18/12/2024
¡DEJÁ LA VIEJA VIDA DE UNA VEZ!
Por Marcelo Laffitte
El equilibrio sano y perfecto que se da en una iglesia, iglesia que terminará siendo exitosa, es cuando no le cerramos la puerta a ningún pecador, por más negro que sea su pasado. Y sobre todo, cuando ese pecador entra dispuesto a colocar todos sus vicios, debilidades y pecados a los pies de Jesús y no detenerse hasta lograr ser una persona de bien.
Entran pecadores y salen personas redimidas y cambiadas. El equilibrio sano y perfecto.
Debemos tener en claro qué hace Dios y que nos toca hacer a nosotros, los pecadores.
Dios nos otorga, por Gracia, (regalo no merecido) la salvación eterna, tras lavar todos nuestros pecados con su sangre preciosa y hacernos nuevas criaturas. Y nuestro rol es, en primer lugar, creer en todo este proceso de perdón que ejecuta Dios y, en segundo lugar, proponernos, con mucha determinación, abandonar los pecados que nos ataban y no practicarlos más.
Lo que le toca hacer al Señor es instantáneo, lo que nos corresponde a nosotros será un proceso que no deberá detenerse.
Dios no quiere que la iglesia sea un “aguantadero” (sitio de refugio) de pecadores a los que no les interesa la santidad.
Cuando él dice en la Palabra “El que robaba, no robe más” (Efesios 4:28), está sintetizando su clara postura. Pero lo que dice también esa frase es: “El que adulteraba no adultere más”; “El que estafaba no estafe más”; “El que mentía, no lo haga más…”
Y cuando afirma: “Con respecto a la vida que antes llevaban, se les enseñó que debían quitarse el ropaje de la vieja naturaleza, la cual está corrompida por los deseos engañosos” (Efesios 4:22 NVI), lo que está diciendo, sencillamente, es “¡ya dejen de vivir la vida miserable que llevaban antes de conocer a Cristo”.
Los que genuinamente deseen dejarla tendrán que abandonar viejos hábitos y viejos “amigos” cuya amistad se tornará más peligrosa que nunca ahora que invitaron a Jesús a entrar en sus corazones.
Terminando: Habrá que dejar que Dios gobierne sus vidas. Y para saber qué es lo que le agrada al Señor, habrá que leer la Biblia todos los días porque allí está claramente expresada su voluntad.
A los que han dado ese paso: “¡Bienvenidos, queridos hermanos, al Reino de la luz!”