01/07/2026
La nueva decisión de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X de ordenar y consagrar obispos sin el mandato de la Santa Sede representa mucho más que un desacuerdo disciplinario: vuelve a plantear interrogantes sobre la autoridad, la sucesión apostólica, la comunión eclesial y los límites entre la fidelidad a la tradición y la obediencia al ministerio petrino.
Para la Iglesia católica romana, la unidad visible de la Iglesia se expresa únicamente en la comunión con el Obispo de Roma. Cuando se realizan consagraciones episcopales sin la autorización pontificia, se profundizan las tensiones canónicas y pastorales estableciendo una división frente a la cual el Romano Pontífice expulsa de su Iglesia a quienes han sido consagrados.
Para las demás iglesias católicas como la nuestra, no es necesario el ministerio petrino para conservar la catolicidad.
Desde una perspectiva ecuménica como la nuestra, esta situación nos debe recordar que la unidad de la Iglesia no puede sostenerse únicamente sobre la estructura jurídica de la Iglesia Romana ni solamente sobre convicciones doctrinales. Requiere diálogo, confianza, escucha mutua y la voluntad permanente de caminar juntos, aun en medio de profundas diferencias históricas, doctrinales y litúrgicas.
Oremos para que prevalezcan el respeto y la búsqueda sincera de la unidad, porque el testimonio cristiano ante el mundo se fortalece cuando la verdad y la caridad avanzan de la mano.