Iglesia Misionera y Bíblica del Señor Jesucristo

Iglesia Misionera y Bíblica del Señor Jesucristo IGLESIA MISIONERA Y BIBLICA DEL SEÑOR JESUCRISTO

25/08/2026

*Devocional 25 de agosto.*

*Golpe de timón*
Hechos 16:7–9. “Y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió. Y pasando junto a Misia, descendieron a Troas. Y se le mostró a Pablo una visión de noche: un varón macedonio estaba en pie, rogándole y diciendo: Pasa a Macedonia y ayúdanos.”

Este incidente en la vida del equipo misionero que viajaba con el apóstol nos ofrece valiosas lecciones acerca de la relación que debe existir entre los que hacen la obra y el Espíritu Santo. Nos recuerda que servimos a Dios y que nuestro deseo debe ser siempre estar caminando en las obras que «Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas» (Efesios 2.10).

No debemos olvidar que Cristo dejó instrucciones específicas a los discípulos cuando ascendió al Padre: «me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra» (Hechos 1.😎. Habiendo recibido tales directivas, pensaríamos que ahora lo único necesario era comenzar a cumplirlas. En esto, Pablo no hacía más que buscar la manera de extender el reino hasta lo último de la tierra. Teniendo posesión de las directivas generales, la implementación específica de las mismas quedaba en sus manos. Esta postura, sin embargo, hace innecesaria la obra del Espíritu Santo, el cual ha sido dado para guiar a los hijos de Dios (Romanos 8.14) y claramente contradice el estilo del libro de Hechos. Allí encontramos mucha evidencia de la manera en que obra nuestro Señor en sus proyectos, participando plenamente de ellos a cada paso del proceso. No desea que sus hijos descarten en ningún momento el saludable hábito de incluirlo en todo lo que hacen.

Es por esta razón que no podemos evitar cierta incomodidad con esos planes evangelísticos y misioneros donde dividimos la ciudad o el mundo en sectores y asignamos cada parte a diferentes grupos. No hay nada de malo con la idea; solamente que es muy racional y humana. La manera en que Dios guía parece ser enteramente diferente a estos planes elaborados con el uso de estrategias sistemáticas. Él sabe cuáles son los lugares particulares y el momento oportuno para nuestra colaboración. Si bien no pierde de vista el objetivo final, los pasos puntuales los tiene que determinar Él, usando un sinfín de elementos que desconocemos por completo.

Conocer su voluntad, entonces, pareciera requerir de una permanente comunicación con el Señor, acompañada de una sensibilidad absoluta a las maneras en que quiera corregir nuestros pasos mientras vamos por el camino que, según entendemos, nos ha marcado.

Lo que sí parece evidente es que el Señor no revela su voluntad a las personas que están sentadas esperando conocer sus deseos antes de ponerse en marcha. Tenemos suficientes directivas generales para saber en qué dirección comenzar a caminar. Es mientras caminamos que Él hará las correcciones necesarias para que lleguemos al destino indicado. Esto presupone, de nuestra parte, una disposición a ser corregidos y un deseo de abandonar nuestro plan para apropiarnos de su plan. No es una mala manera de trabajar. ¡La iglesia de Hechos consiguió convulsionar el mundo romano con esta estrategia!

*Para reflexionar:*
¿Cómo descubre la voluntad de Dios para su ministerio? ¿Qué parte tiene el Señor en la elaboración de estos planes? ¿Qué pasos toma para que el Señor los pueda modificar, si fuera necesario?

24/08/2026

*Devocional 24 de agosto.*

*Apelar al amor*
Filemón 1:8–9. “Por lo cual, aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte lo que conviene, más bien te ruego por amor, siendo como soy, Pablo ya anciano, y ahora, además, prisionero de Jesucristo.”

Esta es una de esas situaciones que, desde la perspectiva de nuestra sociedad, libre del comercio de esclavos, parece presentar la más clara y sencilla resolución. Como cristianos, creemos que la esclavitud es inaceptable en cualquiera de sus manifestaciones, sea laboral, económica o racial. Nuestra seguridad, no obstante, tiene mucho que ver con la ausencia visible de esclavitud a nuestro alrededor. En otros temas tales como el divorcio, el vivir de préstamos o el materialismo desenfrenado, nuestras convicciones tambalean, pues son temas que forman parte integral de nuestra cultura.

La esclavitud en el siglo primero también era parte de una realidad cotidiana. Las personas que poseían modestos medios económicos eran dueños de al menos un esclavo. Es importante tomar conciencia de esto, porque nos ayudará a entender lo radical del gesto del apóstol Pablo. Defender a un esclavo que había escapado de la casa de su amo, una ofensa penada con la muerte era una postura que resultaría incomprensible a la mayoría de las personas. Produciría una reacción similar hoy, si un cristiano afirmara que el divorcio es una opción aceptable para los que están en Cristo. No obstante, el apóstol, movido por una ley mucho más fuerte que la ley romana, apela a Filemón a que despliegue una actitud de gracia y perdón hacia el esclavo que había perdido.

La intención de este devocional es reflexionar sobre la forma en que el apóstol realizó esta petición a Filemón. No sabemos con certeza el momento en que Filemón conoció a Pablo, pero parece muy probable que el apóstol haya sido una pieza clave en su conversión. La inversión de Pablo en su vida debe haber sido intensa y, quizás, prolongada. El apóstol le escribe, a manera de recordatorio «por no decirte que aun tú mismo te me debes también» (Filemon 1:19). Es a este punto que Pablo se refiere en el versículo de hoy. La posición de autoridad espiritual que tenía con respecto a la vida de Filemón le daba derecho a Pablo, en Cristo, de ordenarle que hiciese tal como le estaba indicando. El apóstol no solamente creía que le pertenecía esta facultad, sino que confiaba que, de usarla, Filemón le obedecería.

Pablo optó, sin embargo, por no recorrer este camino. En lugar de esto, efectuó su petición usando como argumento solamente el amor que unía la vida de ambos hombres. Nos deja una importante lección sobre la manera en que un líder insta a los suyos a la obediencia. Las órdenes impuestas tienen que ser siempre el último recurso que usa un pastor. Tienden a producir resentimiento y a levantar resistencia porque, entre adultos, se entiende que el diálogo es siempre el camino más deseable. Pablo quería evitar que un posible resentimiento se canalizara luego hacia la vida de Onésimo. Apeló al amor, porque cuando el amor nos motiva produce una poderosa transformación en nuestras vidas. Es, siempre, el camino más excelente.

*Para reflexionar:*
Apelar al amor presupone una relación entre líder y seguidor. Ninguna apelación tendrá resultado si esta relación no existe. La prioridad del líder debe ser cultivar esta relación. Es una inversión que en el futuro dará su buen retorno.

23/08/2026

MODELO DEL REINO PARA LA FAMILIA
Cita: Colosenses 3:18-4:1.
Pastor Hernando Meneses V.

23/08/2026

*Devocional 23 de agosto.*

*Es lo mismo*
Malaquías 1:13 (LBLA). “También decís: "¡Ay, qué fastidio!" Y con indiferencia lo despreciáis--dice el SEÑOR de los ejércitos-- y traéis lo robado, o cojo, o enfermo; así traéis la ofrenda. ¿Aceptaré eso de vuestra mano? --dice el SEÑOR.”

Existen muchas condiciones en el ser humano que son difíciles de revertir. Cada uno de nosotros tenemos una obstinada tendencia a insistir en lo malo, aun cuando hemos comprobado fehacientemente que el camino por el cual estamos andando solamente produce angustia, dolor y tribulación. De todas las condiciones que pueden instalarse en lo profundo del corazón humano, sin embargo, ninguna es tan difícil de revertir como la indiferencia.

La indiferencia es ese estado donde nos ha dejado de interesar algo. Es posible que en otros tiempos existiera por determinado proyecto, sueño o individuo una pasión y un compromiso que desbordaba nuestro ser y contagiaba a otros el mismo sentir. Con el pasar del tiempo, sin embargo, los avatares de la vida, las desilusiones con las personas o simplemente la imposibilidad de ver realizados los sueños, lentamente fueron apagando nuestra pasión. Eventualmente se instaló en nuestro corazón una actitud de desinterés absoluto. Y si apareciera, como por arte de magia, la posibilidad de lograr lo que en otro tiempo tanto anhelábamos, ya no produciría en nosotros la más mínima demostración de entusiasmo. Hemos llegado al peor de los estados humanos: la muerte en vida.

La indiferencia muchas veces es el resultado de la frustración prolongada. Es decir, con el pasar de los años hemos comprobado que nuestros mejores esfuerzos no producen ningún cambio, ni afectan el rumbo de las cosas. En las épocas de fervor y pasión poseíamos una convicción de que no había nada que no pudiéramos lograr si invertíamos todo nuestro entusiasmo y energía en eso. Pero las cosas no cambiaron, los resultados no se dieron, los sueños no se materializaron. Llegamos a la conclusión de que no importa qué es lo que hagamos, todo seguirá igual. ¿Para qué seguir perdiendo el tiempo?

La indiferencia muchas veces también se instala en el ministerio. Creíamos que nuestra pasión y devoción iban a ser los ingredientes claves para llevar adelante la tarea que se nos encomendó. Con el pasar de los años, no obstante, no desarrollamos ese ministerio exitoso con el cuál soñábamos, ni tampoco creció nuestra congregación como estábamos esperando. Se instaló en nosotros primero la desilusión y, luego, una actitud cínica. Comenzamos, entonces, a conducir el ministerio en «piloto automático», realizando las actividades, pero dejando afuera el corazón.

Comprobar que no somos nosotros los que movemos las cosas en el reino es una lección saludable para todo ministro. Es por el accionar de Dios que se produce vida, y vida en abundancia. Cuando un líder llega a la convicción profunda que «si el Señor no obra, en vano trabajan los obreros», está en óptimas condiciones para participar de los proyectos de Dios. Habrá dejado de confiar en sus propias habilidades, pasiones e impulsos, para depositar toda su confianza en su Padre Celestial. ¡Esto sí que es un estado deseable de lograr!

*Para reflexionar:*
«El corazón del hombre se propone un camino, pero Jehová endereza sus pasos» (Proverbios 16:9).

22/08/2026

*Devocional 22 de agosto.*

*Cuando predica la carne*
Filipenses 1:15, 18. “Algunos, a la verdad, predican a Cristo por envidia y contienda; pero otros de buena voluntad. 18 ¿Qué, pues? Que no obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me gozo, y me gozaré aún.”

Pablo estaba preso en Roma cuando escribió la carta a la iglesia de Filipos. Entre las muchas cosas que había sufrido por causa del evangelio, se le agregó aquí una nueva afrenta, la de soportar los ataques de personas que buscaban desprestigiar la obra del anciano apóstol. No falta nunca esta clase de personas entre los de la casa de Dios. Probablemente veían las prisiones de Pablo como el castigo del Señor sobre su vida y aprovechaban sus prédicas para mostrar lo errado de sus caminos. El texto no nos proporciona los detalles particulares de sus actividades, pero sí sabemos que el apóstol se dolía por ellos.

A pesar de este sufrimiento, el apóstol no podía esconder su gozo en estas circunstancias, pues, aunque las motivaciones eran erradas, el evangelio de Cristo igualmente recibía provecho de estos ministerios adulterados. Queriendo hacerle un daño a Pablo, la Palabra de Cristo se proclamaba y el inexorable avance del reino continuaba.

El texto de hoy nos revela cuán profunda era la comprensión de este siervo de Cristo de las cosas espirituales. Revela un importante principio en cuanto al ministerio. El Señor, en su soberanía, usa aun las situaciones más adversas para avanzar en los proyectos que tiene. Lo que es aún más notorio que esto es que Él siempre ha llamado a servirle a hombres y mujeres que son una mezcla de espiritualidad y carnalidad. Jacob, uno de los patriarcas de Israel, era un hombre propenso a la mentira y el engaño. Moisés era un hombre violento, cuya ira le llevó a asesinar a un egipcio. Rahab fue clave en la conquista de Jericó, pero se dedicaba a la prostitución. David, uno de los más notables varones en la historia del pueblo de Dios, cayó en adulterio y, para tapar su pecado, asesinó al marido de la mujer con la cual se había acostado. Pedro, el hombre llamado a ser apóstol, negó públicamente a Cristo tres veces. Pablo, el hombre que proclamaba la incomparable grandeza del amor de Dios, descartó a Marcos porque le había fallado.

Vemos, de esta manera, que aun en el caso de las personas más consagradas, siempre existieron también las más notables manifestaciones de carnalidad. Dios igualmente usó a estas personas y sus planes no se descarrilaron.

Esto, entonces, puede servirnos para afirmar que realmente no importa el estado del que sirve, porque Dios igualmente va a sacar provecho de su ministerio. Y, en un sentido, ¡esto es verdad!

¿Cuál es, entonces, el valor de una vida consagrada, de santidad? El valor está en que el grado de nuestra entrega permite que se multiplique la efectividad de la obra de Dios. Los resultados se van a dar igual, pero cuando la obra de Dios está acompañada por obreros santos, el efecto del ministerio se potencia en forma extraordinaria. ¡La santidad del obrero sí importa!

*Para reflexionar:*
«Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra» (2 Timoteo 2.21).

21/08/2026

*Devocional 21 de agosto.*

*Las dimensiones de nuestro llamado*
Efesios 4:11–12. “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo.”

Hay algunos textos en la Palabra que nos presentan lo que, hoy en día, llamaríamos una descripción de trabajo. Es decir, nos ayudan a entender cuál es la función que debe estar cumpliendo la persona que ocupa determinado rol dentro del pueblo de Dios. El pasaje de hoy es uno de esos textos, que proporcionan una clara descripción de la función de aquellos llamados a ministerios de liderazgo dentro de la iglesia.

La lista de Pablo tiene una amplitud de roles que hoy está faltando en la iglesia. Las autoridades más comunes entre nosotros son, sin duda, los pastores y maestros. La iglesia no ha sabido bien qué hacer con los demás ministerios de esta lista: apóstoles, profetas y evangelistas. Algunos grupos, por medio de un inexplicable salto exegético, creen que estos ministerios ya no son válidos. Otros muestran cierta tolerancia hacia ellos, aunque no crean los espacios necesarios para su expresión dentro del cuerpo. Esto ha obligado a los que poseen estos roles a optar por los llamados «ministerios paraeclesiásticos», que frecuentemente son el resultado de la frustrante falta de apertura de la iglesia local. En los últimos años hemos visto todo un resurgimiento de los ministerios no tradicionales de apóstol y profeta, pero esto tiene mucho más que ver con un insaciable deseo de autoridad y prestigio, que con una genuina comprensión de la importancia que tienen para el cuerpo de Cristo.

Pablo efectúa tres afirmaciones relacionadas a estos ministros en la iglesia. En primer lugar, el rol de todos ellos -y no solamente del pastor- es la capacitación de los santos. Por esto se entiende darles a los santos todas las herramientas y la formación necesarias para que ellos cumplan con el rol que se les ha asignado. Esta es una tarea que no ha sido delegada a ninguna otra persona dentro del cuerpo de Cristo, y es fundamental que los líderes lo entiendan.

En segundo lugar, la función de los santos es hacer la obra del ministerio. Es decir, actividades tales como la visitación, el servicio, el apoyo a los caídos, la atención de los nuevos, el evangelismo personal, y tantas otras cosas, deben ser responsabilidad de los santos, no de los líderes. Es en esto que encontramos el error conceptual más arraigado en la iglesia, pues los santos creen que esta es la responsabilidad del líder. Nuestro idioma refleja esta idea, pues decimos que el pastor se dedica «tiempo completo» al ministerio. En la mayoría de los casos, esto convierte a los santos en observadores pasivos.

La tercera afirmación de Pablo es que el funcionamiento adecuado de cada uno dentro del cuerpo es lo que produce su edificación. Tome nota que no dice que el pastor edifica la iglesia, sino que Cristo la edifica mientras cada uno hace lo que le corresponde.

*Para reflexionar:*
Este modelo tiene implicaciones fabulosas y un potencial que no puede ser exagerado. ¡Qué excelente momento para redescubrir el genial proyecto de Dios al establecer en la tierra la iglesia, que es el cuerpo de Cristo!

20/08/2026

*Devocional 20 de agosto.*

*El regalo de Jesús*
Efesios 4:11–12. “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo.”

Un comentarista bíblico ha hecho una interesante observación: que en el Nuevo Testamento existen tres pasajes que hablan de los dones otorgados por el Dios Trino a los hombres. En Romanos 12.6–8 se encuentra la lista de dones que el Padre le dio a sus hijos. En 1 Corintios 12 y 14 se encuentra la descripción de los dones que el Espíritu dio a la iglesia. Y en Efesios 4.11–12, se encuentran los dones que Jesús le dio a su iglesia. Si la interpretación de este comentarista es acertada, nos presenta una muy interesante revelación del corazón de Dios para con su iglesia, junto a la particular función que cada uno cumple en la formación del pueblo.

Los dones que el Padre y el Espíritu han dado a la iglesia son regalos que se manifiestan en la vida de sus hijos, tales como la misericordia, el servicio, la exhortación, el discernimiento, la palabra de ciencia o la sanidad. Por medio de ellos se pueden realizar las buenas obras que son parte de la vida a la que hemos sido llamados pues, como dice la Escritura, el pueblo de Dios debe ser un pueblo «celoso de buenas obras» (Tito 2:14).

Cuando observamos el regalo de Cristo a la iglesia, sin embargo, podemos notar una importante diferencia. En Efesios capítulo 4 el apóstol NO dice que él dio a la iglesia ministerios apostólicos, proféticos, evangelísticos, pastorales y de enseñanza. Lo que Cristo dio a la iglesia no fueron ministerios, sino personas. Esto no tiene por qué sorprendernos, pues Jesús mismo trajo las Buenas Nuevas del Padre en persona. «Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros lleno de gracia y de verdad; y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre» (Juan 1.14). Al regalarle a la iglesia hombres y mujeres que fueran apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, Jesús no estaba haciendo más que perpetuar el modelo que Él mismo inició al invertir en la vida de los discípulos.

Esta observación tiene una importantísima connotación para todos aquellos que han sido constituidos por Cristo para estos ministerios. El valor principal de la presencia del apóstol, profeta, evangelista, pastor y maestro en la iglesia no se encuentra en el ministerio que desarrolla, aunque siempre tendemos a valorar a los hombres por sus obras. El valor principal que estas personas tienen es la clase de personas que son. Enseñan con su vida, como lo hizo Cristo. El llamado a ser líder dentro de la iglesia es un llamado que demanda de nosotros las más altas expresiones de devoción, compromiso y santidad.

*Para reflexionar:*
En tiempos de angustia, confusión y dificultad, la iglesia no debe buscar inspiración en sus doctrinas, sino en la vida de aquellos que han sido puestos para formar la vida de los santos. El contacto que el pueblo de Dios tiene con estos líderes no puede estar limitado a los momentos de reuniones formales dentro del programa establecido de la congregación. La gente que estamos formando necesita tener amplio acceso a nuestras vidas, pues nosotros somos ¡el regalo de Cristo para sus vidas!

19/08/2026

*Devocional 19 de agosto.*

*La lucha del que sirve*
Colosenses 2:1–2. “Porque quiero que sepáis cuán gran lucha sostengo por vosotros, y por los que están en Laodicea, y por todos los que nunca han visto mi rostro; para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo.”

Como en todos los escritos del apóstol, esta carta también nos revela, aunque sea fugazmente, algo del corazón de este siervo de Jesucristo. El apóstol, sin entrar en detalles, afirma que está involucrado en una intensa lucha por la iglesia. Sabemos con certeza que esta pugna incluía toda clase de pruebas externas, algunas de las cuales están mencionadas en su segunda carta a los Corintios. Estas aflicciones incluyeron tales cosas como hambre, prisiones, azotes y naufragios, que habían sufrido por causa del evangelio. Mas Pablo, en el texto de hoy, se está refiriendo a otra clase de lucha, la que se libra en el ser interior del siervo. Esta es la carga pastoral que Dios pone sobre el corazón de aquellos que sirven a su pueblo. En el mismo pasaje de Corintios, él escribía: «Y además de otras cosas, lo que sobre mí se añade cada día: la preocupación por todas las iglesias. ¿Quién enferma y yo no enfermo? ¿A quién se le hace tropezar y yo no me indigno» (2 Corintios 11:28–29).

Esta carga es la que distingue al pastor que lo es por vocación celestial. La lucha principal de un pastor asalariado está en mantener en movimiento los diferentes programas de la congregación. No tiene mucho tiempo para estar con la gente porque está demasiado ocupado con sus muchas actividades. Mas el pastor, que es pastor de alma, entiende que los programas son un medio para un fin mucho más importante: la formación de Cristo en la vida de cada uno de sus hermanos. Tiene sus ojos firmemente puestos en este objetivo y sabe, con absoluta certeza, que esto no se logra con una buena dosis de actividades. La formación de un discípulo es un proceso esencialmente espiritual y el pastor vive intensamente este proceso, con oración, con súplicas, con lágrimas y ruegos a favor de cada uno de los que le han sido confiados.

La evidencia más contundente de que esta carga es producida por el Espíritu de Dios, la encontramos en lo que Pablo dice: que su lucha incluye a los que nunca han visto su rostro. ¡Qué grandeza de espíritu! La mayoría de nosotros apenas luchamos por los nuestros. De veras que nos interesa poco la obra y el trabajo de los demás, especialmente los que viven en otros lugares. Pablo trabajaba y sufría también por aquellas congregaciones en las cuales nunca había estado personalmente, pero que eran de sumo interés para su Señor. La carga de Cristo estaba también sobre su corazón. Y cuando los intereses de los demás comienzan a importarnos, sabemos con certeza que Dios nos ha librado del egoísmo que tanto entorpece su obra en nosotros.

*Para reflexionar:*
Cómo líder, ¿cuánto tiempo se pasa intercediendo por el ministerio de otros? ¿Cuánto esfuerzo dedica a promocionar proyectos ajenos a los suyos? ¿Cómo comunica a su congregación este mismo desinterés ministerial?
*La lucha del que sirve*
Colosenses 2:1–2. “Porque quiero que sepáis cuán gran lucha sostengo por vosotros, y por los que están en Laodicea, y por todos los que nunca han visto mi rostro; para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo.”

Como en todos los escritos del apóstol, esta carta también nos revela, aunque sea fugazmente, algo del corazón de este siervo de Jesucristo. El apóstol, sin entrar en detalles, afirma que está involucrado en una intensa lucha por la iglesia. Sabemos con certeza que esta pugna incluía toda clase de pruebas externas, algunas de las cuales están mencionadas en su segunda carta a los Corintios. Estas aflicciones incluyeron tales cosas como hambre, prisiones, azotes y naufragios, que habían sufrido por causa del evangelio. Mas Pablo, en el texto de hoy, se está refiriendo a otra clase de lucha, la que se libra en el ser interior del siervo. Esta es la carga pastoral que Dios pone sobre el corazón de aquellos que sirven a su pueblo. En el mismo pasaje de Corintios, él escribía: «Y además de otras cosas, lo que sobre mí se añade cada día: la preocupación por todas las iglesias. ¿Quién enferma y yo no enfermo? ¿A quién se le hace tropezar y yo no me indigno» (2 Corintios 11:28–29).

Esta carga es la que distingue al pastor que lo es por vocación celestial. La lucha principal de un pastor asalariado está en mantener en movimiento los diferentes programas de la congregación. No tiene mucho tiempo para estar con la gente porque está demasiado ocupado con sus muchas actividades. Mas el pastor, que es pastor de alma, entiende que los programas son un medio para un fin mucho más importante: la formación de Cristo en la vida de cada uno de sus hermanos. Tiene sus ojos firmemente puestos en este objetivo y sabe, con absoluta certeza, que esto no se logra con una buena dosis de actividades. La formación de un discípulo es un proceso esencialmente espiritual y el pastor vive intensamente este proceso, con oración, con súplicas, con lágrimas y ruegos a favor de cada uno de los que le han sido confiados.

La evidencia más contundente de que esta carga es producida por el Espíritu de Dios, la encontramos en lo que Pablo dice: que su lucha incluye a los que nunca han visto su rostro. ¡Qué grandeza de espíritu! La mayoría de nosotros apenas luchamos por los nuestros. De veras que nos interesa poco la obra y el trabajo de los demás, especialmente los que viven en otros lugares. Pablo trabajaba y sufría también por aquellas congregaciones en las cuales nunca había estado personalmente, pero que eran de sumo interés para su Señor. La carga de Cristo estaba también sobre su corazón. Y cuando los intereses de los demás comienzan a importarnos, sabemos con certeza que Dios nos ha librado del egoísmo que tanto entorpece su obra en nosotros.

*Para reflexionar:*
Cómo líder, ¿cuánto tiempo se pasa intercediendo por el ministerio de otros? ¿Cuánto esfuerzo dedica a promocionar proyectos ajenos a los suyos? ¿Cómo comunica a su congregación este mismo desinterés ministerial?

18/08/2026

*Devocional 18 de agosto.*

*Fidelidad que aflige*
119:75 (LBLA). “Yo sé, SEÑOR, que tus juicios son justos, y que en tu fidelidad me has “afligido.

Sin duda la mayoría de nosotros coincidimos plenamente con la declaración de David en cuanto a los juicios del Señor, que en verdad son justos. Lo creemos de corazón y por eso estudiamos con diligencia su Palabra, para conocer mejor los caminos y los preceptos de Dios. La segunda parte de la declaración del salmista, sin embargo, nos lleva a un plano que es mucho más difícil de aceptar. Unos cuantos, entre nosotros, hasta se opondrían con vehemencia a esta afirmación: que Dios en su fidelidad nos aflige.

No nos cuesta creer que las aflicciones son parte de la vida, aunque algunos tienen dificultad aun para aceptar esto, prefiriendo una espiritualidad triunfalista que niega la existencia del dolor, la angustia y el sufrimiento. Nos basta con mirar la vida, no obstante, para ver que las aflicciones están inseparablemente ligadas al mundo en que vivimos. Nuestra teología, entonces, nos indica que nuestro Padre celestial permite la existencia de estas aflicciones para nuestro bien y que debemos buscar en Él la fortaleza e integridad que necesitamos para sobrellevarlas con fidelidad.

En este pasaje, sin embargo, David agrega al tema de las aflicciones una observación que, francamente, nos incomoda. En ella el salmista declara que las aflicciones fueron una demostración del amor del Señor hacia nosotros. ¿Cómo podemos abrazarnos a esta verdad, cuando el sufrimiento produce en nosotros tanta congoja? ¿Quién puede verdaderamente creer que Dios, en su fidelidad, nos aflige? La misma frase hasta parece ser contradictoria, pues la fidelidad, según la entendemos, requiere que Dios nos libre de las aflicciones, ¡no que las produzca!

Si nos trasladamos por un instante al plano de la relación de un padre hacia su hijo, donde normalmente vemos las manifestaciones más puras de fidelidad, podremos entender por qué nos resistimos a la declaración de David. Todo aquel que tiene un hijo le da prioridad a buscar la forma de evitar que su hijo sufra. Puede ser en cosas tan pequeñas como hacerle las tareas para evitarle problemas en la escuela, o en cosas tan grandes como asegurarle el futuro mediante una apelación a personas de influencia en una empresa o en el gobierno. La meta siempre es la misma: evitar que nuestros hijos pasen un mal momento.

Nuestro amor imperfecto, sin embargo, tiene implicaciones a largo plazo. La más fácil de identificar es que ese hijo no tendrá capacidad de enfrentar ni de responder a las adversidades que inevitablemente le presentará la vida. Tampoco desarrollará la grandeza de carácter que solamente se cultiva por medio del dolor. De modo que, evitándole una incomodidad presente, le hacemos daño para el futuro.

El Señor invierte en nosotros con la eternidad en mente. Hay aspectos de nuestras vidas que necesitan ser tratados. Hay lecciones que debemos aprender, si es que vamos a caminar en fidelidad por sus caminos. Nuestro carácter debe ser pulido y refinado. Es por esto, entonces, que Él no solamente permite la aflicción en nuestras vidas, sino que a veces la produce.

*Para reflexionar:*
David revela un aspecto del amor de Dios que no entendemos muy bien. ¿Se anima, de todas maneras, por fe, a darle gracias a Dios porque en su fidelidad nos aflige? ¡Su opinión del Padre cambiará radicalmente cuando comience a hacerlo!

17/08/2026

*Devocional 17 de agosto.*

*Novedad de vida*
Efesios 4:22–24. En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, 24 y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.

Hay algo que es un permanente motivo de preocupación en la iglesia, en esta amada tierra latina. Me refiero a la falta de evidencia de una conversión moral en los que son del pueblo de Dios. A pesar de que hay personas que tienen años en el «camino», siguen con los mismos comportamientos cuestionables que tenían cuando estaban en el mundo. Somos testigos de que la mentira, la falsedad, la deshonestidad y la falta de transparencia están instaladas en la vida de muchas congregaciones. Si bien esto no es más que una manifestación común en las culturas de nuestros diferentes países, es triste que entre los hijos de Dios estas conductas continúen practicándose en forma natural.

Pablo, en un extenso pasaje dedicado a este tema, exhorta claramente a los cristianos: «En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre». La palabra «despojaos» nos indica que la anterior manera de vivir debe ser descartada, enterrada, repudiada; es decir, no hay esperanza para ella. Queda claro que la vieja naturaleza no puede ser redimida. No se trata aquí de buscar la forma de mejorar lo que hacíamos mal en otro tiempo. El que anda en Cristo debe andar en novedad de vida, en un comportamiento enteramente nuevo.

La exhortación es tan amplia que bien podríamos creer que la interpretación de la misma queda librada al criterio de cada creyente. Para evitar tales conclusiones el apóstol provee claros ejemplos de lo que significa andar en novedad de vida. La nueva vida incluye dejar la mentira (Efesios 4:25), la ira (v. 26), el robo (v. 28), las malas palabras (v. 29) y los gritos (v. 31). En su lugar, el discípulo debe andar en la verdad, la ternura, la generosidad y las palabras de edificación y cariño. En el siguiente capítulo Pablo exhorta también a que dejemos de lado las inmundicias, las palabras deshonestas y la truhanería (Efesios 5:4).

La alternativa para los que pertenecemos al reino es la de vestirnos del nuevo hombre. Notamos, una vez más, que no se trata de una reforma del viejo hombre sino de «vestirse» con ropa nueva. La clave para esto es el proceso de transformación de nuestra mente, producida por el Espíritu de Dios. Es por esta razón que el apóstol menciona que el nuevo hombre ha sido creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad. Es justamente por sus orígenes que sus características son enteramente diferentes a las del viejo hombre.

*Para reflexionar:*
Si bien es verdad que todo el pueblo debe vestirse del nuevo hombre, la influencia de los líderes es clave en este proceso. Aquellos que tienen mayor responsabilidad deben ser los que den el ejemplo de una vida éticamente transformada. La honestidad, la sencillez, la verdad y la transparencia deben ser cualidades visibles en la vida de todo ministro de Dios.

Dirección

Calle 21 #67
Cartagena
130011

Página web

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Iglesia Misionera y Bíblica del Señor Jesucristo publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Atajos

Compartir

Categoría