05/03/2026
UNA PALABRA PARA LA SEMANA
Soy cristiano…¿Por quién debo votar?
Es una pregunta que muchos creyentes se hacen hoy.
Lo primero que debemos recordar es que Dios es soberano sobre las naciones y sobre sus gobernantes.
La Biblia dice:
Daniel 2:21 “Él muda los tiempos y las edades; quita reyes y pone reyes…”
Daniel 4:17 “…el Altísimo es soberano sobre todos los reinos humanos y los da a quien Él quiere, y hasta pone sobre ellos al más humilde de los hombres”.
Esto significa que Dios gobierna sobre la historia.
Nuestro voto es simplemente uno de los medios que Él usa para cumplir sus propósitos.
Pero hay algo que los cristianos no podemos ignorar: nuestra fe debe reflejarse también en nuestras decisiones públicas.
No es coherente decir que somos seguidores de Cristo y luego apoyar con nuestro voto a personas o movimientos que promueven leyes y agendas abiertamente Anti-Dios.
No podemos cerrar los ojos ante cosas como:
– La promoción del ab**to.
– La redefinición del matrimonio.
– La adopción por parejas del mismo s**o.
– La corrupción.
– Las prácticas ocultistas o la brujería
La Escritura dice claramente que no solo son culpables quienes practican tales cosas, sino también quienes las aprueban (Ro. 1:32)
Por eso hay que decirlo con claridad:
Un cristiano que conscientemente apoya con su voto proyectos que promueven aquello que Dios condena está actuando en contradicción con su fe.
No podemos llamar bueno a lo que Dios llama pecado.
Cuando estudiamos la historia bíblica vemos que los reyes que despreciaron la ley de Dios condujeron al pueblo al pecado y a la ruina.
Por eso la iglesia está llamada a ser luz en medio de las tinieblas, no a acomodarse a ellas ni a legitimarlas (Ef. 5:11).
Algunos dirán:
“No hay ningún candidato perfecto”.
Eso es verdad. Nunca lo habrá.
“Pero entre opciones imperfectas no es lo mismo elegir a quien, aun en medio de una vida impía, respeta ciertos principios morales básicos como la defensa de la vida, la familia que es la base de la sociedad, la protección de la niñez, la justicia y la integridad que a quien abiertamente los desprecia y lucha contra ellos.”
En esos casos muchos creyentes optan por votar por el que menos se opone a los principios morales fundamentales, no por el que más promueve las tinieblas.
De todos modos recordemos algo:
Dios sigue teniendo el control de la historia.
Me impacta una frase atribuida a Juan Calvino:
“Cuando Dios quiere juzgar a una nación, le da gobernantes malvados”.
Por eso, más que confiar en los hombres, debemos obedecer el consejo del apóstol Pablo:
*“Así que recomiendo, ante todo, que se hagan rogativas, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos, especialmente por los gobernantes y por todas las autoridades, para que tengamos paz y tranquilidad, y llevemos una vida piadosa y digna.”
(1 Tim. 2:1-2)
Oremos por nuestra nación.
Pidamos misericordia a Dios.
Pero también actuemos con una conciencia cristiana clara.
Porque nuestra fe no solo se confiesa con los labios… también se demuestra con nuestras decisiones.
Feliz semana.
Que Dios haga su voluntad.
Un abrazo,
Mauricio Lasso