Somos una institución de la Iglesia universal y de cada Iglesia particular, surgidas con el objetivo de apoyar la actividad misionera en las regiones y ámbitos no cristianos. Tienen la finalidad de alentar la conciencia misionera del Pueblo de Dios, así como de favorecer la cooperación entre las Iglesias por medio de la oración, el recíproco intercambio de vocaciones misioneras y la ayuda material
de las comunidades cristianas en favor de los más necesitados. Realizan su tarea a través de sus Direcciones Diocesanas y de los Institutos Misioneros, nacidos prioritariamente para servir al anuncio de la Buena Noticia en el mundo. Vinculadas al Sumo Pontífice como principio visible de la unidad y universalidad de la Iglesia, y a su disposición para cumplir el mandato misionero, a la vez que son Obras del Papa, lo son del Colegio de los Obispos y de todo el Pueblo de Dios. Dependen de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, que se encarga de atender las necesidades misioneras de la Iglesia: proveer personal evangelizador, ayudar a las Iglesias jóvenes, fomentar el espíritu misionero en la Iglesia universal y recabar los medios necesarios para llevar adelante la tarea misionera. Las Obras Misionales Pontificias son cuatro, pero constituyen un solo organismo. Cada una es una rama de un único árbol. Ellas ocupan el puesto central en la cooperación misionera ya que cada una abraza un campo concreto y fundamental en la animación misionera. Con ellas se pretende desertar, avivar, mantener y formar el espíritu misionero en todo el pueblo de Dios. Son Obras... Porque no son actividades transitorias, apoyan los territorios de misión y son importantes para la educación y maduración en la fe. Son Pontificias... Porque son apoyadas, estimuladas y alentadas por el Papa. Son Misionales... Porque su principal objetivo es despertar, avivar, mantener y sostener en todo el Pueblo de Dios su espíritu y dimensión misionera.