Parroquia Nuestra Señora De La Laguna

Parroquia Nuestra Señora De La Laguna Parroquia Nuestra Señora De La Laguna - Diócesis de Fontibon

26/05/2026

Lecturas para hoy, martes 26 de mayo de 2026

San Felipe Neri, presbítero

Misa

De la Memoria obligatoria; Leccionario Ferial año II:
1P 1,10-16 / Sal 98(97), 1.2-3ab.3c-4 (R. 2a) /
Mc 10,28-31

Primera lectura
1 Pe 1, 10-16

Profetizaron sobre la gracia destinada a ustedes, por eso, manteniéndose sobrios, confíen plenamente

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro.

Queridos hermanos:
Sobre la salvación de las almas estuvieron explorando e indagando los profetas
que profetizaron sobre la gracia destinada a ustedes
tratando de averiguar a quién y a qué momento apuntaba
el Espíritu de Cristo que había en ellos
cuando atestiguaba por anticipado la pasión del Mesías
y su consiguiente glorificación.
Y se les reveló que no era en beneficio propio,
sino en el de ustedes
por lo que administraban estas cosas
que ahora les anuncian quienes les proclaman el Evangelio
con la fuerza del Espíritu Santo enviado desde el cielo.
Son cosas que los mismos ángeles desean contemplar.
Por eso, ceñidos los lomos de su mente y, manteniéndose sobrios, confíen plenamente en la gracia que se les dará en la revelación de Jesucristo.
Como hijos obedientes, no se amolden a las aspiraciones que tenían antes, en los días de su ignorancia.
Al contrario, lo mismo que es santo el que los llamó, sean santos también ustedes en toda su conducta, porque está escrito: «Serán santos, porque yo soy santo».

Palabra de Dios.

Salmo
Sal 97, 1bcde. 2-3ab. 3c-4 (R.: 2a)

R. El Señor da a conocer su salvación.

V. Canten al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R.

V. El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia.
Se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R.

V. Los confines de la tierra han contemplado
la salvación de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
griten, vitoreen, toquen. R.

Aclamación
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del reino a los pequeños. R.

Evangelio
Mc 10, 28-31

Recibirán en este tiempo cien veces más, con persecuciones, y en la edad futura, vida eterna

Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús:
«Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».
Jesús dijo:
«En verdad les digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, que no reciba ahora, en este tiempo, cien veces más —casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones— y en la edad futura, vida eterna. Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros».

Palabra del Señor.

Lectio Divina

1. (año II) 1 Pedro 1,10-16



a) Si ayer hablaba Pedro de la herencia y la esperanza que nos concede Dios en su misericordia, hoy sigue con el tema, pero situándolo como en tres etapas:



- en el pasado, los profetas del AT, inspirados ya por el Espíritu de Jesús, escrutaban el futuro y «predecían la gracia destinada a vosotros», porque «se les reveló que aquello no era para su tiempo, sino para el vuestro»;



— ahora, los predicadores cristianos, también inspirados por el Espíritu, nos anuncian la buena noticia: que en Cristo Jesús, en su muerte y resurrección, se cumple todo lo anunciado antes;



— y todavía queda otra perspectiva, la del futuro: «estad interiormente preparados para la acción, a la expectativa del don que os va a traer la revelación de Jesucristo».



Mientras tanto, el autor de la carta quiere que los cristianos se controlen, que vivan en la obediencia, que no se amolden a los deseos de antes, sino que vivan en santidad, imitando la santidad del mismo Dios: «Seréis santos porque yo soy santo».



b) Los cristianos vivimos entre la memoria y la profecía, entre el ayer y el mañana. Y sobre todo en la vivencia del presente, del hoy, atentos a los valores fundamentales de nuestra salvación, la salvación que nos ofrece Dios por Cristo, la comunión en su vida.



Si miráramos más de dónde venimos y a dónde vamos, viviríamos más lúcidamente nuestro presente. No sólo porque nuestra existencia estaría transida de esperanza, sino también porque asumiríamos con decisión el compromiso de vivir vigilantes, no dormidos ni indolentes, sino con disponibilidad absoluta, guiados por Cristo, con la consigna de no amoldarnos ya a los criterios de este mundo sino a los de Dios.



Cada Eucaristía nos hace ejercitar esta actitud de memoria del pasado, de profecía abierta al futuro y de celebración vivencial del presente: «Cada vez que coméis este pan y bebéis esta copa (hoy), anunciáis la muerte del Señor (ayer) hasta que venga (mañana)» (1 Corintios 11,26).



Por eso la Eucaristía, con la luz de la Palabra y la fuerza de la comunión, nos va ayudando a ordenar nuestros pensamientos, a ir creciendo en la unidad interior de toda la persona, en marcha desde el ayer al mañana, viviendo el hoy con serenidad y empeño. La Eucaristía es nuestro mejor «viático», nuestro alimento para el camino.



2. Marcos 10,28-31



a) Ayer el joven rico se marchó triste, sin decidirse a seguir a Jesús. Hoy Pedro, que sí le ha seguid, se lo recuerda: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido». El resto ya se sobreentiende (y Mateo lo explicita en su evangelio): ¿qué recibiremos en cambio?



La respuesta de Jesús es esperanzadora y misteriosa a la vez: «Recibirá en este tiempo cien veces más y en la edad futura vida eterna». No se trata de cantidades aritméticas y tantos por ciento. La respuesta se refiere a la nueva familia que se crea en torno a Jesús: dejamos un hermano y encontramos cien. Ya había descrito Jesús cuáles eran los lazos de esta nueva familia: «¿Quién es mi madre y mis hermanos? Quien cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre» (Mc 3,345).



b) En el fondo de la interpelación de Pedro está su concepto político e interesado del mesianismo, un concepto todavía muy poco maduro. ¿Pregunta acaso una madre cuánto le van a pagar por su trabajo? ¿pone un amigo precio a un favor? ¿pasó factura Jesús por su entrega en la cruz? Los discípulos buscan puestos de honor, recompensas humanas, soluciones económicas y políticas. Jesús y su Espíritu les irán ayudando a madurar en su fe, hasta que después de la Pascua se entreguen también ellos gratuita y generosamente al servicio de Cristo Jesús y de la comunidad, hasta su muerte.



Una experiencia de ese ciento por uno que promete Jesús la tienen tantos cristianos laicos que desde su condición en la sociedad entregan sus mejores energías a trabajar por el Reino de Dios. Ya saben lo que es la generosidad de Dios en este mundo, a la vez que esperan en el otro la vida eterna prometida al siervo bueno y fiel.



De un modo especial esta experiencia la tienen los que han abrazado la vida religiosa o el ministerio ordenado dentro de la comunidad como estado Permanente de vida. Han entrado en la dinámica de este otro género de familia y parentesco: los hermanos y los hijos los cuentan por centenares y miles. No han formado familia propia, pero no por eso han dejado de amar: al contrario, están más plenamente disponibles para todos, movidos de un amor universal, no por una paga a corto plazo.



Unos y otros saben también que Sigue siendo verdad una palabra muy breve pero muy realista que Marcos ha añadido a la lista de las ventajas: «con Persecuciones». Jesús promete la vida eterna, después, y ya desde ahora una gran satisfacción. Pero no asegura el éxito y la felicidad y el aplauso de todos. En todo caso, la felicidad del que se sacrifica por los demás. Lo que sí promete es la cruz y las persecuciones. Una cruz que estaba incluida también en su programa mesiánico y que varias veces ha asegurado que les tocará llevar también a sus discípulos. Lo que vale cuesta. A la Pascua salvadora se llega por el vía crucis del Viernes Santo. El amor muchas veces supone sacrificio. Pero vale la pena.



«El que observa la ley hace una buena ofrenda» (1a lectura, I)



«Cuando ofreces, pon buena cara» (1a lectura, I)



«Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios» (salmo, I)



«Estad preparados, en la espera del don que os traerá la revelación de Jesucristo» (1a lectura, 1)



«Recibirá cien veces más en este tiempo, y en la edad futura, vida eterna» (evangelio)



Aldazábal, J. (1996).
Enséñame tus caminos 4.
Tiempo ordinario, semanas 1-9.
CENTRO DE PASTORAL LITURGICA.

25/05/2026

Lecturas para hoy, lunes 25 de mayo de 2026

Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia

Misa

De la Memoria obligatoria.
Leccionario de los santos:
Gn 3, 9 - 15.20 O bien: Hch 1, 12 – 14/
Sal. 86(87), 1-2,3 y 5.6-7 R/ (3)
Jn 19, 25 - 34

Primera lectura
Gen 3, 9-15. 20

La madre de todos los que viven

Lectura del libro del Génesis.

Después de comer Adán del árbol, el Señor Dios lo llamó y le dijo:
«¿Dónde estás?».
Él contestó:
«Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí».
El Señor Dios le replicó:
«¿Quién te informó de que estabas desnudo?, ¿es que has comido del árbol del que te prohibí comer?».
Adán respondió:
«La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto y comí».
El Señor Dios dijo a la mujer:
«¿Qué has hecho?».
La mujer respondió:
«La serpiente me sedujo y comí».
El Señor Dios dijo a la serpiente:
«Por haber hecho eso, maldita tú
entre todo el ganado y todas las fieras del campo;
te arrastrarás sobre el vientre
y comerás polvo toda tu vida;
pongo hostilidad entre ti y la mujer,
entre tu descendencia y su descendencia;
esta te aplastará la cabeza
cuando tú la hieras en el talón».
Adán llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven.

Palabra de Dios.

o bien:

Hch 1, 12-14

Perseveraban en la oración junto con María, la madre de Jesús

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

Después de que Jesús fue levantado al cielo, los apóstoles volvieron a Jerusalén, desde el monte que llaman de los Olivos, que dista de Jerusalén lo que se permite caminar en sábado. Cuando llegaron, subieron a la sala superior, donde se alojaban: Pedro y Juan y Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago el de Alfeo y Simón el Zelotes y Judas el de Santiago.
Todos ellos perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y María, la madre de Jesús, y con sus hermanos.

Palabra de Dios.

Salmo
Sal 86, 1b-2. 3 y 5. 6-7 (R.: 3)

R. Qué pregón tan glorioso para ti,
ciudad de Dios.

V. Él la ha cimentado sobre el monte santo;
y el Señor prefiere las puertas de Sion
a todas las moradas de Jacob. R.

V. ¡Qué pregón tan glorioso para ti,
ciudad de Dios!
Se dirá de Sion: «Uno por uno,
todos han nacido en ella;
el Altísimo en persona la ha fundado». R.

V. El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
«Este ha nacido allí».
Y cantarán mientras danzan:
«Todas mis fuentes están en ti». R.

Aclamación
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Oh, feliz Virgen, que engendraste al Señor; oh, santa Madre de la Iglesia, que mantienes en nosotros el Espíritu de tu Hijo Jesucristo. R.

Evangelio
Jn 19, 25-34

Ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu madre

Lectura del santo Evangelio según san Juan.

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena.
Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre:
«Mujer, ahí tienes a tu hijo».
Luego, dijo al discípulo:
«Ahí tienes a tu madre».
Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.
Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dijo:
«Tengo sed».
Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo:
«Está cumplido».
E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día grande, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había mu**to, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua.

Palabra del Señor.

Lectio Divina

María, la primera cristiana



Queridos hermanos y hermanas:



Hoy queremos volver la mirada hacia María, la Madre del Señor. Pero no para contemplarla desde lejos, como una figura inalcanzable, cubierta de privilegios que la separan de nuestra vida. Hoy queremos mirarla como lo hace el Evangelio: como mujer creyente, como discípula, como hermana en el camino de la fe. Queremos descubrir en ella lo que José Aldazábal tan bellamente llama la primera cristiana.



Y es que María no fue solo la madre de Jesús por vínculos de sangre. Fue madre porque creyó. Porque escuchó, acogió, meditó y obedeció. Fue la primera en abrir el corazón al anuncio de la salvación. Fue la primera en recorrer el camino del discipulado, muchas veces sin comprender del todo, pero siempre confiando.



Aldazábal lo expresa así: “El momento que vivimos es una época de examen y renovación... La renovación posconciliar ha subrayado la centralidad de Cristo, de la Pascua, del domingo, de la Eucaristía: y esto ha hecho que se hayan replanteado algunas perspectivas de pensamiento y de oración en torno a la Virgen María” (1992, p. 7). Es decir, nuestra mirada mariana necesita también renovarse, purificarse, volver al centro: a Cristo. Y María es la que mejor nos conduce a Él.



Ella es la oyente de la Palabra. No solo escuchó con los oídos, sino con el corazón. Meditaba todo en lo profundo, no se dejó llevar por la inmediatez ni por el protagonismo. Su fe no fue pasiva, sino activa, abierta a la sorpresa de Dios, dispuesta a cambiar los planes cuando el Señor así lo pedía.



Queridos hermanos, ¿no es eso lo que necesitamos nosotros también? ¿Una fe que se deja sorprender? ¿Una fe que confía, aunque no entienda? ¿Una fe que se vive desde lo pequeño, desde lo cotidiano, desde la fidelidad silenciosa?



María fue también la mujer que se mantuvo en pie junto a la cruz. No huyó, no se escondió. Su fidelidad no dependía de los signos visibles del triunfo. Ella siguió creyendo cuando todo parecía perdido. Allí, en el Calvario, se convirtió en Madre de todos. Madre de la Iglesia. Madre nuestra.



Aldazábal señala que María fue “la que se ofreció junto con su Hijo”, “experta en dolor y fiel a su vocación”, “Auxiliadora en tiempos difíciles” (1992, p. s/n). ¡Qué consuelo nos da esto! Saber que María conoce el dolor, que lo abrazó con fe, que no lo negó ni lo evitó. Ella puede acompañar nuestras cruces. Puede sostenernos en nuestras noches, en nuestras pérdidas, en nuestras preguntas sin respuesta.



Pero no es solo mujer del dolor. Es también mujer de la esperanza. Porque supo esperar, supo perseverar con los discípulos, supo estar en la espera del Espíritu en Pentecostés. Ella es figura de la Iglesia orante. Ella enseña a orar con paciencia, a permanecer cuando todo parece lento, a confiar en que Dios actúa a su tiempo.



Y además —dice Aldazábal— es “una sencilla mujer del pueblo”. No nació en palacio. No fue doctora, ni reina de ejércitos. Fue una joven de Nazaret. Una mujer sencilla, trabajadora, del pueblo. Es decir, nos representa. Nos acerca. No es la “distinta”, sino la “primera”. La que nos muestra el camino posible de la fe.



Por eso no temamos amar a María. No tengamos miedo de honrarla, de acercarnos a ella, de pedir su ayuda. Pero que nuestro amor a María no nos aleje de Cristo, sino que nos conduzca a Él. Que no sea evasión, sino compromiso. Que no sea sentimentalismo vacío, sino imitación sincera. Como decía san Luis María Grignion de Montfort: “a Jesús por María”.



Queridos hermanos: pidamos hoy a María que nos enseñe a creer como ella. A escuchar como ella. A confiar, a esperar, a entregarnos como ella. Que nos enseñe a vivir el Evangelio en lo concreto, en lo escondido, en lo cotidiano. Que sea para nosotros verdadera madre, verdadera compañera de camino, verdadero ejemplo.



Porque, como dice Aldazábal: “sin prescindir de aquellos privilegios que hacen de María una criatura singular y única, el autor intenta mostrar un retrato de la Virgen que, lejos de enfriar nuestro amor, le dé mayor profundidad y sentimiento” (1992, p. 13). Que así sea para nosotros.



Aldazábal, J. (1992).
María: la primera cristiana (Emaús, 2).
Barcelona: Centro de Pastoral Litúrgica.

24/05/2026

Eucaristía Domingo 24 Mayo - 6 p.m.

24/05/2026
24/05/2026
23/05/2026

Lecturas para hoy, sábado Vigilia de Pentecostés

Misa

De la Vigilia; Gl.; Cr.; Prf. de Pentecostés. Canon Romano: «Reunidos en comunión» propio. Bendición final solemne; en la despedida se agrega doble Aleluya.
Leccionario Dominical A:
1ª lectura: Gn 11, 1-9 / Sal 32, 10-11.12-13.14-15 (R. cf. 12b)
2ª lectura: Éx 19, 3-8a.16-20b / Sal Dn 3, 52a y c.53a.55a.56 (R. cf. 52b) o Sal 18, 8.9.10.11 (R. cf. Jn 6, 68c)
3ª lectura: Ez 37, 1-14 / Sal 106, 2-3.4-5.6-7.8-9 (R. cf. 1)
4ª lectura: Jl 3, 1-5 / Sal 104(103), 1-2a.24 y 35c.27-28.29bc-30 (R. cf. 30)
Epístola: Rm 8, 22-27
Evangelio: Jn 7, 37-39.

Primera lectura
Hch 28, 16-20. 30-31

Permaneció en Roma, predicando el reino de Dios

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

Cuando llegamos a Roma, le permitieron a Pablo vivir por su cuenta en una casa, con el soldado que lo vigilaba.
Tres días después, convocó a los judíos principales y, cuando se reunieron, les dijo:
«Yo, hermanos, sin haber hecho nada contra el pueblo ni contra las tradiciones de nuestros padres, fui entregado en Jerusalén como prisionero en manos de los romanos. Me interrogaron y querían ponerme en libertad, porque no encontraban nada que mereciera la muerte; pero, como los judíos se oponían, me vi obligado a apelar al César; aunque no es que tenga intención de acusar a mi pueblo. Por este motivo, pues, los he llamado para verlos y hablar con ustedes; pues por causa de la esperanza de Israel llevo encima estas cadenas».
Permaneció allí un bienio completo en una casa alquilada, recibiendo a todos los que acudían a verlo, predicándoles el reino de Dios y enseñando lo que se refiere al Señor Jesucristo con toda libertad, sin estorbos.

Palabra de Dios.

Salmo
Sal 10, 4. 5 y 7 (R.: cf. 7b)

R. Los buenos verán tu rostro, Señor.

O bien:

R. Aleluya.

V. El Señor está en su templo santo,
el Señor tiene su trono en el cielo;
sus ojos están observando,
sus pupilas examinan a los hombres. R.

V. El Señor examina a inocentes y culpables,
y al que ama la violencia él lo odia.
Porque el Señor es justo y ama la justicia:
los buenos verán su rostro. R.

Aclamación
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor. R.

Evangelio
Jn 21, 20-25

Este es el discípulo que ha escrito esto, y su testimonio es verdadero

Lectura del santo Evangelio según san Juan.

En aquel tiempo, Pedro, volviéndose, vio que los seguía el discípulo a quien Jesús amaba, el mismo que en la cena se había apoyado en su pecho y le había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?».
Al verlo, Pedro dice a Jesús:
«Señor, y este, ¿qué?».
Jesús le contesta:
«Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme».
Entonces se empezó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no moriría. Pero no le dijo Jesús que no moriría, sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué?».
Este es el discípulo que da testimonio de todo esto y lo ha escrito; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero.
Muchas otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni el mundo entero podría contener los libros que habría que escribir.

Palabra del Señor.

Lectio Divina

1. Hechos 28,16-20. 30-31



a) El último pasaje de los Hechos que leemos resume los dos años que Pablo estuvo en Roma en su primer cautiverio. Nos saltamos, por tanto, lo que se cuenta de su viaje por mar, lleno de peripecias, y su estancia en Malta.



En Roma estaba alojado en una casa, con un arresto domiciliario vigilado. Pero nadie le impedía hacer lo que él siempre había querido hacer: evangelizar, anunciar a Cristo Jesús. Y ahora precisamente en el centro del imperio y del mundo: Roma.



Llamó ante todo a los principales de los judíos, ante los que se justificó y les dio su versión del proceso que había tenido lugar en Jerusalén contra él. Pero también predicó a otros muchos, «enseñando la vida del Señor Jesucristo con toda libertad».



No fue en este cautiverio en Roma cuando dio testimonio con su muerte. Al ser liberado, visitó otras comunidades y seguramente viajó a España, como ya había anunciado que iba a hacer. En una segunda detención en Roma es cuando su confesión de Cristo terminó en el martirio, hacia el año 67.



b) Con arresto domiciliario o no, a Pablo nada le impide predicar a Cristo. Ahora da testimonio de Jesús en Roma, como ya le había anunciado el Señor en una visión. Y como había encargado a los discípulos el día de la Ascensión: que dieran testimonio de él empezando en Jerusalén y llegando hasta los confines de la tierra.



Es incansable este apóstol. La fe inquebrantable que tiene en Jesús le mueve en todo momento y da sentido a toda su actuación. Y cuando se trata, no de sus derechos personales, sino de la evangelización, se defiende con inteligencia, para que la Palabra no quede nunca encadenada.



También nosotros, al final de la Pascua, y en vísperas de recibir de nuevo la gracia del Espíritu en la fiesta de Pentecostés, tendríamos que aprender mayor generosidad y decisión en nuestra vida de cristianos, en nuestro seguimiento de Jesús, el Señor Resucitado.



En ciertas ocasiones podemos sentirnos también nosotros en parte coartados por la sociedad o por sus leyes, o mal interpretados en nuestras intenciones. Pero si de veras creemos en el Resucitado, que sigue presente, y confiamos en su Espíritu, que sigue siendo vida, fuego, savia y alegría de la comunidad eclesial, la energía de la Pascua debería durarnos y notársenos a lo largo de todo el año en nuestro estilo de vida.



2. Juan 21, 20-25



a) La escena de ayer, con el diálogo de Jesús y Pedro, sigue hoy, a partir de la invitación hecha a Pedro: «sígueme».



Este pasaje probablemente se tuvo que añadir en el evangelio de Juan para salir al paso de unos malentendidos que había sobre Juan, el discípulo amado de Jesús, a quien algunos parecían atribuir la inmortalidad o poco menos, y que a otros resultaría extraño que no le hubieran asignado como sucesor de Pedro cuando éste murió mártir en Roma.



Pedro tiene una intervención poco afortunada sobre si también tenía que seguirles Juan. La respuesta de Jesús fue un tanto seca, volviéndole a decir que él le siguiera, sin preocuparse de Juan.



El evangelio de Juan termina afirmando que Jesús «hizo muchas otras cosas», pero que no caben en los libros.



b) La escena de Pedro preocupado por Juan, que bien pudo ser debida a unos ciertos celos, nos demuestra que la fe va madurando muy poco a poco. Que todos somos débiles, y tendemos a mezclar en nuestra actuación motivos espirituales y otros muy humanos y no tan confesables.



Pero Pedro maduró por obra del Espíritu, y nos dio más tarde magníficos testimonios de su amor a Jesús. Él todavía no sabe que irá a Roma y que allí, después de un apostolado también lleno de valentía y de entrega, confesará con su vida a Cristo ante las autoridades romanas, él que le había negado ante una criada.



Mientras tanto, el evangelio de Juan parece como si no acabara: hay muchas otras cosas de Cristo que no caben en los libros. Ahí estamos nosotros, los que creemos en Jesús dos mil años después, los que no le hemos visto pero le seguimos. Los que estamos desplegando la Pascua en la historia que nos toca vivir. Los que hemos celebrado estas siete semanas, que concluirán con el don mejor del Resucitado, su Espíritu. Nosotros, que estamos intentando vivir en cristiano y anunciar ante el mundo que Cristo Jesús es el que da sentido a toda la historia y a nuestra vida. Y que nos estamos dejando llevar por el Espíritu de Jesús a la verdad plena, a la verdad encarnada en cada generación.



Porque la finalidad de todo el evangelio, como dice Juan en su primera conclusión, es que todos crean «que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre» (Jn 20,31).



«Los discípulos se dedicaban a la oración en común» (entrada)



«Concédenos conservar siempre en nuestra vida la alegría de estas fiestas de Pascua» (oración)



«Porque el Señor es justo y ama la justicia, los buenos verán su rostro» (salmo)



«Jesús dijo a Pedro: Sígueme» (evangelio)



«Ayúdanos a pasar de la vida del pecado a la nueva vida del Espíritu» (poscomunión)



Aldazábal, J. (1996).
Enséñame tus caminos 3.
El tiempo pascual, día tras día, pp. 158-160.
CENTRO DE PASTORAL LITURGICA.

23/05/2026

Lecturas para hoy, sábado 23 de mayo de 2023

Misa

De la Feria; Prf. de Pascua I-V o de Ascensión I-III.
Leccionario Ferial-Adviento a Pascua:
Hch 28,16-20.30-31 /
Sal 11(10),4. 5+7
(R. cf. 7b) /
Jn 21,20-25.

Primera lectura
Hch 28, 16-20. 30-31

Permaneció en Roma, predicando el reino de Dios

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

Cuando llegamos a Roma, le permitieron a Pablo vivir por su cuenta en una casa, con el soldado que lo vigilaba.
Tres días después, convocó a los judíos principales y, cuando se reunieron, les dijo:
«Yo, hermanos, sin haber hecho nada contra el pueblo ni contra las tradiciones de nuestros padres, fui entregado en Jerusalén como prisionero en manos de los romanos. Me interrogaron y querían ponerme en libertad, porque no encontraban nada que mereciera la muerte; pero, como los judíos se oponían, me vi obligado a apelar al César; aunque no es que tenga intención de acusar a mi pueblo. Por este motivo, pues, los he llamado para verlos y hablar con ustedes; pues por causa de la esperanza de Israel llevo encima estas cadenas».
Permaneció allí un bienio completo en una casa alquilada, recibiendo a todos los que acudían a verlo, predicándoles el reino de Dios y enseñando lo que se refiere al Señor Jesucristo con toda libertad, sin estorbos.

Palabra de Dios.

Salmo
Sal 10, 4. 5 y 7 (R.: cf. 7b)

R. Los buenos verán tu rostro, Señor.

O bien:

R. Aleluya.

V. El Señor está en su templo santo,
el Señor tiene su trono en el cielo;
sus ojos están observando,
sus pupilas examinan a los hombres. R.

V. El Señor examina a inocentes y culpables,
y al que ama la violencia él lo odia.
Porque el Señor es justo y ama la justicia:
los buenos verán su rostro. R.

Aclamación
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Les enviaré el Espíritu de la verdad —dice el Señor—; él los guiará hasta la verdad plena. R.

Evangelio
Jn 21, 20-25

Este es el discípulo que ha escrito esto, y su testimonio es verdadero

Lectura del santo Evangelio según san Juan.

En aquel aquel tiempo, Pedro, volviéndose, vio que los seguía el discípulo a quien Jesús amaba, el mismo que en la cena se había apoyado en su pecho y le había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?».
Al verlo, Pedro dice a Jesús:
«Señor, y este, ¿qué?».
Jesús le contesta:
«Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme».
Entonces se empezó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no moriría. Pero no le dijo Jesús que no moriría, sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué?».
Este es el discípulo que da testimonio de todo esto y lo ha escrito; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero.
Muchas otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni el mundo entero podría contener los libros que habría que escribir.

Palabra del Señor.

Lectio Divina

1. Hechos 28,16-20. 30-31



a) El último pasaje de los Hechos que leemos resume los dos años que Pablo estuvo en Roma en su primer cautiverio. Nos saltamos, por tanto, lo que se cuenta de su viaje por mar, lleno de peripecias, y su estancia en Malta.



En Roma estaba alojado en una casa, con un arresto domiciliario vigilado. Pero nadie le impedía hacer lo que él siempre había querido hacer: evangelizar, anunciar a Cristo Jesús. Y ahora precisamente en el centro del imperio y del mundo: Roma.



Llamó ante todo a los principales de los judíos, ante los que se justificó y les dio su versión del proceso que había tenido lugar en Jerusalén contra él. Pero también predicó a otros muchos, «enseñando la vida del Señor Jesucristo con toda libertad».



No fue en este cautiverio en Roma cuando dio testimonio con su muerte. Al ser liberado, visitó otras comunidades y seguramente viajó a España, como ya había anunciado que iba a hacer. En una segunda detención en Roma es cuando su confesión de Cristo terminó en el martirio, hacia el año 67.



b) Con arresto domiciliario o no, a Pablo nada le impide predicar a Cristo. Ahora da testimonio de Jesús en Roma, como ya le había anunciado el Señor en una visión. Y como había encargado a los discípulos el día de la Ascensión: que dieran testimonio de él empezando en Jerusalén y llegando hasta los confines de la tierra.



Es incansable este apóstol. La fe inquebrantable que tiene en Jesús le mueve en todo momento y da sentido a toda su actuación. Y cuando se trata, no de sus derechos personales, sino de la evangelización, se defiende con inteligencia, para que la Palabra no quede nunca encadenada.



También nosotros, al final de la Pascua, y en vísperas de recibir de nuevo la gracia del Espíritu en la fiesta de Pentecostés, tendríamos que aprender mayor generosidad y decisión en nuestra vida de cristianos, en nuestro seguimiento de Jesús, el Señor Resucitado.



En ciertas ocasiones podemos sentirnos también nosotros en parte coartados por la sociedad o por sus leyes, o mal interpretados en nuestras intenciones. Pero si de veras creemos en el Resucitado, que sigue presente, y confiamos en su Espíritu, que sigue siendo vida, fuego, savia y alegría de la comunidad eclesial, la energía de la Pascua debería durarnos y notársenos a lo largo de todo el año en nuestro estilo de vida.



2. Juan 21, 20-25



a) La escena de ayer, con el diálogo de Jesús y Pedro, sigue hoy, a partir de la invitación hecha a Pedro: «sígueme».



Este pasaje probablemente se tuvo que añadir en el evangelio de Juan para salir al paso de unos malentendidos que había sobre Juan, el discípulo amado de Jesús, a quien algunos parecían atribuir la inmortalidad o poco menos, y que a otros resultaría extraño que no le hubieran asignado como sucesor de Pedro cuando éste murió mártir en Roma.



Pedro tiene una intervención poco afortunada sobre si también tenía que seguirles Juan. La respuesta de Jesús fue un tanto seca, volviéndole a decir que él le siguiera, sin preocuparse de Juan.



El evangelio de Juan termina afirmando que Jesús «hizo muchas otras cosas», pero que no caben en los libros.



b) La escena de Pedro preocupado por Juan, que bien pudo ser debida a unos ciertos celos, nos demuestra que la fe va madurando muy poco a poco. Que todos somos débiles, y tendemos a mezclar en nuestra actuación motivos espirituales y otros muy humanos y no tan confesables.



Pero Pedro maduró por obra del Espíritu, y nos dio más tarde magníficos testimonios de su amor a Jesús. Él todavía no sabe que irá a Roma y que allí, después de un apostolado también lleno de valentía y de entrega, confesará con su vida a Cristo ante las autoridades romanas, él que le había negado ante una criada.



Mientras tanto, el evangelio de Juan parece como si no acabara: hay muchas otras cosas de Cristo que no caben en los libros. Ahí estamos nosotros, los que creemos en Jesús dos mil años después, los que no le hemos visto pero le seguimos. Los que estamos desplegando la Pascua en la historia que nos toca vivir. Los que hemos celebrado estas siete semanas, que concluirán con el don mejor del Resucitado, su Espíritu. Nosotros, que estamos intentando vivir en cristiano y anunciar ante el mundo que Cristo Jesús es el que da sentido a toda la historia y a nuestra vida. Y que nos estamos dejando llevar por el Espíritu de Jesús a la verdad plena, a la verdad encarnada en cada generación.



Porque la finalidad de todo el evangelio, como dice Juan en su primera conclusión, es que todos crean «que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre» (Jn 20,31).



«Los discípulos se dedicaban a la oración en común» (entrada)



«Concédenos conservar siempre en nuestra vida la alegría de estas fiestas de Pascua» (oración)



«Porque el Señor es justo y ama la justicia, los buenos verán su rostro» (salmo)



«Jesús dijo a Pedro: Sígueme» (evangelio)



«Ayúdanos a pasar de la vida del pecado a la nueva vida del Espíritu» (poscomunión)



Aldazábal, J. (1996).
Enséñame tus caminos 3.
El tiempo pascual, día tras día, pp. 158-160.
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