más que pertenezcamos a grupos o vayamos diario a misa, podemos tener muy pintada la fachada de la casa, pero hay que ver cómo tenemos la casa por dentro.

Lo que verdaderamente nos transforma, es una fe auténtica y activa que nos haga cambiar desde adentro. Revisa tu corazón, deja entrar a Jesús para que te muestre lo que hay que limpiar: nuestro orgullo, nuestro egoísmo, nuestra falta de perdón. Revisa cómo tratas a los demás, si eres compasivo, escuchas y entiendes antes de juzgar, si eres justo en tus negocios y actúas con rectitud en todo lo que haces.

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.
Como María, todo por Jesús y para Jesús

24/08/2026

Escucha la de hoy Lunes 24 de Agosto

24/08/2026

Lunes 24 de Agosto

Juan 1, 45-51

En aquel tiempo, Felipe se encontró con Natanael y le dijo: "Hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés en la ley y también los profetas. Es Jesús de Nazaret, el hijo de José". Natanael replicó: "¿Acaso puede salir de Nazaret algo bueno?" Felipe le contestó: "Ven y lo verás".

Cuando Jesús vio que Natanael se acercaba, dijo: "Este es un verdadero israelita en el que no hay doblez". Natanael le preguntó: "¿De dónde me conoces?" Jesús le respondió: "Antes de que Felipe te llamara, te vi cuando estabas debajo de la higuera". Respondió Natanael: "Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel". Jesús le contestó: "Tú crees, porque te he dicho que te vi debajo de la higuera. Mayores cosas has de ver". Después añadió: "Yo les aseguro que verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre".

Reflexión

San Felipe, uno de los doce apóstoles, era de Betsaida, el mismo pueblo de Andrés y Pedro, no se sabe exactamente qué tipo de encuentro previo había tenido con Jesús, si le habían hablado de Él, si había presenciado alguno de sus sermones o milagros, lo que sabemos, es que tuvo un encuentro directo con Jesús ya que el mismo evangelio según san Juan, narra que al partir a Galilea, Jesús se topó a Felipe y le dijo “sígueme”. Así comienza su historia, ¿qué habrá visto y experimentado Felipe en ese llamado de Jesús?

Porque inmediatamente después de este llamado, aparece Felipe en este pasaje, decidido a ser discípulo de Cristo. Lo que ha visto, le ha llevado a concluir ‘éste es aquel que describieron Moisés y los profetas’ y ese encuentro lo ha convertido en alguien que no solamente cree, sino que quiere que otros más conozcan de Él, se enamoren y lo sigan para ser verdaderamente felices.

Qué diferente sería nuestro mundo si todos los que hemos tenido ese encuentro con Jesús lleváramos nuestra fe a los demás con esa seguridad “¡hemos encontrado al Mesías! ¡ven para que lo conozcas!” Y su invitación fue tan elocuente que aún cuando Natanael duda que sea cierto, pues no pensaba que algo bueno pudiera salir de Nazaret, acude a la invitación de Felipe para constatar personalmente que Felipe tenía razón.

Benedicto XVI reflexiona sobre este encuentro reconociendo que nuestro conocimiento de Jesús necesita del testimonio de los demás, pero después nosotros mismos debemos implicarnos personalmente en una relación íntima y profunda con Jesús. Si nosotros ya tuvimos ese encuentro con Jesús, estamos llamados a seguir los pasos de Felipe, anunciar a los demás que hemos encontrado al mesías. Si no lo hemos tenido, pues es momento de buscarlo. San Juan Pablo II hablaba de la necesidad de tener un encuentro personal, vivo, de ojos abiertos y corazón palpitante, con Cristo resucitado, como el objetivo de toda nuestra vida.

Natanael primero duda del anuncio de Felipe, porque juzga como muchas veces lo hacemos nosotros, por prejuicios y apariencias, pero Dios conoce el corazón del hombre y Jesús lo reconoce como un judío sin doblez, que vive su fe con un corazón recto.

Hoy es un buen día para preguntarnos ¿realmente he tenido ese encuentro de ojos abiertos y corazón palpitante como el que hizo cambiar la primera opinión de Natanael sobre Jesús para convertirse de inmediato en un fiel seguidor? Date un espacio para encontrarte cara a cara con el resucitado y pídele que te transforme como lo hizo con Felipe y Natanael.

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.
Como María, todo por Jesús y para Jesús

22/08/2026

Escucha la de hoy Sábado 22 de Agosto

22/08/2026

Sábado 22 de Agosto

Mateo 23, 1-12

En aquel tiempo, Jesús dijo a las multitudes y a sus discípulos: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. Hagan, pues, todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra. Hacen fardos muy pesados y difíciles de llevar y los echan sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con el dedo los quieren mover. Todo lo hacen para que los vea la gente. Ensanchan las filacterias y las franjas del manto; les agrada ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; les gusta que los saluden en las plazas y que la gente los llame 'maestros'.

Ustedes, en cambio, no dejen que los llamen 'maestros', porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A ningún hombre sobre la tierra lo llamen 'padre', porque el Padre de ustedes es sólo el Padre celestial. No se dejen llamar 'guías', porque el guía de ustedes es solamente Cristo. Que el mayor de entre ustedes sea su servidor, porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido».

Reflexión

Jesús está evidenciando la falta de consistencia entre lo que enseñan y lo que viven, por eso decimos que ser cristiano no es una tarea de memorizar solamente o de aprender una serie de ritos, sino que nuestra vida diaria sea un testimonio de nuestra fe, que las acciones y decisiones que llevamos a cabo, hablen de ella, hablen de que deseamos imitar al Señor.

Los fariseos en muchas ocasiones son confrontados por Jesús por llevar una vida que aparenta estar en comunión con Dios, pero que en realidad está muy alejada de la misericordia y el amor que el Señor quisiera que ejercieran. Esto no es algo exclusivo de aquellos que están a cargo de llevar las riendas de la Iglesia, también nos aplica a cada uno de nosotros, a los padres de familia, siendo congruentes con su fe al educar y corregir a sus hijos, a todos al honrar a nuestro padre y nuestra madre y también al invitarnos a ser más como el buen samaritano que dejó a un lado sus actividades para atender al necesitado y no como el sacerdote y el levita, que se supone deberían ser muestra de la misericordia de Dios y pasaron de largo sin ayudar al necesitado.

Un gran ejemplo de lo que significa ejercer la misericordia nos lo dejó San Francisco de Asís, él escribió dentro de la regla que dejó a sus hermanos que debían vivir con alegría junto a los pobres, marginados y enfermos. Él mismo daba testimonio al inicio de su conversión, que le parecía extremadamente amargo ver a los leprosos y que el Señor le había conducido a ellos.

Todos tenemos la oportunidad de ejercer la misericordia todos los días, en medio de nuestras actividades: en el trabajo, en el camino, en la casa, con la familia, con los amigos, seguramente no se comparará con lo que hizo Francisco, pero en nuestros espacios tenemos esa gran oportunidad de ser misericordiosos, particularmente con aquellos con los que más nos cuesta trabajo. Hacer eso, también tiene que ver con el mandato del Señor que nos dijo ‘si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame’.

Hoy hagamos nuestro egoísmo a un lado y observemos más a los que están a nuestro alrededor, en el nombre de Jesús, regalemos un saludo, un abrazo, nuestro tiempo a alguien que necesita que lo escuchen, el perdón a quien nos ofende. El Señor te envía para que seas samaritano en estos tiempos.

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.
Como María, todo por Jesús y para Jesús

21/08/2026

Escucha la de hoy Viernes 21 de Agosto

21/08/2026

Viernes 21 de Agosto

Mateo 22, 34-40

En aquel tiempo, habiéndose enterado los fariseos de que Jesús había dejado callados a los saduceos, se acercaron a él. Uno de ellos, que era doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley?"

Jesús le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el más grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas".

a ti mismo. En estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas".

Reflexión

Hoy, ante la pregunta de los fariseos, escuchamos de Jesús el mandamiento más grande de la ley; en pocas palabras, pero de manera muy clara, el Señor nos hace ver que la fe se practica en la vida diaria. No solamente se trata de la asistencia al templo o el cumplimiento de los ritos litúrgicos, que de por sí son importantes, sino que va más allá de eso, porque lo que más agrada a Dios es el cumplimiento de su amor en aquellos que ha puesto a nuestro alrededor; es decir, que el Señor quiere recordarnos que el amor a Dios y el amor a los demás, son las dos caras de una misma moneda.

Este mandamiento se traduce en la paciencia y el servicio silencioso de cada día. Amar al prójimo en casa significa aprender a perdonar esos pequeños conflictos diarios, dejar a un lado el celular o eso que estamos haciendo, para escuchar con atención verdaderamente a los hijos o a la pareja, o responder con amor cuando el cansancio acumulado nos tienta a reaccionar con amargura. La familia es el primer laboratorio donde ponemos a prueba nuestro amor a Dios.

El amor al prójimo transforma también por completo nuestro entorno, significa ver a cada persona con quien tratamos, al jefe o al compañero de trabajo, como a un hermano que merece respeto y dignidad porque también es un hijo de Dios. Se demuestra al cumplir con nuestras responsabilidades con honestidad.

San Agustín tiene una frase muy poderosa sobre esto: “El amor a Dios es el primero en el orden del mandato, pero el amor al prójimo es el primero en el orden de la acción”. Propongámonos hoy hacer del amor una decisión concreta en los pequeños detalles con el prójimo.

Recuerda que amar a Dios significa tratar con respeto y humildad al hermano que en ocasiones puede resultar más difícil por su carácter o por alguna diferencia. Un hombre y una mujer con un corazón que ama al prójimo en lo cotidiano es el reflejo más vivo de Dios en el mundo.

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.
Como María, todo por Jesús y para Jesús

20/08/2026

Escucha la de hoy Jueves 20 de Agosto

20/08/2026

Jueves 20 de Agosto

Mateo 22, 1-14

En aquel tiempo, volvió Jesús a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: "El Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir.

Envió de nuevo a otros criados que les dijeran: 'Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda'. Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron.

Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.

Luego les dijo a sus criados: 'La boda está preparada; pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren'. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de convidados.

Cuando el rey entró a saludar a los convidados, vio entre ellos a un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y le preguntó: 'Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?' Aquel hombre se quedó callado. Entonces el rey dijo a los criados: 'Átenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación'. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos".

Reflexión

El Rey, lleno de amor y misericordia dispone todo para la boda de su hijo, tiene el banquete preparado, y envía mensajeros de manera personal para invitar a sus elegidos a la boda, resulta que los invitados no están interesados, no importa que sea el Rey el que los está invitando. Realmente me pregunto, si un Rey nos invitara a la boda de su hijo ¿qué diríamos? ¿la pensaríamos? Si tuviéramos otro compromiso ¿haríamos algo para cambiar ese compromiso y poder asistir a esta invitación? ¡Es la boda del hijo del Rey! Yo me imagino que aunque no me cayera bien el Rey, solo por estar y no perderme de ese evento tan importante, diría que sí.

Y sin embargo, estos primeros invitados dijeron que no, pensaron que había otras cosas más importantes qué hacer que responder a este llamado del Rey, incluso describe que se fueron al campo y al trabajo, pues quién sabe qué tan importante sería que estuvieran ahí. ¿Y de los demás? Bueno, ni hablamos, ante esta invitación responder insultando y matando a los mensajeros ¿pues en qué estaban pensando?

Es muy fácil juzgar la respuesta de estos invitados, ingratos, faltos de caridad, hasta asesinos, y todo por no responder al llamado que recibieron. Lo mismo nos pasa a nosotros, el llamado ya lo conocemos, incluso hemos respondido que sí, pero a la mera hora, no vamos, o vamos, pero no estamos.

También nos podemos identificar con el invitado que es cuestionado al final por el Rey por haber entrado sin ponerse el traje de fiesta, algo que se podría ver como algo injusto, sin embargo, el Rey les proporcionaba la vestidura, así como el Señor nos proporciona la gracia para acudir al banquete y disfrutar del Reino, pero no nos lo queremos poner, yo me quisiera imaginar que incluso si hubiera suplicado misericordia, lo hubiera acogido, pero no, guardó silencio, así como nosotros batallamos para abrir nuestro corazón y que el Padre nos revista de una vida nueva.

San Juan Pablo II reflexionaba en una homilía al respecto, hablando de la responsabilidad no solo de quien rechaza la invitación sino también de quienes pretenden participar en la fiesta sin ponerse en las condiciones requeridas para ser dignos; así será para quien se profese seguidor de Cristo y miembro de la Iglesia sin procurarse el traje de boda de la gracia que genera fe, esperanza y caridad, el traje interior que Dios mismo entrega.

La invitación está hecha, el futuro depende de la decisión de cada quien. Hoy es el día para meditar qué me falta para responder con generosidad a la invitación para la boda.

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.
Como María, todo por Jesús y para Jesús

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