29/10/2025
En el corazón de nuestra Casa Julio Chevalier, la llama de la fe arde intensamente, iluminando nuestro compromiso misionero. Como Misioneros del Sagrado Corazón, sabemos que nuestra vocación brota directamente del amor compasivo de Jesús, y es bajo el amparo maternal de la Virgen María que encontramos la fuerza y la guía para llevar este mensaje de esperanza. Las Constituciones nos recuerdan la importancia de honrar a Nuestra Señora del Sagrado Corazón, el título que el Padre Julio Chevalier nos legó para que nunca olvidemos que María nos conduce infaliblemente a la fuente de la Misericordia: el Corazón de su Hijo. En estos momentos de profunda oración comunitaria, frente a su imagen serena, reafirmamos nuestro voto de ser el corazón de Dios en el mundo, atentos a los que sufren y a los que más necesitan.
Este sencillo gesto de postrarnos ante la "Madre del Cielo" es el alma de nuestra espiritualidad y el motor que impulsa cada paso de nuestra misión en Colombia. Al igual que en Issoudun, donde nuestro fundador concibió esta Obra, aquí en tierras colombianas, es la intercesión de María la que nos ayuda a transformar las heridas de la sociedad con la ternura del Evangelio. Pedimos a la Patrona de nuestra Congregación que nos siga enseñando a escuchar el clamor de los pobres y a responder con la audacia de la caridad. Que esta luz, encendida en la noche, nos recuerde a todos que en el Corazón de Jesús, a través del Corazón de María, hay siempre un refugio, una esperanza y una vida nueva.