29/10/2025
En los recovecos de la vida, nos encontramos con situaciones que sacuden el alma y ponen a prueba nuestra fe. Nos enfrentamos a dolores que nos hacen cuestionar, "Si Dios me ama, ¿entonces POR QUÉ?" Muchas mujeres de la Biblia entendieron bien el sabor amargo de la aflicción. Ester, Ana, Sara, todas vivieron un dolor profundo que algunos dirían que era inquebrantable. Sin embargo, en cada situación, el Señor transformó su historia. Jesús vendría para corregir las consecuencias del pecado. Ester sería utilizada para traer liberación. Ana y Sara recibirían los hijos prometidos. Todo dolor encontraba respuesta en la gloria de Dios. Todo pesar era el preludio de un plan de victoria.
Sí, incluso nuestros momentos de tristeza se disiparán con el tiempo, y el Señor los usará para un propósito glorioso. El dolor que nos agobia hoy puede ser el terreno fértil de donde brotará la victoria de mañana. Hoy, debemos optar por entregarle nuestro dolor al Señor y permitirle que nos restaure. Él es el único capaz de brindarnos la sanación que necesitamos, incluso en la tristeza más profunda.