20/08/2026
JUEVES 20: VEN AL BANQUETE, VÍSTETE DE FIESTA
(Mt 22,1-14)
Por: Nubia Celis, Verbum Dei
Antes de entrar de lleno al capítulo 22 que se nos propone para este día, te invito a que eches un vistazo al cap. 21 para que te des una idea del contexto en el que Jesús predica las parábolas. Se trata de una serie de discusiones con los sumos sacerdotes y los ancianos, quienes cuestionan a Jesús sobre su autoridad y, a toda costa, buscan quitarlo de en medio.
Recuerda que las parábolas se valen de comparaciones y alegorías, casi siempre con elementos exagerados, para transmitirnos una enseñanza e invitarnos a sacar nuestras propias conclusiones. En la parábola del banquete de bodas, el rey es Dios, el hijo es Jesús, los siervos son los profetas y enviados de Dios, los invitados son el pueblo judío, la ciudad incendiada es Jerusalén, los demás invitados, buenos y malos, son el resto de la gente.
Estos personajes y hechos, reflejan el drama de la historia de salvación. Qué grande es la misericordia de Dios que no se cansa de llamarnos e invitarnos a su Reino de amor. Las bodas son la imagen de la unión de Jesús y la humanidad, tanto amó Dios al mundo que envió a su único Hijo para que todo el que crea en él tenga vida abundante (Jn 3,16). Pero mientras él más nos amaba, más nos alejábamos y le dábamos la espalda.
Esa es la esencia del pecado: darle la espalda a Dios, hacer oído sordo a su llamada y dejarlo con el banquete servido para irnos a llenar el estómago con las algarrobas de los cerdos. El pecado es dejar vacío el lugar que Dios había reservado para nosotros.
¿Qué es eso tan valioso que nos hace rechazar su llamada?
¿Estamos demasiado ocupados y comprometidos con el mundo? ¿Qué reemplaza a Dios en nuestra vida y qué crees que sentirá él al verse rechazado una y otra vez, al punto de que le maten a su propio Hijo? En la parábola, Jesús dice que el rey entró en cólera, envió sus tropas que acabaron con los asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Estas imágenes hacen alusión al juicio final, sirven para advertirnos que las consecuencias del pecado son catastróficas, pues de Dios, nadie se burla (Gal 6,7).
Pero el rey siguió insistiendo y mandó llamar a todos, buenos y malos. En esta ocasión, la sala del banquete se llenó, pero el rey se fijó en que uno había asistido sin traje de fiesta. Hubiera podido sencillamente echarlo del lugar, pero en cambio, mandó que lo ataran de pies y manos y lo arrojaran a las tinieblas. Qué importante era asistir a la fiesta con el traje adecuado, san Agustín llegó a decir que el traje de fiesta se trataba de la caridad; otros lo han relacionado con la fe o las buenas obras.
Para mí el traje adecuado es la vida nueva de la que nos habla San Pablo en Ef 4,24 y en Ef 6, 14. No podemos vivir el seguimiento de Jesús y realizar la misión de cualquier manera; no nos podemos presentar a los demás con el vestido viejo y maloliente de nuestro orgullo, ni mucho menos podemos ser testigos del Reino con nuestros vicios y ataduras. ¡Necesitamos un traje digno, limpio y hermoso! Pues, no solo el que dice Señor, Señor, entrará en el Reino, sino aquél que hace la voluntad del padre.
El traje de fiesta son los consejos evangélicos, las virtudes, el testimonio humilde en el día a día. “Señor, quiero estar lista para asistir al banquete de bodas, responder cuando me llames, sin excusas ni retrasos, con el traje adecuado y con el gozo de decirte sí”.
Hna. Nubia CelisReligiosa de la Fraternidad Misionera Verbum DeiL...