02/08/2026
Hermanos, la Liturgia de la Palabra de este domingo nos recuerda algo hermoso: tenemos un Dios que está cerca de la humanidad.
El Evangelio nos muestra a un Jesús que, tras enterarse de la muerte de Juan el Bautista, busca un lugar apartado porque necesita estar solo. Pero la gente lo sigue. Y ante esa multitud, Jesús no reacciona con molestia; al contrario, se queda, atiende a los enfermos y pasa todo el día con ellos.
¡Qué gran lección! A pesar de estar viviendo su propio dolor, Jesús no deja de ver el sufrimiento de los demás. Esto no significa que debamos olvidarnos de nosotros mismos o estar disponibles para todo el mundo a toda hora; significa que nuestro propio dolor no tiene por qué volvernos indiferentes.
Cuando Jesús les dice a sus discípulos "denles ustedes de comer", seguramente ellos se quedaron desconcertados, pensando: *¿De dónde vamos a sacar comida para tanta gente?* Solo tenían cinco panes y dos peces. Era muy poco.
¿Cuántas veces nos sentimos así? Vemos una necesidad, pero también tenemos nuestras propias obligaciones, poco tiempo y problemas personales. Sentimos que no podemos ayudar como quisiéramos.
Pero miren qué gesto tan bello tiene Jesús: no regaña a sus discípulos por tener poco. Simplemente les pide: "Traigan lo que hay". Y eso cambia todo. Porque no se trata de resolver la vida de todo el mundo, se trata de no despreciar esa ayuda pequeña que sí podemos ofrecer.
A veces, una persona no necesita soluciones grandiosas; necesita una llamada, un momento de escucha, o una ayuda concreta. Puede ser un plato de comida, una visita, un consejo o simplemente compañía. Son cosas sencillas, pero cuando uno atraviesa un mal momento, se agradecen de verdad.
La multiplicación de los panes nos lleva directo a la Eucaristía. Jesús toma el pan, da gracias, lo parte y lo comparte. Nosotros recibimos ese mismo pan cada domingo, pero no solo para sentirnos bien, sino para aprender a mirar a los demás como Jesús nos miró.
Tal vez tú o yo sintamos que tenemos poco, pero no se desanimen. Miren con sinceridad qué es eso que sí pueden compartir y ofrézcanlo sin hacer ruido. Jesús sabe el bien inmenso que puedes hacer con un gesto sencillo que nace del corazón.
Dios los bendiga. Amén