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Lecturas para hoy, miércoles 27 de mayo de 2026San Agustín de Canterbury, obispoMisaOpcional.Leccionario Ferial año II:1...
27/05/2026

Lecturas para hoy, miércoles 27 de mayo de 2026

San Agustín de Canterbury, obispo

Misa

Opcional.
Leccionario Ferial año II:
1P 1,18-25 /
Sal 147, 12-13.14-15.19-20
(R. 12a) /
Mc 10, 32-45

Primera lectura
1 Pe 1, 18-25

Fueron liberados con una sangre preciosa, como la de un cordero sin mancha, Cristo

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro.

Queridos hermanos:
Ya saben que fueron liberados de su conducta inútil, heredada de sus padres, pero no con algo corruptible, con oro o plata, sino con una sangre preciosa, como la de un cordero sin defecto y sin mancha, Cristo, previsto ya antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos por ustedes, que, por medio de él, creen en Dios, que lo resucitó de entre los mu***os y le dio gloria, de manera que la fe y la esperanza de ustedes estén puestas en Dios.
Ya que han purificado sus almas por la obediencia a la verdad hasta amarse unos a otros como hermanos, ámense de corazón unos a otros con una entrega total, pues han sido regenerados, pero no a partir de una semilla corruptible sino de algo incorruptible, mediante la palabra de Dios viva y permanente, porque
«Toda carne es como hierba
y todo su esplendor como flor de hierba:
se agosta la hierba y la flor se cae,
pero la palabra del Señor permanece para siempre».
Pues esa es la palabra del Evangelio que se les anunció.

Palabra de Dios.

Salmo
Sal 147, 12-13. 14-15. 19-20 (R.: 12a)

R. Glorifica al Señor, Jerusalén.

O bien:

R. Aleluya.

V. Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sion.
Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R.

V. Ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz. R.

V. Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos. R.

Aclamación
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. El Hijo del hombre ha venido a servir y dar su vida en rescate por muchos. R.

Evangelio
Mc 10, 32-45

Miren, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado

Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

En aquel tiempo, los discípulos estaban subiendo por el camino hacia Jerusalén y Jesús iba delante de ellos; ellos estaban sorprendidos y los que lo seguían tenían miedo. Él tomó aparte otra vez a los Doce y empezó a decirles lo que le iba a suceder:
«Miren, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán; y a los tres días resucitará».
Se le acercaron los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron:
«Maestro, queremos que nos hagas lo que te vamos a pedir».
Les preguntó:
«¿Qué quieren que haga por ustedes?».
Contestaron:
«Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda».
Jesús replicó:
«No saben lo que piden, ¿pueden beber el cáliz que yo he de beber, o bautizarse con el bautismo con que yo me voy a bautizar?».
Contestaron:
«Podemos».
Jesús les dijo:
«El cáliz que yo voy a beber lo beberán, y serán bautizados con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, sino que es para quienes está reservado».
Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan.
Jesús, llamándolos, les dijo:
«Saben que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre ustedes: el que quiera ser grande entre ustedes, que sea su servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos».

Palabra del Señor.

Lectio Divina

1. (año II) 1 Pedro 1,18-25



a) Pedro recuerda a los recién bautizados la suerte que han tenido, porque ahora creen en Cristo Jesús, han sido rescatados de su antigua vida y han vuelto a nacer de Dios.



Ser rescatados significa que alguien ha pagado el precio, la fianza por su liberación. Ese alguien ha sido Cristo, que no ha pagado con una cantidad de dinero, sino con su propia sangre.



Con eso ha cambiado la situación de estos neófitos: ahora ponen su fe y su esperanza en Dios, que ha resucitado a Cristo de la muerte. Han vuelto a nacer, no de un padre mortal, sino de Dios mismo, de su Palabra viva y duradera, el evangelio.



Pedro quiere que los cristianos saquen de esta convicción una consecuencia concreta: «Amaos unos a otros de corazón». Si todos hemos nacido del mismo Dios, todos somos hermanos.



b) Una perspectiva tan optimista debería motivar nuestra vida cristiana. De nosotros se tendría que poder decir que «habéis puesto en Dios vuestra fe y vuestra esperanza». Tenemos motivos abundantes para esta confianza.



Hemos vuelto a nacer, esta vez del amor de Dios mismo, no del amor de unos padres mortales. Hemos sido rescatados por la sangre de Cristo: debemos valer mucho, cada uno de nosotros, a los ojos de Dios, porque ha pagado un precio muy alto por nosotros.



Una primera consecuencia es que nuestra vida queda cambiada radicalmente. Esa Palabra viva de Dios que escuchamos y acogemos, nos quiere regenerar día tras día, infundiéndonos su fuerza transformadora. Otras palabras y doctrinas que nos pueden gustar son caducas, «como flor campestre: se agosta la hierba, la flor se cae, pero la Palabra del Señor permanece para siempre». La Palabra de Dios es firme: si construimos sobre ella, edificamos para siempre.



Hay otra consecuencia que se deriva de la anterior: los mismos dones que yo, los han recibido también los demás. Debo considerarlos hermanos míos, hijos del mismo Dios. La invitación de Pedro va para nosotros, cada uno en su ambiente: «habéis llegado a quereros sinceramente como hermanos, amaos unos a otros de corazón e intensamente».



¿Cuántas veces nos enseña Dios, a través de las lecturas bíblicas, esta doble dirección de nuestra vida cristiana: la unión gozosa con él y la caridad sincera con el prójimo?



2. Marcos 10,32-45



a) En el camino hacia Jerusalén -lo cual no es un dato geográfico, sino un símbolo teológico de su marcha hacia la pasión y la muerte- sitúa Marcos va "tas escenas programáticas. Jesús «sube» a la pasión, muerte y resurrección, y el evangelista quiere dejar bien claro que los discípulos han de seguir el mismo camino. Jesús va decidido y se adelanta un poco a los demás. Marcos dice que «los discípulos se extrañaban y los que seguían iban asustados».



Jesús les anuncia por tercera vez su muerte. Marcos subraya cada vez que los discípulos no querían entender nada. La primera vez fue Pedro el que tomó aparte a Jesús y le echó en cara que hablara de muerte y fracaso. La segunda vez que Jesús anunció su muerte, los discípulos se pusieron a discutir sobre los primeros puestos. En esta tercera, de nuevo Marcos subraya la cerrazón de los apóstoles: nos cuenta la escena de Santiago y Juan, ambiciosos, en búsqueda de grandeza y poder, pidiendo los primeros puestos en el Reino.



Como respuesta Jesús les anuncia la muerte que deberán asumir esos dos discípulos que ahora piden honores: lo hace con las comparaciones de la copa y el bautismo, Beber la copa es sinónimo de asumir la amargura, el juicio de Dios, la renuncia y el sacrificio. Pasar por el bautismo también apunta a lo mismo: sumergirse en el juicio de Dios, como el mundo en el diluvio, dejarse purificar y dar comienzo a una nueva existencia. La pasión de Cristo -la copa amarga y el bautismo en la muerte- les espera también a sus discípulos.



Santiago será precisamente el primero en sufrir el martirio por Cristo. Los otros diez se llenan de indignación, no porque creyeran que la petición hubiera sido inconveniente, sino porque todos pensaban lo mismo y esos dos se les habían adelantado. Jesús aprovecha para dar a todos una lección sobre la autoridad y el servicio. Se pone a sí mismo como el modelo: «El Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos».



Por si también nosotros ambicionamos, más o menos conscientemente, puestos de honor o intereses personales en nuestro seguimiento a Jesús, nos viene bien su lección. La autoridad no la tenemos que entender como la de «los que son reconocidos como jefes de los pueblos», porque esos, según la dura descripción de Jesús, «los tiranizan y los oprimen». Para nosotros, «nada de eso». Los cristianos tenemos que entender toda autoridad como servicio y entrega por los demás: «el que quiera ser primero, sea esclavo de todos». Cuando nos examinamos sinceramente sobre este punto, a veces descubrimos que tendemos a dominar y no a servir, que en el pequeño o grande territorio de nuestra autoridad nos comportamos como los que tiranizan y oprimen. Tendríamos que imitar a Jesús, que estaba en medio de los suyos como quien sirve.



Pero además, y yendo a la raíz de la lección, debemos preguntarnos si aceptamos el evangelio de Jesús con todo incluido, también con la cruz y la «subida» a Jerusalén, sólo en sus aspectos más fáciles. El mundo de hoy nos invita a rehuir el dolor y el sufrimiento. Lo que cuenta es el placer inmediato.



Pero un cristiano se entiende que tiene que asumir a Cristo con todas las consecuencias: «que cargue cada día con su cruz y me siga». Ser cristiano es seguir el camino de Cristo e ir teniendo los mismos sentimientos de Cristo.



Él va hacia Jerusalén. Nosotros no hemos de rehuir esa dirección.



Igual que el amor o la amistad verdadera, también el seguimiento de Cristo exige muchas veces renuncia, esfuerzo, sacrificio. Como tiene que sacrificarse el estudiante para aprobar, el atleta para ganar, el labrador para cosechar, los padres para sacar la familia adelante. Depende del ideal que se tenga. Para un cristiano el ideal es colaborar con Cristo en la salvación del mundo. Por eso, en la vida de comunidad muchas veces debemos estar dispuestos al trabajo y a la renuncia por los demás, sin pasar factura. La filosofía de la cruz no se basa en la cruz misma, con una actitud masoquista, sino en la construcción de un mundo nuevo, que supone la cruz. Lo que parece una paradoja -buscar los últimos lugares, ser el esclavo de todos- sólo tiene sentido desde esta perspectiva y este ejemplo de Jesús.



«Que todas las naciones sepan, como nosotros lo sabemos, que no hay Dios fuera de ti» (1a lectura, 1)



«Muéstranos, Señor, la luz de tu misericordia» (salmo, I)



«Habéis puesto en Dios vuestra fe y vuestra esperanza» (1a lectura, 1)



«Amaos unos a otros de corazón e intensamente» (1a lectura, II)



«El que quiera ser grande, sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos» (evangelio)



Aldazábal, J. (1996).
Enséñame tus caminos 4.
Tiempo ordinario, semanas 1-9.
CENTRO DE PASTORAL LITURGICA.

27/05/2026

En la segunda parte del tiempo ordinario que ayer iniciamos hay algunas solemnidades que son movibles, es decir, cuya celebración cambia año con año, pues dependen de la fecha en que se celebre Pentecostés, o del fin de este tiempo con el inicio del Adviento.

La primera es la Santísima Trinidad, que se celebra el domingo posterior a Pentecostés.

La segunda es la solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo, Corpus Christi, que puede celebrarse en dos días, dependiendo del país. En los lugares en que sea fiesta de precepto, se celebra el jueves posterior a la Santísima Trinidad. En los lugares en que no sea fiesta de precepto, se celebra el domingo posterior a la Santísima Trinidad.

La tercera es el Sagrado Corazón de Jesús, que se celebra el viernes posterior al siguiente domingo tras la Santísima Trinidad.

Para ser más claros: hay que contar tres semanas después de Pentecostés. El domingo de la primera semana, será la Santísima Trinidad. En la segunda semana se celebrará Corpus Cristi (en unos países en jueves y en otros en domingo). En la tercera semana se celebrará el Sagrado Corazón.

Adicionalmente, hay una cuarta solemnidad móvil de Tiempo ordinario, que es Jesucristo, Rey del Universo. Esta se celebra el último domingo del tiempo ordinario, es decir, el domingo previo al primero de Adviento.

También hay una fiesta que es movible: Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, que se celebra el jueves después de Pentecostés; y dos memorias marianas que cambian cada año: la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, que se celebra el lunes posterior a Pentecostés; y el Inmaculado Corazón de la Bienaventurada Virgen María, que se celebra el sábado posterior al segundo domingo después de Pentecostés.

Lecturas para hoy, martes 26 de mayo de 2026San Felipe Neri, presbíteroMisaDe la Memoria obligatoria; Leccionario Ferial...
26/05/2026

Lecturas para hoy, martes 26 de mayo de 2026

San Felipe Neri, presbítero

Misa

De la Memoria obligatoria; Leccionario Ferial año II:
1P 1,10-16 / Sal 98(97), 1.2-3ab.3c-4 (R. 2a) /
Mc 10,28-31

Primera lectura
1 Pe 1, 10-16

Profetizaron sobre la gracia destinada a ustedes, por eso, manteniéndose sobrios, confíen plenamente

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro.

Queridos hermanos:
Sobre la salvación de las almas estuvieron explorando e indagando los profetas
que profetizaron sobre la gracia destinada a ustedes
tratando de averiguar a quién y a qué momento apuntaba
el Espíritu de Cristo que había en ellos
cuando atestiguaba por anticipado la pasión del Mesías
y su consiguiente glorificación.
Y se les reveló que no era en beneficio propio,
sino en el de ustedes
por lo que administraban estas cosas
que ahora les anuncian quienes les proclaman el Evangelio
con la fuerza del Espíritu Santo enviado desde el cielo.
Son cosas que los mismos ángeles desean contemplar.
Por eso, ceñidos los lomos de su mente y, manteniéndose sobrios, confíen plenamente en la gracia que se les dará en la revelación de Jesucristo.
Como hijos obedientes, no se amolden a las aspiraciones que tenían antes, en los días de su ignorancia.
Al contrario, lo mismo que es santo el que los llamó, sean santos también ustedes en toda su conducta, porque está escrito: «Serán santos, porque yo soy santo».

Palabra de Dios.

Salmo
Sal 97, 1bcde. 2-3ab. 3c-4 (R.: 2a)

R. El Señor da a conocer su salvación.

V. Canten al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R.

V. El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia.
Se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R.

V. Los confines de la tierra han contemplado
la salvación de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
griten, vitoreen, toquen. R.

Aclamación
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del reino a los pequeños. R.

Evangelio
Mc 10, 28-31

Recibirán en este tiempo cien veces más, con persecuciones, y en la edad futura, vida eterna

Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús:
«Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».
Jesús dijo:
«En verdad les digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, que no reciba ahora, en este tiempo, cien veces más —casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones— y en la edad futura, vida eterna. Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros».

Palabra del Señor.

Lectio Divina

1. (año II) 1 Pedro 1,10-16



a) Si ayer hablaba Pedro de la herencia y la esperanza que nos concede Dios en su misericordia, hoy sigue con el tema, pero situándolo como en tres etapas:



- en el pasado, los profetas del AT, inspirados ya por el Espíritu de Jesús, escrutaban el futuro y «predecían la gracia destinada a vosotros», porque «se les reveló que aquello no era para su tiempo, sino para el vuestro»;



— ahora, los predicadores cristianos, también inspirados por el Espíritu, nos anuncian la buena noticia: que en Cristo Jesús, en su muerte y resurrección, se cumple todo lo anunciado antes;



— y todavía queda otra perspectiva, la del futuro: «estad interiormente preparados para la acción, a la expectativa del don que os va a traer la revelación de Jesucristo».



Mientras tanto, el autor de la carta quiere que los cristianos se controlen, que vivan en la obediencia, que no se amolden a los deseos de antes, sino que vivan en santidad, imitando la santidad del mismo Dios: «Seréis santos porque yo soy santo».



b) Los cristianos vivimos entre la memoria y la profecía, entre el ayer y el mañana. Y sobre todo en la vivencia del presente, del hoy, atentos a los valores fundamentales de nuestra salvación, la salvación que nos ofrece Dios por Cristo, la comunión en su vida.



Si miráramos más de dónde venimos y a dónde vamos, viviríamos más lúcidamente nuestro presente. No sólo porque nuestra existencia estaría transida de esperanza, sino también porque asumiríamos con decisión el compromiso de vivir vigilantes, no dormidos ni indolentes, sino con disponibilidad absoluta, guiados por Cristo, con la consigna de no amoldarnos ya a los criterios de este mundo sino a los de Dios.



Cada Eucaristía nos hace ejercitar esta actitud de memoria del pasado, de profecía abierta al futuro y de celebración vivencial del presente: «Cada vez que coméis este pan y bebéis esta copa (hoy), anunciáis la muerte del Señor (ayer) hasta que venga (mañana)» (1 Corintios 11,26).



Por eso la Eucaristía, con la luz de la Palabra y la fuerza de la comunión, nos va ayudando a ordenar nuestros pensamientos, a ir creciendo en la unidad interior de toda la persona, en marcha desde el ayer al mañana, viviendo el hoy con serenidad y empeño. La Eucaristía es nuestro mejor «viático», nuestro alimento para el camino.



2. Marcos 10,28-31



a) Ayer el joven rico se marchó triste, sin decidirse a seguir a Jesús. Hoy Pedro, que sí le ha seguid, se lo recuerda: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido». El resto ya se sobreentiende (y Mateo lo explicita en su evangelio): ¿qué recibiremos en cambio?



La respuesta de Jesús es esperanzadora y misteriosa a la vez: «Recibirá en este tiempo cien veces más y en la edad futura vida eterna». No se trata de cantidades aritméticas y tantos por ciento. La respuesta se refiere a la nueva familia que se crea en torno a Jesús: dejamos un hermano y encontramos cien. Ya había descrito Jesús cuáles eran los lazos de esta nueva familia: «¿Quién es mi madre y mis hermanos? Quien cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre» (Mc 3,345).



b) En el fondo de la interpelación de Pedro está su concepto político e interesado del mesianismo, un concepto todavía muy poco maduro. ¿Pregunta acaso una madre cuánto le van a pagar por su trabajo? ¿pone un amigo precio a un favor? ¿pasó factura Jesús por su entrega en la cruz? Los discípulos buscan puestos de honor, recompensas humanas, soluciones económicas y políticas. Jesús y su Espíritu les irán ayudando a madurar en su fe, hasta que después de la Pascua se entreguen también ellos gratuita y generosamente al servicio de Cristo Jesús y de la comunidad, hasta su muerte.



Una experiencia de ese ciento por uno que promete Jesús la tienen tantos cristianos laicos que desde su condición en la sociedad entregan sus mejores energías a trabajar por el Reino de Dios. Ya saben lo que es la generosidad de Dios en este mundo, a la vez que esperan en el otro la vida eterna prometida al siervo bueno y fiel.



De un modo especial esta experiencia la tienen los que han abrazado la vida religiosa o el ministerio ordenado dentro de la comunidad como estado Permanente de vida. Han entrado en la dinámica de este otro género de familia y parentesco: los hermanos y los hijos los cuentan por centenares y miles. No han formado familia propia, pero no por eso han dejado de amar: al contrario, están más plenamente disponibles para todos, movidos de un amor universal, no por una paga a corto plazo.



Unos y otros saben también que Sigue siendo verdad una palabra muy breve pero muy realista que Marcos ha añadido a la lista de las ventajas: «con Persecuciones». Jesús promete la vida eterna, después, y ya desde ahora una gran satisfacción. Pero no asegura el éxito y la felicidad y el aplauso de todos. En todo caso, la felicidad del que se sacrifica por los demás. Lo que sí promete es la cruz y las persecuciones. Una cruz que estaba incluida también en su programa mesiánico y que varias veces ha asegurado que les tocará llevar también a sus discípulos. Lo que vale cuesta. A la Pascua salvadora se llega por el vía crucis del Viernes Santo. El amor muchas veces supone sacrificio. Pero vale la pena.



«El que observa la ley hace una buena ofrenda» (1a lectura, I)



«Cuando ofreces, pon buena cara» (1a lectura, I)



«Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios» (salmo, I)



«Estad preparados, en la espera del don que os traerá la revelación de Jesucristo» (1a lectura, 1)



«Recibirá cien veces más en este tiempo, y en la edad futura, vida eterna» (evangelio)



Aldazábal, J. (1996).
Enséñame tus caminos 4.
Tiempo ordinario, semanas 1-9.
CENTRO DE PASTORAL LITURGICA.

Lecturas para hoy, lunes 25 de mayo de 2026Bienaventurada Virgen María, Madre de la IglesiaMisaDe la Memoria obligatoria...
25/05/2026

Lecturas para hoy, lunes 25 de mayo de 2026

Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia

Misa

De la Memoria obligatoria.
Leccionario de los santos:
Gn 3, 9 - 15.20 O bien: Hch 1, 12 – 14/
Sal. 86(87), 1-2,3 y 5.6-7 R/ (3)
Jn 19, 25 - 34

Primera lectura
Gen 3, 9-15. 20

La madre de todos los que viven

Lectura del libro del Génesis.

Después de comer Adán del árbol, el Señor Dios lo llamó y le dijo:
«¿Dónde estás?».
Él contestó:
«Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí».
El Señor Dios le replicó:
«¿Quién te informó de que estabas desnudo?, ¿es que has comido del árbol del que te prohibí comer?».
Adán respondió:
«La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto y comí».
El Señor Dios dijo a la mujer:
«¿Qué has hecho?».
La mujer respondió:
«La serpiente me sedujo y comí».
El Señor Dios dijo a la serpiente:
«Por haber hecho eso, maldita tú
entre todo el ganado y todas las fieras del campo;
te arrastrarás sobre el vientre
y comerás polvo toda tu vida;
pongo hostilidad entre ti y la mujer,
entre tu descendencia y su descendencia;
esta te aplastará la cabeza
cuando tú la hieras en el talón».
Adán llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven.

Palabra de Dios.

o bien:

Hch 1, 12-14

Perseveraban en la oración junto con María, la madre de Jesús

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

Después de que Jesús fue levantado al cielo, los apóstoles volvieron a Jerusalén, desde el monte que llaman de los Olivos, que dista de Jerusalén lo que se permite caminar en sábado. Cuando llegaron, subieron a la sala superior, donde se alojaban: Pedro y Juan y Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago el de Alfeo y Simón el Zelotes y Judas el de Santiago.
Todos ellos perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y María, la madre de Jesús, y con sus hermanos.

Palabra de Dios.

Salmo
Sal 86, 1b-2. 3 y 5. 6-7 (R.: 3)

R. Qué pregón tan glorioso para ti,
ciudad de Dios.

V. Él la ha cimentado sobre el monte santo;
y el Señor prefiere las puertas de Sion
a todas las moradas de Jacob. R.

V. ¡Qué pregón tan glorioso para ti,
ciudad de Dios!
Se dirá de Sion: «Uno por uno,
todos han nacido en ella;
el Altísimo en persona la ha fundado». R.

V. El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
«Este ha nacido allí».
Y cantarán mientras danzan:
«Todas mis fuentes están en ti». R.

Aclamación
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Oh, feliz Virgen, que engendraste al Señor; oh, santa Madre de la Iglesia, que mantienes en nosotros el Espíritu de tu Hijo Jesucristo. R.

Evangelio
Jn 19, 25-34

Ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu madre

Lectura del santo Evangelio según san Juan.

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena.
Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre:
«Mujer, ahí tienes a tu hijo».
Luego, dijo al discípulo:
«Ahí tienes a tu madre».
Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.
Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dijo:
«Tengo sed».
Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo:
«Está cumplido».
E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día grande, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había mu**to, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua.

Palabra del Señor.

Lectio Divina

María, la primera cristiana



Queridos hermanos y hermanas:



Hoy queremos volver la mirada hacia María, la Madre del Señor. Pero no para contemplarla desde lejos, como una figura inalcanzable, cubierta de privilegios que la separan de nuestra vida. Hoy queremos mirarla como lo hace el Evangelio: como mujer creyente, como discípula, como hermana en el camino de la fe. Queremos descubrir en ella lo que José Aldazábal tan bellamente llama la primera cristiana.



Y es que María no fue solo la madre de Jesús por vínculos de sangre. Fue madre porque creyó. Porque escuchó, acogió, meditó y obedeció. Fue la primera en abrir el corazón al anuncio de la salvación. Fue la primera en recorrer el camino del discipulado, muchas veces sin comprender del todo, pero siempre confiando.



Aldazábal lo expresa así: “El momento que vivimos es una época de examen y renovación... La renovación posconciliar ha subrayado la centralidad de Cristo, de la Pascua, del domingo, de la Eucaristía: y esto ha hecho que se hayan replanteado algunas perspectivas de pensamiento y de oración en torno a la Virgen María” (1992, p. 7). Es decir, nuestra mirada mariana necesita también renovarse, purificarse, volver al centro: a Cristo. Y María es la que mejor nos conduce a Él.



Ella es la oyente de la Palabra. No solo escuchó con los oídos, sino con el corazón. Meditaba todo en lo profundo, no se dejó llevar por la inmediatez ni por el protagonismo. Su fe no fue pasiva, sino activa, abierta a la sorpresa de Dios, dispuesta a cambiar los planes cuando el Señor así lo pedía.



Queridos hermanos, ¿no es eso lo que necesitamos nosotros también? ¿Una fe que se deja sorprender? ¿Una fe que confía, aunque no entienda? ¿Una fe que se vive desde lo pequeño, desde lo cotidiano, desde la fidelidad silenciosa?



María fue también la mujer que se mantuvo en pie junto a la cruz. No huyó, no se escondió. Su fidelidad no dependía de los signos visibles del triunfo. Ella siguió creyendo cuando todo parecía perdido. Allí, en el Calvario, se convirtió en Madre de todos. Madre de la Iglesia. Madre nuestra.



Aldazábal señala que María fue “la que se ofreció junto con su Hijo”, “experta en dolor y fiel a su vocación”, “Auxiliadora en tiempos difíciles” (1992, p. s/n). ¡Qué consuelo nos da esto! Saber que María conoce el dolor, que lo abrazó con fe, que no lo negó ni lo evitó. Ella puede acompañar nuestras cruces. Puede sostenernos en nuestras noches, en nuestras pérdidas, en nuestras preguntas sin respuesta.



Pero no es solo mujer del dolor. Es también mujer de la esperanza. Porque supo esperar, supo perseverar con los discípulos, supo estar en la espera del Espíritu en Pentecostés. Ella es figura de la Iglesia orante. Ella enseña a orar con paciencia, a permanecer cuando todo parece lento, a confiar en que Dios actúa a su tiempo.



Y además —dice Aldazábal— es “una sencilla mujer del pueblo”. No nació en palacio. No fue doctora, ni reina de ejércitos. Fue una joven de Nazaret. Una mujer sencilla, trabajadora, del pueblo. Es decir, nos representa. Nos acerca. No es la “distinta”, sino la “primera”. La que nos muestra el camino posible de la fe.



Por eso no temamos amar a María. No tengamos miedo de honrarla, de acercarnos a ella, de pedir su ayuda. Pero que nuestro amor a María no nos aleje de Cristo, sino que nos conduzca a Él. Que no sea evasión, sino compromiso. Que no sea sentimentalismo vacío, sino imitación sincera. Como decía san Luis María Grignion de Montfort: “a Jesús por María”.



Queridos hermanos: pidamos hoy a María que nos enseñe a creer como ella. A escuchar como ella. A confiar, a esperar, a entregarnos como ella. Que nos enseñe a vivir el Evangelio en lo concreto, en lo escondido, en lo cotidiano. Que sea para nosotros verdadera madre, verdadera compañera de camino, verdadero ejemplo.



Porque, como dice Aldazábal: “sin prescindir de aquellos privilegios que hacen de María una criatura singular y única, el autor intenta mostrar un retrato de la Virgen que, lejos de enfriar nuestro amor, le dé mayor profundidad y sentimiento” (1992, p. 13). Que así sea para nosotros.



Aldazábal, J. (1992).
María: la primera cristiana (Emaús, 2).
Barcelona: Centro de Pastoral Litúrgica.

24/05/2026
Lecturas para hoy, Solemnidad Pentecostés 24 de mayo 2026MisaDe la Solemnidad; Gl.; Cr.; Prf. propio. Canon Romano: «Reu...
24/05/2026

Lecturas para hoy, Solemnidad Pentecostés 24 de mayo 2026

Misa

De la Solemnidad; Gl.; Cr.; Prf. propio. Canon Romano: «Reunidos en comunión» propio. Bendición final solemne; en la despedida se agrega doble Aleluya.
Leccionario Dominical A:
Hch 2,1-11 /
Sal 104(103),1ab+24ac. 29bc-30.31+34
(R. cf. 30) / 1Co 12, 3b-7.12-13 /
Secuencia (obligatoria) /
Jn 20,19-23 .

Oficio
De la Solemnidad; Te Deum.

Nota

- Hoy termina el Tiempo Pascual. Después de la última misa, en la noche, se apaga el cirio pascual y se retira del presbiterio. Conviene colocarlo decorosamente en el bautisterio para que arda durante la celebración del Bautismo y poder encender en él los cirios de los bautizados.

Lecturas del día

Primera lectura
Hch 2, 1-11

Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse.
Residían entonces en Jerusalén judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo el cielo. Al oírse este ruido, acudió la multitud y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Estaban todos estupefactos y admirados, diciendo:
«¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa?
Entre nosotros hay partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y Asia, de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros, tanto judíos como prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua».

Palabra de Dios.

Salmo
Sal 103, 1ab y 24ac. 29bc-30. 31 y 34 (R.: cf. 30)

R. Envía tu Espíritu, Señor,
y repuebla la faz de la tierra.

O bien:

R. Aleluya.

V. Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Cuántas son tus obras, Señor;
la tierra está llena de tus criaturas. R.

V. Les retiras el aliento, y expiran
y vuelven a ser polvo;
envías tu espíritu, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra. R.

V. Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus obras;
que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el Señor. R.

Segunda lectura
1 Cor 12, 3b-7. 12-13

Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.

Hermanos:
Nadie puede decir: «Jesús es Señor», sino por el Espíritu Santo.
Y hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común.
Pues, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.
Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

Palabra de Dios.

Secuencia

Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.

Aclamación
R. Aleluya, aleluya, aleluya
V. Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor. R.

Evangelio
Jn 20,19-23

Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo; reciban el Espíritu Santo

Lectura del santo Evangelio según san Juan.

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a ustedes».
Y, diciendo esto, les enseño las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo».
Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Reciban el Espíritu Santo; a quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos».

Palabra del Señor.

Lectio Divina

I



A los cincuenta días, el Espíritu



"Pentecostés", en griego, significa "día quincuagésimo". El 50 es un número que ya los judíos tenían asimilado desde hace siglos como símbolo de plenitud: una semana de semanas, siete por siete más uno. Es cuando celebran, después de la Pascua-Éxodo, la fiesta de la recolección agrícola y la alianza que sellaron con Yahvé en el monte Sinaí, guiados por Moisés, a los cincuenta días de su salida de Egipto.



Los cristianos celebramos hoy, después de la Pascua-Resurrección de Jesús, su donación del Espíritu a la comunidad apostólica precisamente a los cincuenta días. No como fiesta independiente, sino como culminación de la Pascua: la "Pascua granada", que completa la "Pascua florida".



Esta fiesta tiene textos propios para la Eucaristía que se celebra la tarde anterior. Eucaristía vespertina que se puede también prolongar a modo de Vigilia, similar a la de la Noche Pascual, con la comunidad reunida en oración como lo estuvo la primera con la Virgen y los Apóstoles. Además, esta fiesta posee también una hermosa Secuencia, "Veni, Sánete Spiritus", atribuida al arzobispo inglés Langton en el siglo XIII. Si uno quiere meditar sobre el misterio de Pentecostés, puede leer los números que el Catecismo dedica al artículo del Credo "Creo en el Espíritu Santo": CCE 687-747.



Una Vigilia rica en textos bíblicos



Las lecturas bíblicas de la Vigilia nos presentan una visión muy rica de la misión del Espíritu.



La primera se puede elegir de entre las cuatro del AT que ofrece el Leccionario, que preparan y completan, a veces por contraste, lo que nos van a decir las lecturas del NT y el evangelio:



* Gn 11,1-9 nos cuenta lo que sucedió en Babel, con la dispersión de las lenguas: mientras que el Espíritu, en Pentecostés, a partir de las muchas lenguas, obra la unidad;



* Ex 19,3-8a.l6-20b: Dios se manifiesta a Moisés en el monte en medio de truenos, sonido de trompetas y fuego: lenguaje que Lucas emplea para describir la irrupción del Espíritu en la primera comunidad;



* Ez 37,1-4: la visión de Ezequiel sobre los huesos secos que reciben el Espíritu de Dios y reviven: al Espíritu le llamamos en el Credo "Señor y dador de vida";



* Jl 3,1 -6: Joel anuncia que el Espíritu será derramado y profetizarán mayores y jóvenes: esta es la explicación que da Pedro, en la mañana de Pentecostés, ante la evidencia de los carismas del Espíritu.



El salmo nos hace repetir la antífona: "Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra".



Ya en las lecturas del NT de esta misa vespertina, Pablo (Rm 8,22-27) habla de "los dolores de parto" de la humanidad y el papel del Espíritu, quien intercede por nosotros con gemidos inefables. En el evangelio (Jn 7,37-39) Jesús promete a los suyos que les enviará su Espíritu con la expresiva comparación de los "torrentes de agua viva" que brotarán dentro del creyente.



Es interesante la perspectiva. Pero nosotros aquí nos vamos a limitar a la reflexión y comentario de la misa del día.



Misa del día



Hechos 2, 1-11. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar



La página de hoy es continuación de la que leíamos el domingo pasado, en la fiesta de la Ascensión, y nos narra el gran acontecimiento que supuso para la primera comunidad la venida del Espíritu.



El episodio de Pentecostés lo describe Lucas con el lenguaje de la teofanía del Sinaí: estando todos reunidos, bajó sobre ellos el Espíritu, con viento recio y ruido y lenguas de fuego. Aquí se confirmó y manifestó la nueva y definitiva Alianza que Jesús había sellado con su Sangre en la cruz.



El primer efecto del don del Espíritu es que empezaron a hablar en lenguas y, además, cada uno de los oyentes, que en aquellos días eran muy numerosos en Jerusalén, y de pueblos distintos, les oía hablar en su propia lengua.



El salmo es de alabanza y entusiasmo: "bendice, alma mía, al Señor... Dios mío, qué grande eres... gloria a Dios para siempre". Como antífona se nos hace repetir una frase con clara visión del NT: "envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra". Este es el mismo salmo que cantamos en la Vigilia Pascual después de la lectura de la creación en el Génesis: el Espíritu, que ya aleteaba sobre las aguas primordiales, "renueva ahora la faz de la tierra" con la Pascua de Cristo.



1 Corintios 12,3b-7.12-13. Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo

La segunda lectura de hoy es de la 1ª carta a los Corintios, en el capítulo en que describe los dones y carismas tan variados que hay en una comunidad griega como la Corinto, famosa por su sabiduría y riqueza creativa. Pablo atribuye todos estos dones al único Espíritu, que es el que tiene que mantener unida a la comunidad.



El razonamiento es sencillo: todos formamos un solo cuerpo en Cristo, hemos sido bautizados en el mismo Espíritu y, por tanto, la diversidad de dones no tiene que romper la unidad, sino edificar la única comunidad.



Juan 20, 19-23. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo.



Antes del evangelio recitamos o cantamos la Secuencia de este día, "Veni, Sánete Spiritus", una antigua composición poética que es una oración muy sentida dirigida al Espíritu Santo: "ven, Espíritu divino,... don en tus dones espléndido... dulce huésped del alma... riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo... danos tu gozo eterno".



El evangelio más adecuado para hoy es ciertamente el de la aparición de Jesús a sus discípulos la tarde del primer "domingo" cristiano, el mismo día de la resurrección del Señor. Para Juan, la donación del Espíritu no parece haber tenido lugar a los cincuenta días de la resurrección del Señor, sino el mismo día de la Pascua, poniendo de relieve, por tanto, la unidad de todo el misterio: la glorificación del Señor y el envío de su Espíritu.



Después del saludo, "paz a vosotros", que llena de alegría al grupo de discípulos, Jesús les envía como él había sido enviado por el Padre y, para que puedan cumplir esta misión, les da su mejor ayuda, exhalando sobre ellos su Espíritu, como hizo Dios al crear al primer hombre en el Génesis, diciendo: "recibid el Espíritu Santo". En concreto, esta misión va a ser ante todo la reconciliación: "a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados".



II



El don pascual del Resucitado: su Espíritu



El centro de nuestra celebración es, naturalmente, el acontecimiento de Pentecostés. La primera comunidad recibe de su Señor, como se lo había prometido, el mejor Don, su Espíritu Santo, plenitud y complemento de la Pascua. Jesús sopló sobre sus discípulos, diciendo: "recibid el Espíritu Santo".



El mismo que resucitó a Jesús es el que ahora despierta y llena de vida a la" comunidad y la hace capaz de una insospechada valentía para la misión que tiene encomendada. El libro de los Hechos nos ha contado el cambio radical que se dio en la primera comunidad cuando bajó sobre ella el Espíritu. De una comunidad muda la convirtió en evangelizadora. De una comunidad cobarde, en valiente. De una comunidad cerrada, a una comunidad con las ventanas abiertas. El Espíritu actúa así, llena por dentro y lanza hacia fuera: "se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar".



Es entusiasta el lenguaje del prefacio de hoy agradeciendo a Dios Padre esta donación de su Espíritu: a) El Espíritu es la plenitud de la Pascua: "para llevar a plenitud el misterio pascual, enviaste hoy el Espíritu Santo sobre los que habías adoptado como hijos tuyos por su participación en Cristo"; b) el Espíritu anima y da vida a la comunidad: "Aquel mismo Espíritu que, desde el comienzo, fue el alma de la Iglesia naciente", o como dice la oración colecta: "por el misterio de Pentecostés santificas a tu Iglesia extendida por todas las naciones"; c) también es quien actúa, con una proyección misionera y universal, el proyecto de salvación: "el Espíritu que infundió el conocimiento de Dios a todos los pueblos, que congregó en la confesión de una misma fe a los que el pecado había dividido en diversidad de lenguas".



Nuestra generación ha tenido la suerte de "redescubrir" al Espíritu y su actuación. Se ha notado, sobre todo, a partir del Catecismo de 1992, en el que él aparece como protagonista de toda la vida de la Iglesia, y en particular de su celebración sacramental.



El Espíritu sigue actuando hoy



En la oración colecta le pedimos a Dios: "no dejes de realizar hoy, en el corazón de tus fieles, aquellas mismas maravillas que obraste en los comienzos de la predicación evangélica".



En efecto, lo que ha hecho el Espíritu en la historia ("in illo tempore") lo sigue haciendo hoy ("hodie") en el mundo, en la Iglesia y en cada uno de nosotros:



* él sigue siendo el alma de la Iglesia, llenándola de sus dones y carismas, más todavía que en la comunidad de Corinto: el Concilio, el Jubileo y tantos otros acontecimientos eclesiales, universales o diocesanos, son en verdad señales de la activa presencia del Espíritu en la animación de su comunidad;



* es él quien suscita y hace florecer tantas comunidades cristianas llenas de fuerza, y anima tantos movimientos y renueva a su Iglesia en tantos aspectos;



* el Espíritu de la verdad sigue influyendo en estos últimos años para que se renueve en profundidad la teología, la comprensión del misterio de Cristo;



* él sigue inspirando nuestra oración y guiando a la Iglesia a renovar la celebración litúrgica, la oración personal y un conocimiento más espiritual y profundo de la Palabra de Dios; como dice Pablo, "nadie puede decir Jesús es Señor si no es bajo la acción del Espíritu";



* él, el Espíritu del amor, suscita y sostiene tantos ejemplos de amor, entrega y compromiso de los cristianos en el mundo, a veces hasta el martirio, en defensa de la justicia o de la vida o de la verdad;



* él, que en Pentecostés unió a los que "hablaban en lenguas diferentes", es el que promueve también hoy iniciativas de unidad interna y ecuménica, en línea con la diversidad de dones y ministerios de que nos habla la carta a los Corintios.



También hoy, a principios del siglo XXI, tenemos motivos claros para renovar nuestra profesión de fe: "Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida". Le seguimos necesitando.



Dejarnos transformar por el Espíritu del Resucitado



Debemos alegrarnos de este Don de Dios, plenitud de la Pascua. En nuestra oración, solemos pedir a Dios paz, justicia, salud, libertad, perdón de nuestras faltas, buenas cosechas del campo, éxito en nuestras empresas. Y Dios nos da... su Espíritu, que es lo mejor, el que nos regala la verdadera paz y libertad y éxito.



Pero, a la vez, nos tenemos que dejar transformar por él y vivir según él. Le hemos pedido a Dios insistentemente en el salmo responsorial que envíe su Espíritu y repueble la faz de la tierra. Pentecostés es una gracia renovada, cada año, por la que Dios quiere seguir renovando y purificando. El Espíritu es viento y aire, a veces suave como una brisa, y otras, impetuoso y purificador. El Espíritu es fuego, y el fuego calienta, ilumina, purifica y transforma en fuego todo lo que toca.



La comunidad es enviada por el Resucitado a una misión: para que sea luz y levadura, y anuncie la Buena Noticia. Y a la vez le da la fuerza del Espíritu para que pueda cumplir esa misión. Aquel puñado de primeros discípulos -el día de Pentecostés eran ciento veinte- no parecían precisamente los más indicados para revolucionar el mundo. Pero lo consiguieron.



El mismo Espíritu que actuó en el seno de María de Nazaret y la hizo madre del Hijo de Dios, el mismo Espíritu que actuó en el sepulcro de Jesús y lo resucitó a una nueva existencia, el mismo Espíritu que bajó sobre la comunidad el día de Pentecostés y la llenó de vida, es el que ahora quiere actuar en nosotros y nos quiere transformar.



Sería bueno que leyéramos despacio la secuencia de hoy, en la que pedimos directamente al Espíritu que nos llene de su gracia, que encienda en nosotros el fuego del amor, que envíe sobre nosotros su luz, que riegue nuestras sequías...



Una comunidad orgánicamente unida y que habla lenguas



Sobre todo, siguiendo la línea de pensamiento de Pablo, tendríamos que aprender y dejarnos transformar por el Espíritu para llegar a ser una comunidad unida, dentro de la pluralidad de sus ministerios, carismas y movimientos. Todos los dones que puede haber en la Iglesia en general, y en cada comunidad en particular, son dones de Dios, del Espíritu, y son "para el bien común". Esta unidad, dentro de la diversidad, se debe a que "todos hemos bebido del mismo Espíritu".



Ya sería un buen fruto de nuestras siete semanas de Pascua si de ellas saliéramos con la convicción de que todos somos hijos en la familia de Dios, y que nos sintiéramos más dispuestos a colaborar orgánicamente en la tarea eclesial común, con un espíritu más universal y acogedor, superando la diferencia de edad o de cultura, de situación social o eclesial. A Pablo le gustaba la comparación de una comunidad con el cuerpo humano, en el que los diversos miembros cumplen una misión diferente, pero para bien de todo el organismo.



Si en Babel, en la historia del AT, sucedió la gran confusión por la diversidad de lenguas, Pentecostés se nos presenta en el NT como el anti-Babel, porque los apóstoles hablan en lenguas, y los oyentes les entienden cada uno en su propia lengua.



Podríamos sentir envidia de aquellos primeros discípulos que recibieron del Espíritu el don de lenguas: hablaban, y todos sus oyentes, cada uno de procedencia distinta, les entendían. Y así se experimentó que la salvación de Jesús es universal, para todas las razas y naciones.



En Pentecostés debemos dejarnos llenar del Espíritu, de su novedad, de su creatividad, de su fuego, de su aire renovador, de sus sorpresas, de sus ideas nuevas, de sus ventanas abiertas. Sin quedarnos anquilosados, instalados en costumbres viejas, encerrados en unos esquemas. El Espíritu es siempre sorprendente. No hay ordenador que lo pueda contener.



Una Eucaristía siempre "pentecostal"



El Espíritu es quien actúa cada vez en los Sacramentos, como ha hecho ver de modo más claro el Catecismo de la Iglesia Católica (cf. CCE 1091ss). En las lecturas de hoy se nombra explícitamente al Espíritu en relación con el Bautismo (carta a los Corintios) y a la Penitencia (evangelio: "recibid al Espíritu Santo, a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados").



De modo particular en la Eucaristía invocamos su venida dos veces: sobre los dones del pan y del vino, para que él los transforme en el Cuerpo y Sangre del Resucitado; y luego sobre la comunidad que va a participar de estos dones, para que también ella quede transformada en el Cuerpo único y sin división de Cristo Jesús. Esta segunda invocación es claramente "pentecostal": lo que sucedió a aquella primera comunidad cuando bajó sobre ella la fuerza del Espíritu es lo que tendría que suceder a cada una de las nuestras cuando participa de la Eucaristía.



En la Eucaristía pedimos como fruto específico de la comunión, que el Espíritu haga de nosotros "un solo cuerpo y un solo espíritu", sin divisiones. El primer día de Pentecostés unió a aquellos discípulos de Jesús. El de este año tendría que ayudarnos a todos a superar diversidad de lenguas y formación, colaborando, con una unidad interna, a la evangelización más animada de este mundo. En aquella ocasión dice Lucas que "todos quedaron llenos de Espíritu y empezaron a hablar". Nosotros, ciertamente, no debemos "apagar el Espíritu", sino dejarnos llenar de vida por él.



Aldazábal, J. (2004).
Enséñame tus caminos 8.
Domingos ciclo A.
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