09/01/2023
Ayer pasé por la ciudad de Bogotá antes de salir de nuevo a un campo de verano en Moñitos, Córdoba. Entrando por la autopista pensaba que el tiempo de navidad ya se acaba y las luces en las calles y en las ventanas de las casas empiezan a apagarse poco a poco... Recordé lo que sentí muchas veces de niño y de joven… una sensación de vació en el estómago… tocar con el olfato el olor a chicote, con los ojos las paredes frías de los edificios, oir el gris-lluvioso. Sentía que esas luces de navidad que se apagaban en el mundo visible, tambíen lo hacían en mi alma. Es la desesperanza de creer lo que nos han dicho por tanto tiempo: el mundo, y sobre todo los jovenes, están perdidos.
Es cierto que el mundo muchas veces lo encontramos cubierto por una espesa nube que impide que los rallos del sol lo penetren y desvanezcan la tiniebla. Con cada año que pasa, misionando por pequeñas veredas de Colombia, veo como esa oscuridad se extiende a los rincones más apartados, teniendo cómo medio los computadores y celulares que sirven de caño que llevan todo el estiercol que producimos en las ciudades.
El origen de este oscurecimiento del entendimiento, la inteligencia y la voluntad humana, han sido originados cuando Adán y Eva se apropiaron de lo que es bueno y lo que es malo…
En fin, eso fue lo que recordé sentir cuando entraba por la autopista…
Lo que sentí fue muy diferente.
No es sólo un algoritmo que me muestra lo que yo quiero, percibí y creo es que no hay nada que pueda apagar la luz que llevamos dentro si permanecemos unidos a Cristo, si dejamos que Él sea el aceite, la chispa y el mismo fuego que arde interiormente para iluminar a todos aquellos que se nos acercan.
Lo que he vivido estos días es una cara completamente diferente de la que nos llega por esas pantallas...
¡Ese niño que nació en Belén hace 2023 años prendió una hoguera en un establo! ¡Esa hoguera no la apaga nadie!
Nunca podré expresar claramente lo que significa encontrar a Jesús, la Luz del mundo...
No dejes que nada ni nadie apague la Luz de Jesús en tu vida.
No hay oscuridad tan fuerte que por sí misma pueda apagar la luz de una vela.