10/09/2026
“Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto.” — Génesis 17:1
Hay momentos en la vida en los que llegamos a un punto en el que simplemente decimos:
“Ya no puedo más.”
No porque no queramos seguir.
No porque nos falte fe.
Simplemente porque somos humanos.
Hay cosas que podemos resolver, pero hay otras que están completamente fuera de nuestras manos.
Y cuando llegamos ahí, puede aparecer una pregunta:
“¿Qué hago ahora?”
Es precisamente en esos momentos cuando necesitamos recordar quién es Dios.
El Shaddai.
Dios Todopoderoso.
Este nombre aparece por primera vez en Génesis 17:1, cuando Dios se presenta ante Abram. Habían pasado años desde que Dios le había prometido que tendría un hijo, y humanamente aquella promesa parecía cada vez más imposible.
Y es justamente ahí donde Dios se revela como El Shaddai.
La palabra Shaddai tiene un origen etimológico que no es completamente seguro. Tradicionalmente se ha entendido como “Todopoderoso”, y en la Biblia aparece asociada con la grandeza, el poder y la suficiencia de Dios. Algunos estudiosos también han relacionado el término con una raíz que comunica la idea de fuerza o suficiencia.
Más allá de la discusión sobre su origen exacto, el mensaje que encontramos en estos textos es precioso:
Dios es suficiente cuando nosotros llegamos al límite.
Abram tenía límites.
Su edad era un límite.
Las circunstancias eran un límite.
Lo que humanamente parecía posible era un límite.
Pero Dios no estaba limitado por aquello que estaba limitando a Abram.
Y quizá necesitamos recordar eso también.
Porque muchas veces vivimos intentando controlar todo.
Queremos saber qué va a pasar.
Queremos tener respuestas.
Queremos solucionar las cosas.
Queremos asegurarnos de que nada salga mal.
Y cuando algo escapa de nuestras manos, sentimos que todo se está desmoronando.
Pero hay una diferencia entre hacer nuestra parte y creer que todo depende de nosotros.
No todo depende de ti.
Y reconocerlo no es rendirse.
Es aprender a confiar.
El Shaddai nos recuerda que Dios no se vuelve pequeño porque nuestra situación sea grande.
Tu problema puede parecer enorme.
Tu incertidumbre puede ser enorme.
Tu miedo puede sentirse enorme.
Pero Dios sigue siendo Dios.
Hay cosas que hoy no puedes cambiar.
Hay respuestas que todavía no tienes.
Hay puertas que no puedes abrir.
Hay personas cuyas decisiones no puedes controlar.
Hay situaciones que simplemente no están en tus manos.
Y quizá una de las cosas más difíciles de la fe es aprender a decir:
“Yo ya hice lo que podía. Ahora necesito confiarte lo que no puedo.”
Eso también es fe.
Porque confiar en Dios no significa que nunca tengas miedo.
Significa que el miedo no tiene que convertirse en tu dueño.
No significa que tengas todas las respuestas.
Significa que puedes seguir caminando aun cuando no las tienes.
No significa que entiendas lo que está sucediendo.
Significa que no tienes que cargar tú solo con lo que no puedes resolver.
Y aquí hay algo importante:
Que Dios sea Todopoderoso no significa que todo lo que sucede en el mundo sea obra de Dios.
Hay cosas que Dios no provoca, pero de las que puede rescatarnos.
Hay cosas que no entendemos y que no necesitamos atribuirle para poder confiar en Él.
El Dios Todopoderoso no es el autor de nuestra tragedia.
Es el Dios que puede encontrarnos en medio de ella.
El que puede sostenernos.
El que puede abrir caminos.
El que puede restaurar.
El que puede hacer mucho más de lo que nosotros alcanzamos a ver.
Quizá hoy estás frente a algo que parece demasiado grande.
Y no sabes cómo va a terminar.
No tienes que saberlo todo hoy.
Quizá solamente necesitas recordar Su nombre:
El Shaddai.
Dios Todopoderoso.
El Dios que sigue siendo suficiente cuando tú ya no tienes respuestas.
El Dios que no necesita que tú controles el futuro para poder sostenerte en el presente.
Así que haz lo que puedas hacer.
Da el paso que sí puedes dar.
Toma la decisión que sí te corresponde.
Haz tu parte.
Pero no intentes ocupar el lugar de Dios cargando con lo que nunca estuvo diseñado para que tú lo cargaras.
Hay cosas que son demasiado grandes para ti, pero nunca son demasiado grandes para Él.
Y quizá hoy, en lugar de pedirle a Dios que te explique todo, puedes simplemente decir:
“El Shaddai, yo no puedo con esto solo. Pero sé que Tú eres Dios.”
A veces esa oración es suficiente para comenzar a respirar nuevamente.
Aplicación práctica
Piensa en algo que actualmente estás intentando controlar y que realmente está fuera de tus manos.
Haz dos listas: “Lo que sí puedo hacer” y “Lo que tengo que entregar a Dios.”
Haz con responsabilidad lo que te corresponde.
Y después suelta lo que no puedes controlar.
No porque no te importe.
Sino porque Dios es Dios y tú no tienes que serlo.
Pensamiento del día
No todo depende de mí.
Puedo hacer mi parte y confiarle a El Shaddai lo que está fuera de mis manos.
Oración
El Shaddai, Dios Todopoderoso, hoy reconozco que hay cosas que no puedo controlar ni resolver. Ayúdame a hacer mi parte sin cargar con lo que no me corresponde. Cuando tenga miedo, recuérdame quién eres. Enséñame a confiar en Ti aun cuando no tenga todas las respuestas. Sostén mi corazón y ayúdame a descansar en Tu poder y en Tu bondad. Amén.