04/06/2023
Homilía del Domingo de la Santísima Trinidad - 21 de Mayo de 1978
Por: Monseñor San Oscar Arnulfo Romero
Queridos hermanos y estimados radio-oyentes:
La Santísima Trinidad no es un Dios de exterioridades, ni espiritualista, ni de beaterías. ¡Qué cuidado tenemos que tener nosotros, queridos hermanos sacerdotes, religiosos, religiosas, seglares piadosos, asociaciones piadosas! Cuantas veces nos creemos los buenos y los otros son los malos
La Santísima Trinidad, este Dios de nuestra fe es un fenómeno que en muchos hombres y sociedades se ha degenerado.
Así tenemos el Dios de los filósofos, el dios metafísico, el dios que se descubre a través de las criaturas. Y ahí tenemos uno de los fenómenos más dolorosos de nuestro tiempo: el ateísmo, o por lo menos la indiferencia frente a Dios.
Queridos hermanos, el ateísmo, la negación de Dios, casi siempre va junto con un vacío moral del hombre o del pueblo. Un pueblo, un hombre, donde la ternura de Dios se ha disipado, donde interesa que no exista Dios para hacer injusticias, para cometer el pecado que Dios castiga, es inspiración de un ateísmo práctico. Y por eso, ateo no sólo es el marxismo, ateo práctico es también el capitalismo, ese endiosar el dinero, ese idolatrar el poder, es poner ídolos falsos para sustituir al Dios verdadero. Vivimos tristemente en una sociedad atea. O porque unos favorecen una revolución sin Dios queriendo resolver los problemas simplemente a fuerza humana o porque se está demasiado bien y se idolatra, como si fuera un Dios, el bienestar, las riquezas, las cosas de la tierra. ¡También eso es materialismo ateo!
Hay otra forma falsa de Dios y es aquella que fustigó nuestro Señor Jesucristo cuando se encontró en el mismo templo donde el hombre debe ir a encontrarse con Dios.
¡Cuántas fachadas de piedad, por dentro no son más que ateísmo! ¡Cuántas formas de rezos, cuántas prácticas religiosas meramente exteriores, rituales, legalistas! ¡No son el culto que Dios quiere! Y aquí no importa que arrasemos en esta acusación a nosotros mismos, los ministros sagrados, que muchas veces hemos hecho de nuestro culto un negocio; y puede entrar el Señor con el látigo en el templo: "Mi casa es casa de oración y ustedes la han hecho cueva de ladrones".
Este Dios ritualista, este Dios de exterioridades, este Dios de beaterías, este Dios que en el fondo del corazón de quien le está diciendo que lo ama, está recibiendo el ultraje más grande de quien desobedece a su ley y ha hecho consistir su religión, su voluntad santísima, en cosas meramente legalistas y humanas. ¡Qué cuidado tenemos que tener nosotros, queridos hermanos sacerdotes, religiosos, religiosas, seglares piadosos, asociaciones piadosas! Cuantas veces nos creemos los buenos y los otros son los malos. Cuántas veces frente a Dios nos parecemos al hombre de la plegaria que se acercaba atrevido hasta el altar para decirle: yo no soy como los otros hombres: adúlteros, pecadores, injustos, ni como ese publicano que está allí golpeándose el pecho. Y Cristo dice después de esa oración hipócrita: "Salidos del templo los dos, y el publicano humilde el que no se reconocía digno ni de levantar la mirada a Dios, salió justificado. No el otro, el fariseo, el hipócrita, el soberbio, el beato que despreciaba a los otros, porque el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado."
Otra forma falsa de un Dios, queridos hermanos, parecida a la anterior, es el Dios espiritualista, es el Dios desencarnado, es el Dios del sacerdote y del levita que pasaron cuando vieron herido al pobre judío y no le hicieron caso.
"Cuando la Iglesia predica un Dios desencarnado, cuando los predicadores del evangelio decimos que no tenemos que ocupamos de las cosas de la tierra para alabar solamente a Dios, cuando unas sectas protestantes predican un evangelio y critican a la Iglesia Católica porque reclama los derechos humanos, es el falso modo de adorar a Dios, aunque sea en templos católicos.
Estos son falsos conceptos de Dios de nuestra fe. ¿Cuál es el verdadero Dios de nuestra fe?. En las tres lecturas de hoy, hay tres conceptos bellísimos que yo les suplico, hermanos, no se fijen tanto en esta parte negativa, repugnante, odiosa. Solamente la he dibujado así, a grandes rasgos, para que no caigamos en un falso culto a Dios, para que estemos alerta en esta hora de confusiones y no nos dejemos seducir por falsos conceptos religiosos que son muy utilizados para mantener situaciones muy pecaminosas.
Sí, fijémonos mas bien en el Dios de Moisés, en el Dios de Cristo, en el Dios de Pablo. Son las tres grandes palabras de hoy.
Tomado de: https://servicioskoinonia.org/romero/homilias/A/780521.htm