24/03/2026
En el contexto actual, la relación entre la fe cristiana y la política se ha convertido en una fuente creciente de tensión dentro de la iglesia. Diferencias legítimas en asuntos civiles, económicos o culturales están siendo tratadas como si fueran asuntos de fe, hasta el punto de afectar la comunión entre hermanos y la manera en que se entiende la fidelidad al evangelio.
La tradición reformada siempre ha hecho distinciones necesarias para preservar la pureza de la iglesia: la libertad cristiana, las adiaphora, la diferencia entre el gobierno espiritual y el civil, y la convicción de que la conciencia está atada únicamente a la Palabra de Dios.
Cuando estas distinciones se olvidan, las preferencias políticas se convierten en criterios de ortodoxia, y la lealtad a proyectos humanos comienza a ocupar el lugar que pertenece solo al señorío de Cristo.
Este ensayo reflexiona sobre este problema a la luz de Romanos 14 y de la teología confesional reformada, con el propósito de recordar que la identidad de la iglesia no está determinada por la política, sino por el evangelio.
IntroducciónEn las últimas semanas, a medida que Colombia se acerca a un nuevo ciclo electoral, mi teléfono se ha vuelto un termómetro involuntario del estado espiritual de la sociedad y, lo que más me preocupa, de la iglesia. Cada mañana llegan mensajes en los grupos de WhatsApp: unos exaltan...