06/08/2021
El camino hacia el reino de los cielos no inicia al morir, cuando abandonamos esta tierra, sino ahora, en vida, en la regeneración.
Durante su vida terrenal, el cristiano experimenta en parte, aquello que recibirá completamente cuando al final habite en Gloria; la santidad, hacer el bien, tener comunión con Dios, amar a Dios sobre todas las cosas, hacen parte del peregrinaje del cristiano, y cada una de esas cosas alcanzará la plenitud el día en que sea llamado a la presencia del Dios vivo.
Por lo tanto, aquel que espera habitar en los lugares celestiales en completa santidad, buscará ser santo desde ahora, anhelando deshacerse más y más de su maldad.
Aquel que espera habitar donde no hay maldad, desde ahora escudriñará diligentemente la voluntad de Dios en la Escritura, para hacer solo lo que es bueno.
Aquél que espera habitar en comunión con Dios por la eternidad, durante su vida terrenal valorará la oración y la comunión con Él como su necesidad y deleite.
Aquel que espera habitar eternamente bajo el Amor de Dios, manifestará su gratitud y amor hacia Él mediante la obediencia, en las palabras del Apóstol Pablo: "prosiguiendo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús" (Fil 3:14) comprometiendo todo su ser en ello.
Si en vida el hombre desprecia todas estas cosas, ¿Cómo aspirará a vivir la plenitud de las mismas?