Iglesia Misionera y Bíblica del Señor Jesucristo

Iglesia Misionera y Bíblica del Señor Jesucristo IGLESIA MISIONERA Y BIBLICA DEL SEÑOR JESUCRISTO

24/05/2026

*Devocional 24 de mayo.*

*Todos por igual*
1 Samuel 30:23–24. Y David dijo: No hagáis eso, hermanos míos, de lo que nos ha dado Jehová, quien nos ha guardado, y ha entregado en nuestra mano a los merodeadores que vinieron contra nosotros. 24 ¿Y quién os escuchará en este caso? Porque conforme a la parte del que desciende a la batalla, así ha de ser la parte del que queda con el bagaje; les tocará parte igual.

Es esta una de las tantas anécdotas en la vida del gran rey David, que confirma las notables convicciones espirituales que poseía. En esta oportunidad, el pastor de Belén volvía de perseguir a los amalecitas quienes, aprovechado la ausencia de David y sus hombres, atacaron a los que habían quedado en el pueblo y se llevaron todo aquello que encontraron. El Señor bendijo la operación de rescate y recuperaron no solamente todos sus bienes, sino también el botín de guerra que los amalecitas habían juntado en incursiones contra otras ciudades. Al regresar, se encontraron con doscientos de sus propios hombres que habían estado demasiado fatigados para acompañarlos. Como habían quedado cuidando el bagaje, ahora los guerreros de David no querían compartir con ellos los despojos de la campaña.

Esta reacción revela la profunda inclinación del hombre a construir sistemas de jerarquía que dividen y separan a las personas en categorías. La predisposición a establecer estas categorías -y así perpetuar una forma encubierta de elitismo- es un elocuente testimonio a los devastadores efectos del pecado. En el origen mismo del pecado el primer matrimonio experimentó la separación y alienación que son el resultado directo de darle la espalda al Señor.

Esta jerarquización está instalada en los valores más elementales de la sociedad. El sistema económico está fundamentado en la convicción de que algunas personas son mucho más valiosas que otras. Por esta razón, el gerente de una importante empresa puede llegar a ganar hasta cien veces más que el empleado más humilde. Así está construido el mundo en el cual vivimos.

Lo triste es que este sistema de jerarquías se haya también instalado dentro del ámbito de la iglesia. Consideramos más importantes a algunos miembros de la congregación que a otros. En algunos casos, se trata de los que más ofrendan. En otros casos, son los que más trabajan dentro del ministerio. Y también, en muchos casos, son los líderes los que mayor honra reciben. Sea cual sea la situación, se presta para que hagamos diferencias entre un hermano y otro.

David consideraba valiosos a todos sus hombres. Es verdad que algunos habían arriesgado su vida en la batalla, mientras otros cuidaban el bagaje. Pero los que pelearon, pudieron hacerlo justamente porque no estaban ocupados en cuidar el bagaje. David insistió en que a todos se los tratara con los mismos privilegios y derechos. A pesar de las protestas de sus hombres, hizo repartir por igual el botín.

*Para reflexionar:*
Qué importante es que nosotros, como líderes, identifiquemos estos prejuicios e impidamos su desafortunado resultado. Cada una de las personas que nos han sido confiadas tienen un valor inestimable para Cristo. A cada uno debemos honrar. A cada uno debemos atesorar. ¡A cada uno debemos considerar parte importante del cuerpo de Cristo!

SERVICIO DE DAMAS IMBJDIOS SIEMPRE HA SIDO BUENO.Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largament...
24/05/2026

SERVICIO DE DAMAS IMBJ

DIOS SIEMPRE HA SIDO BUENO.

Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas.
Proverbios 31:10

Te amamos JESÚS

23/05/2026

*Devocional 23 de mayo.*

*Confianza peligrosa*
Jeremías 17:5. “Así ha dicho Jehová: Ma***to el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová.”

¿Cómo hemos de entender esta dramática declaración a la luz de pasajes como el de 1 Corintios 13:7, donde el apóstol Pablo afirma que el amor «todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta»? ¿Será que el profeta Jeremías está condenando toda actitud de confianza en el prójimo? ¿Nos estará invitando a transitar por esta vida con una postura de permanente desconfianza hacia todo?

Si usted alguna vez ha estado en contacto con una persona que es, por naturaleza, desconfiada, seguramente me dirá que esto no puede ser lo que tenía en mente el profeta. ¡Y tiene razón! El desconfiado es aquella persona que piensa que los demás siempre quieren sacarle ventaja. Cuando se le presenta una oferta atractiva, inmediatamente comienza a buscar dónde está la trampa en el asunto. Mira el mundo y se dice a sí mismo: «si yo no velo por mis propios intereses, nadie lo va a hacer». Está convencido de que, si deja esta postura de vigilancia permanente, los demás se aprovecharán de él y le harán daño. Es muy difícil llegar a entablar una relación íntima con él, porque la sospecha todo lo contamina. En resumen, es evidente que en tales personas no está operando la gracia de Dios sino el temor de los hombres.

¿A qué, pues, se refiere el profeta? El resto del versículo nos da claros indicios acerca del problema que denuncia. Habla de la persona que ha renunciado a depositar su confianza en Dios para depositarla en los hombres. La confianza a la cual el Señor invita a todos los hombres consiste en permitir que «Él sea nuestro Dios y nosotros seamos su pueblo». Es decir, que nosotros dejemos que Él provea para nuestras necesidades, guíe nuestras decisiones y sea nuestro consuelo en tiempos de crisis. El hombre que ha escogido confiar en los hombres y hacer de la carne su fortaleza ha decidido transferir estas atribuciones a otros hombres: pretende que ellos provean para sus necesidades, le guíen en sus decisiones y lo consuelen en tiempos de crisis.

En realidad, estos comportamientos son parte de nuestras relaciones con otros. Muchas veces otros proveen para nosotros, nos orientan en tiempos de confusión y proveen consuelo en momentos de crisis. En esto está la bendición de poder disfrutar de relaciones profundas e íntimas con otros, y lo recibimos como un regalo. El problema radica en pretender que los demás siempre cumplan con estas funciones en nuestras vidas. Una vez que transferimos esta carga a otros, cada vez que nos fallen nos sentiremos traicionados, defraudados o desilusionados. La esencia del problema, no obstante, no es lo efímero de nuestras relaciones con los demás, sino que pretendamos recibir de los hombres lo que solamente Dios puede dar. Quien busca entre los seres humanos lo que el Señor se ha comprometido a darnos se abrirá a una vida de desilusiones constantes.

*Para reflexionar:*
Resista la tentación de buscar entre los hombres aquello que es solamente de Dios. Si los hombres le fallan, no se enoje con ellos. Pídale perdón al Señor por tener expectativas irreales para con sus pares y vuelva a transferir su lealtad al Único cuyo compromiso es seguro.

22/05/2026

*Devocional 22 de mayo.*

*Lealtad*
Oseas 6:4, 6 (LBLA). “¿Qué haré contigo, Efraín? ¿Qué haré contigo, Judá? Porque vuestra lealtad es como nube matinal, y como el rocío, que temprano desaparece. 5 Porque más me deleito en la lealtad que en el sacrificio, y más en el conocimiento de Dios que en los holocaustos.”

Cuando leemos este pasaje nos podemos sentir un poco avergonzados al pensar en muchas de nuestras reuniones dentro de la iglesia. En ellas, cantamos y declaramos una y otra vez nuestro profundo amor por el Señor. Frecuentemente estas proclamas van acompañadas de lágrimas y un quebranto espiritual. El lunes, no obstante, nuestra vida sigue su mismo rumbo predecible y usual, sin que los de alrededor sospechen que el día anterior hemos ofrecido a nuestro Dios apasionados votos de compromiso y amor incondicional.

Por supuesto que no tiene nada de malo que expresemos públicamente nuestro amor al Padre. ¡Gracias a Dios que se dan abundantes oportunidades en las que podemos reunirnos para declarar, junto al pueblo escogido, nuestra lealtad hacia el Señor! Este debe ser un elemento importante en la vida de todo discípulo de Cristo.

El problema, más bien, radica en que nuestra lealtad es, justamente, como la nube matinal. ¡Cuán gráfica es esta ilustración! La niebla matinal es espesa e impenetrable. Su presencia lo llena todo. Quien la contempla tiene la impresión de que nunca más volverá a disiparse, pues como un manto denso cubre todas las cosas y hasta parece sofocarlas. Ni bien asoma el sol, sin embargo, se comienza a evaporar. Al poco tiempo, no queda rastro alguno que delate su existencia durante la noche.

Lo que hace que desaparezca la niebla, es precisamente el calor del sol. De la misma manera, la lealtad muchas veces existe hasta que se presenta alguna dificultad. Cuando la vida comienza a presentarnos sus interminables complicaciones, se evaporan los buenos sentimientos, las promesas, y los compromisos de amar por toda la eternidad. En su lugar queda la obsesión de encontrar la salida para la situación puntual que nos enfrenta.

La verdadera lealtad, sin embargo, no puede ser comprobada sino HASTA que aparecen las dificultades. Cualquiera de nosotros es capaz de proferir votos de compromiso para con Dios o con nuestros semejantes. Esa es la parte fácil. La parte difícil es mantenerse fiel a ellos cuando la vida nos invita a descartarlos. Es precisamente en este punto que la vida espiritual de muchos de nosotros se derrumba. Al igual que el pueblo de Israel en el desierto, la menor dificultad nos lleva a cuestionar con indignación las intenciones de nuestro Dios para con nuestras vidas.

*Para reflexionar:*
¿Debemos, pues, dejar de cantar y proclamar nuestro amor por Él? ¡De ninguna manera! Debemos ser un poco más medidos en nuestras declaraciones, sabiendo que detrás de nuestras palabras hay una voluntad débil. Pero aún mejor que esto es tener como garantía de nuestras palabras una vida realmente devota a Él, que no es el resultado de las emociones del momento ni de las palabras elocuentes de quienes dirigen la reunión. Al igual que a Israel, Él nos dice: «¿sabes una cosa, mi amado? Me encanta que me digas lo mucho que me quieres cuando estás con otros. Pero aún más que esto, me gusta que me lo sigas diciendo cuando estás solo, y la vida se pone dura. ¡Eso sí que llena mi corazón de gozo!»

21/05/2026

*Devocional 21 de mayo.*

*Interpretaciones convenientes*
2 Samuel 16:6–8. Y arrojando piedras contra David, y contra todos los siervos del rey David; y todo el pueblo y todos los hombres valientes estaban a su derecha y a su izquierda. 7 Y decía Simei, maldiciéndole: ¡Fuera, fuera, hombre sanguinario y perverso! 8 Jehová te ha dado el pago de toda la sangre de la casa de Saúl, en lugar del cual tú has reinado, y Jehová ha entregado el reino en mano de tu hijo Absalón; y hete aquí sorprendido en tu maldad, porque eres hombre sanguinario.

La escena que hoy nos trae el texto bíblico ocurre en el momento en que Absalón se levantó en rebelión contra su padre David. El rey, temiendo por su vida y la de los suyos, abandonó Jerusalén y huyó al desierto. En el camino, cansado y triste, le salió al cruce este descendiente de Saúl, que lo insultaba y agredía con piedras.

Reflexionemos por un instante, en la interpretación que le da este hombre a los eventos que estaban sucediendo en Israel en ese momento. Con todo el rencor y la ira acumulada por la pérdida del reino, Simei proclamaba confiadamente: «Jehová te ha dado el pago de toda la sangre de la casa de Saúl, en lugar del cual tú has reinado, y Jehová ha entregado el reino en mano de tu hijo Absalón». Seguramente su denuncia no carecía de cierta satisfacción perversa en la situación, pues Simei veía en estos eventos el pago por todo el mal que había vivido la casa de Saúl.

Lo que debe atemorizarnos es esa tremenda facilidad que poseemos de interpretar el accionar de Dios según nuestra propia conveniencia; y no solamente esto, sino tener profunda convicción de que las cosas son, en realidad, así como las estamos describiendo. Saúl mismo, con todos los delirios que había experimentado por darle la espalda a Dios, le había también dado, en su momento, esta conveniente interpretación a las circunstancias. Cuando uno de sus hombres delató el lugar donde se escondía David, había exclamado: «Dios lo ha entregado en mis manos, pues él mismo se ha encerrado al entrar en una ciudad con puertas y cerraduras» (1 Samuel 23:7). Hacía tiempo que el Espíritu de Dios se había apartado de Saúl, pero él seguía creyendo que el Señor lo ayudaba en su afán de destruir a David.

Sabemos que en ambas situaciones la interpretación de estos dos hombres estaba completamente errada. Lo sabemos, sin embargo, porque poseemos el relato completo de la historia, junto a la interpretación de quien escribiera este libro. ¿En cuántas situaciones, donde no contamos con estos elementos, nos convencemos de estar interpretando correctamente el accionar de Dios, no sabiendo que estamos completamente equivocados? La equivocación es fácil de cometer, pues cada uno de nosotros somos arrastrados por los intereses personales de nuestra propia vida. Imaginamos que Dios está prácticamente abocado a acomodar todas las cosas solamente para nosotros.

*Para reflexionar:*
La verdad es muy diferente. Los caminos del Señor no son nuestros caminos, ni tampoco sus pensamientos son los nuestros. Si somos honestos, tenemos que reconocer que su manera de moverse es radicalmente diferente a la nuestra. Por esta razón, conviene mucha mesura a la hora de interpretar espiritualmente los acontecimientos que nos rodean. ¿Quién puede verdaderamente entender los misterios de Dios?

20/05/2026

*Devocional 20 de mayo.*

*Sabias advertencias*
Mateo 26:33–35. Respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré. 34 Jesús le dijo: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces. 35 Pedro le dijo: Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo.

Con frecuencia las enseñanzas sobre este pasaje se enfocan en la necedad de Pedro, que no quiso escuchar al Señor. Hagamos una reflexión diferente de esta escena, realizada desde la perspectiva de Cristo. Ubíquese por un instante en el lugar de Jesús como líder del grupo, con responsabilidad en el proceso de formación de estos doce hombres. ¿Alguna vez se ha encontrado en una situación similar? Usted ve en otra persona una actitud o una decisión que claramente va a tener consecuencias muy negativas. Intenta advertirle, pero la otra persona no quiere escucharlo. ¿Cómo procede en esa situación?

¿Cómo se habrá sentido Cristo, frente a la obstinada insistencia del afable Pedro? No podemos aducir que no entendió lo que Cristo quiso decir; además de la proclamación a todo el grupo, el Señor le habló en forma personal al discípulo y le profetizó que lo negaría no una vez, sino ¡tres veces! Mas Pedro no tenía apertura para recibir este tipo de proclamaciones. ¿Percibe usted la frustración y el dolor de Jesús? Quiere evitarle un trago amargo a Pedro, pero este no quiere recibir la ayuda que le está ofreciendo.

La manera en que actuamos como líderes, en estas situaciones, es clave para las futuras intervenciones en la vida de quienes pretendemos formar. Muchas veces, esta obstinada insistencia en lo errado produce en nosotros acaloradas denuncias, excesivas argumentaciones, o el aumento de presiones para que la persona desista del camino que ha escogido. Esta manera de proceder rara vez produce cambios. Más serio que esto, sin embargo, es no entender que este comportamiento puede dañar irreparablemente nuestras posibilidades de ayudar más adelante, cuando la persona entre en crisis por su propia necedad.

Cristo optó por el silencio. La palabra ya había sido dada. Ahora el Espíritu se encargaría de usar esta palabra, en el momento oportuno, para producir en Pedro un quebrantamiento santo. El silencio del Maestro no solamente creó el espacio necesario para esta obra del Espíritu, sino que también dejó abierta la puerta para esa preciosa restauración que relata el último capítulo del evangelio de Juan. Al no haber optado por la agresión -en ninguna de sus sutiles manifestaciones- Cristo dejó intacta la confianza que Pedro tenía en su amor. Esto le dio la entrada necesaria para seguir trabajando en la vida de su discípulo.

*Para reflexionar:*
Estamos invirtiendo para la eternidad. Muchas veces nos encaprichamos en conseguir un avance en un momento de la vida, sin anticiparnos a las consecuencias de este comportamiento a largo plazo. El amor, que evalúa todo a largo plazo, sabe cuándo es mejor guardar silencio, y cuándo es preferible avanzar. El líder maduro entiende la diferencia.

19/05/2026

*Devocional 19 de mayo.*

*La meta del ministerio*
Colosenses 1:28–29 (LBLA). A El nosotros proclamamos, amonestando a todos los hombres, y enseñando a todos los hombres con toda sabiduría, a fin de poder presentar a todo hombre perfecto en Cristo. 29 Y con este fin también trabajo, esforzándome según su poder que obra poderosamente en mí.

En estos dos versículos encontramos admirablemente presentada la filosofía ministerial del apóstol Pablo. Vale la pena que meditemos en ella por unos minutos.

En primer lugar, el gran apóstol afirma que su objetivo es presentar a todo hombre perfecto en Cristo. Para entender esto, es necesario que tengamos conocimiento del sentido de la palabra en el griego. Cuando Pablo habla de «perfecto» no se está refiriendo a un estado en la cual ha dejado de existir el pecado. La perfección, en el concepto paulino, tiene que ver con restaurar en una persona los propósitos originales de la creación. En otras palabras, la obra ministerial tiene como objetivo volver a colocar al hombre en la relación y el funcionamiento que tenía en mente Dios cuando lo creó. Es restaurar todo aquello que quedó desvirtuado por el pecado. Sin lugar a duda esta es una tarea que demanda toda una vida.

En segundo lugar, el apóstol nos dice que el método a seguir tiene, que ver con una doble función: amonestar y enseñar. Quien conoce algo de la vida espiritual sabe que es imposible construir sobre un fundamento equivocado. El fundamento debe ser el que exige la Palabra de Dios. Para esto, es necesaria la tarea de amonestar, que denuncia todo aquello en la vida del hombre que ofende la persona de Dios. Una vida, sin embargo, no se puede edificar solamente en base de amonestaciones. A la amonestación se le tiene que agregar la enseñanza acerca de la clase de vida que el Señor pretende para sus hijos.

En tercer lugar, esta enseñanza debe ser dada con toda sabiduría. No se puede tratar al ser humano como si fuera una máquina, ni tampoco como si todos hubieran sido creados exactamente iguales. Si bien cada persona tiene rasgos en común con sus pares, también es verdad que todo individuo tiene características únicas que lo distinguen de los demás. Enseñar con sabiduría significa discernir la realidad de cada persona y presentar la verdad en un formato que la hace comprensible dentro de su cultura particular. Como maestros, debemos evitar las enseñanzas «enlatadas» que son iguales para todos.

Por último, el apóstol nos dice que este proyecto demanda trabajo y esfuerzo. Este es quizás el punto en donde más frecuentemente fallamos en nuestro ministerio. Creemos que con sólo dar un par de lecciones sobre un tema ya hemos formado a las personas en determinado aspecto de sus vidas. Pero formar a aquellos que nos han sido confiados demanda de una perseverancia y un compromiso permanente con el esfuerzo. Incorporar la verdad a la mente es la parte más fácil del ministerio. El verdadero desafío, no obstante, está en llevar a las personas a incorporar esa verdad a su comportamiento cotidiano.

*Para reflexionar:*
Pablo aclara que todo su ministerio está impulsado por el poder de Cristo «que obra poderosamente» en él. Este es un concepto clave para el éxito, pues realizar el ministerio con las fuerzas propias producirá un intolerable desgaste en el líder.

18/05/2026

*Devocional 18 de mayo.*

*«Yo también soy hombre»*
Hechos 10:25–26. Cuando Pedro entró, salió Cornelio a recibirle, y postrándose a sus pies, adoró. 26 Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate, pues yo mismo también soy hombre.

El ministerio normalmente nos ubica en los lugares públicos y visibles de la iglesia, porque nuestra vocación es servir a las personas. Muchas de ellas están necesitadas. Vienen a consultarnos para que les orientemos frente a las decisiones importantes de la vida. Cuando están atribuladas, buscan de nosotros el consuelo y la comprensión para sobrellevar la tristeza del momento. En los momentos de confusión acuden a nosotros para que les ayudemos a interpretar el obrar del Señor en sus vidas. Otros nos buscan porque encuentran en nosotros una expresión sincera del amor de Dios.

Todo esto nos pone en una posición de autoridad con respecto a la vida de las personas a quienes ministramos. Somos tratados con respeto. No pocos sienten profunda gratitud por la ayuda que les hemos podido dar en el momento oportuno. Frente a esta actitud de sumisión y aprecio aparece también uno de los grandes peligros del ministerio: comenzar a creer que somos poseedores de alguna cualidad especial que nos distingue de los demás. Perdemos de vista que los frutos que estamos viendo son el resultado de los dones y la gracia que Dios ha derramado en nosotros. Caemos en una falsa estimación de nuestro propio valor. Esto, a su vez, nos lleva a un orgullo que le quita eficacia al ministerio al que hemos sido llamados.

Con tristeza vemos pastores cuyo ministerio crece notablemente. Luego se mueven a todos lados rodeados de guardaespaldas. De ser un pastor de personas se ha convertido en un maestro de ceremonias para reuniones. Ahora no se le puede ver más que arriba de la plataforma. ¡Con cuánta facilidad caemos presa de nuestra propia vanidad!

Cornelio también estaba necesitado. Le llegaron noticias que, nada más ni nada menos, uno de los apóstoles iba a visitarlo. Cuando Pedro entró en su casa asumió una postura absolutamente inadmisible para cualquier ser humano: lo adoró. Mas Pedro, con admirable sencillez, lo puso en pie y le corrigió tiernamente: «yo mismo también soy un hombre». En este gesto vemos el intento del apóstol de frenar la adulación que muchas de las personas querían ofrecerle a quien fuera compañero del mismo Cristo.

Si su ministerio es medianamente exitoso, muchos van a querer elevarlo a una posición que no es sana para usted, ni tampoco para las personas con las cuales trabaja. El líder sabio trabaja para que los demás tengan una correcta perspectiva de su persona. No fomenta en otros el sentimiento de que él es indispensable. No busca un trato reverencial ni diferenciado para su persona, sino que ayuda a los demás a entender que él también es peregrino en proceso de transformación. Ha sido llamado a una labor importante, pero esto no lo eleva por encima de los demás ni le da privilegios especiales. En la sencillez y la sinceridad de su andar estará el verdadero secreto de su impacto sobre la vida del pueblo.

*Para reflexionar:*
«Los grandes hombres nunca piensan que son grandes, los pequeños nunca piensan que son pequeños». Anónimo.

17/05/2026

QUITATE LA CAPA
Cita: Marcos 10:46-52
Hno. Salustiano Villa

17/05/2026

*Devocional 17 de mayo.*

*Lo ordinario de la fe*
Lucas 17:9–10. ¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no. 10 Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.

Hemos estado considerando algunos aspectos de este pasaje que presenta una de las enseñanzas que Cristo les dio a los discípulos acerca del tema de la fe. En nuestra reflexión de hoy queremos examinar el ejercicio de la fe en la vida del cristiano.

Subsiste una tendencia entre nosotros a creer que el ejercicio de la fe en la vida es algo especial. Cuando relatamos anécdotas donde se vieron extraordinarias manifestaciones de fe lo hacemos con ese asombro de quienes están frente a algo increíble. No pocos dentro de la iglesia creen que hay personas que poseen una capacidad especial para moverse en fe, personas que están en otra dimensión de la vida espiritual que nosotros. Esto no hace más que recalcar que estamos distanciados de la clase de vida que deberíamos estar viviendo en Cristo Jesús.

En el pasaje de hoy Cristo ilustró esta verdad con el trabajo de un siervo en el campo. Habiendo recibido instrucciones al inicio del día, el siervo salió y trabajó toda la jornada en lo que se le había mandado. Cuando llegara la tarde, ¿el amo de aquel siervo lo esperaría con la cena lista, como premio por el buen desempeño que tuvo durante el día de trabajo? ¡Por supuesto que no! No recibiría ningún tipo de reconocimiento, porque en realidad no había estado haciendo más que cumplir con lo que se le había mandado hacer.

De la misma manera, el discípulo que vive por fe no está demostrando un extraordinario compromiso con Cristo, ni avanzando más allá de lo que se espera de él. Simplemente está viviendo de la manera que su amo espera. Moverse por fe, entonces, no es vivir con un mayor grado de compromiso que los demás. Es, simplemente, vivir la vida espiritual como Dios manda. Él nos da a cada momento sus instrucciones, y nosotros obedecemos, haciendo exactamente lo que Él nos indica hacer. No tiene ningún mérito lo que hacemos.

Tratar con especial reverencia a aquellas personas que se mueven por fe no hace más que ofrecer un elocuente testimonio de la pobreza de nuestra propia vida espiritual.

Se cuenta que Jorge Müller, el hombre que fundó incontables orfanatos moviéndose solamente por fe, visitó muchas iglesias en los últimos años de su vida, dando testimonio de cómo el Señor había provisto fielmente para las necesidades de miles de niños. La gente que lo escuchaba se maravillaba del gran compromiso que tenía este hombre. Müller les señalaba, sin embargo, que él no había hecho nada extraordinario. Simplemente escogió creer las promesas del Señor cada día de su larga vida. Había hecho lo que se le pide a todo el que cree en Cristo, y eso no tiene ningún mérito en el reino. Fue, en última instancia, nada más que un siervo inútil.

*Para reflexionar:*
«La fe es al mundo espiritual lo que el dinero es al mundo comercial». Anónimo.

16/05/2026

*Devocional 16 de mayo.*

*La esencia de la fe*
Lucas 17:5–6 (LBLA). Y los apóstoles dijeron al Señor: ¡Auméntanos la fe! 6 Entonces el Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, diríais a este sicómoro: "Desarráigate y plántate en el mar." Y os obedecería.

El concepto de la obediencia aparece tres veces en este corto pasaje sobre la fe. Lo vemos en el texto que hoy nos ocupa, pero también aparece en el versículo 9 y una tercera vez en el versículo 10. La mención de la obediencia en este contexto nos da una importante pista acerca de lo que es, en realidad, la fe.

Entre nosotros es común el concepto de que la persona de fe es aquella que se atreve a pedirle cosas a Dios que nosotros jamás nos atreveríamos a pedir. Miramos con cierta envidia su vida, porque parece conseguir resultados más extraordinarios que los que nosotros conseguimos. Creemos que esto se debe a que esta persona posee mucha fe y se anima a soñar en grande.

La fe, según lo que Cristo enseñó a sus discípulos, está ligada con los proyectos de Dios, no de los hombres. La fe no es un cheque en blanco que Dios le da a sus discípulos para que pidan lo que quieran, sabiendo que Él se compromete a respaldarlos en cualquier cosa que se propongan. Más bien es la convicción de que Dios cumplirá lo que Él ha hablado.

No hace falta más que un rápido recorrido por la vida de algunos de los grandes héroes de la fe para ver que en cada situación no hicieron más que obedecer las instrucciones que habían recibido. Abraham pudo ofrecer a Isaac en sacrificio porque creyó la palabra que había recibido acerca de un heredero. Moisés dividió las aguas del Mar Rojo porque creyó la palabra que recibió de Dios. También sacó agua de la roca porque Dios mismo le había mandado que así lo hiciera. Josué vio la destrucción de Jericó porque aceptó las instrucciones que Dios le dio acerca de aquella ciudad. Elías derrotó a los profetas de Baal porque había hecho todas las cosas según la palabra que había recibido de Dios.

Este es, de hecho, el argumento principal del autor de Hebreos. En el capítulo 4 escribe: « Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado. 2 Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron.» (1–2). De manera que es imposible ejercer fe en algo que no hemos recibido por palabra del Señor, porque la fe solamente es aplicable a aquellas situaciones donde Dios ha hablado con claridad y nos invita a creerle. En el acto de movernos según las instrucciones que hemos recibido es que encontramos la demostración de la fe.

*Para reflexionar:*
«Jamás podrás entender por qué el Señor hace lo que hace; pero si le crees, sólo eso te hará falta. Aprendamos, pues, a confiar en Él por lo que Él es». Elizabet Elliot.

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