30/07/2026
Lo más importante para comprender la Palabra de Dios es la obra del Espíritu Santo. Sin Su iluminación, el conocimiento por sí solo no transforma el corazón.
Sin embargo, esa obra no excluye el estudio diligente. Dios también nos llama a amarle con toda nuestra mente y a manejar correctamente la Palabra de verdad. Existen barreras de idioma, cultura, historia y contexto que debemos considerar.
Por eso, además de orar y depender del Espíritu Santo, es recomendable apoyarnos en herramientas como una Biblia interlineal, una Biblia de estudio, comentarios bíblicos, diccionarios bíblicos, literatura teológica y Biblias de contexto cultural, entre muchos otros recursos. Estos no reemplazan la autoridad de la Escritura; simplemente nos ayudan a comprender mejor el texto inspirado.
Cuando se descuida el estudio serio de la Biblia, es común que desde algunos púlpitos se enseñen fábulas, ideas sin fundamento o, peor aún, se haga eiségesis (introducir nuestras propias ideas en el texto) en lugar de exégesis (extraer el verdadero significado del texto). Esto es gravísimo.
La misma Escritura advierte que los maestros recibirán un juicio más estricto (Santiago 3:1). Por eso, enseñar la Palabra de Dios exige reverencia, humildad, diligencia y fidelidad al texto bíblico.