Parroquia Nuestra Señora de la Paz

Parroquia Nuestra Señora de la Paz Información de contacto, mapa y direcciones, formulario de contacto, horario de apertura, servicios, puntuaciones, fotos, videos y anuncios de Parroquia Nuestra Señora de la Paz, Centro religioso, Calle 29 sur 27-57 Barrio, Bogotá.

Comunidad católica de los barrios Santander, Eduardo Frei, Libertador, Santiago Pérez y San Jorge Central de la localidad Antonio Nariño, Bogotá cuyo fin es la evangelización, brindar apoyo espiritual y sacramental, y formar cristianamente a los fieles

   Deseamos invitarles a participar esta noche en nuestro Templo Parroquial a participar, luego de la misa de 6:00 p.m. ...
07/06/2025



Deseamos invitarles a participar esta noche en nuestro Templo Parroquial a participar, luego de la misa de 6:00 p.m. y hasta las 8:00 p.m., en la Vigilia de Oración para pedirle al Señor envíe a nuestra comunidad los dones de su Espíritu Santo. Celebremos desde ahora el cúlmen del Tiempo Pascual, preparemos nuestra Solemnidad de Pentecostés

    Queridos hermanos: nuestra comunidad parroquial, al ser parte de la Vicaría Episcopal del Espíritu Santo, de la Arqu...
29/05/2025



Queridos hermanos: nuestra comunidad parroquial, al ser parte de la Vicaría Episcopal del Espíritu Santo, de la Arquidiócesis de Bogotá, está invitada el próximo viernes, 30 de Mayo, a participar en su Fiesta Patronal, a través de nuestra presencia masiva en una Vigilia de Oración, la cual se llevará a cabo de 5:00 a 8:00 p.m. en el Templo Parroquial de la Parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro (Barrio Olaya). Los esperamos. Entrada libre.

      𝐌𝐚𝐫𝐢𝐚 𝐀𝐮𝐱𝐢𝐥𝐢𝐮𝐦 𝐜𝐡𝐫𝐢𝐬𝐭𝐢𝐚𝐧𝐨𝐫𝐮𝐦.Todos conocemos la enorme devoción que en todo el mundo cristiano  tenemos hacia la M...
24/05/2025



𝐌𝐚𝐫𝐢𝐚 𝐀𝐮𝐱𝐢𝐥𝐢𝐮𝐦 𝐜𝐡𝐫𝐢𝐬𝐭𝐢𝐚𝐧𝐨𝐫𝐮𝐦.

Todos conocemos la enorme devoción que en todo el mundo cristiano tenemos hacia la Madre de Dios, la Santísima Virgen María, a la que veneramos bajo infinidad de advocaciones. Tenemos que reconocer que entre ellas, una de las más populares es esta: María Auxiliadora, hasta el punto de que tiene una festividad establecida en el calendario de la Iglesia Universal.

Les invitamos a profundizar un poco sobre esta advocación mariana: “María, auxilio de los cristianos”, es uno de los títulos más antiguos dado a la Madre de Dios. Desde los primeros siglos del cristianismo, la advocación “Auxiliadora” ya era conocida y utilizada. Entre las muchas inscripciones cristianas encontradas en Oriente, existen dos títulos predominantes referidos a la Santísima Virgen: Θεοτόκος (o Madre de Dios) y Βοήθεια (o Auxiliadora). Ya en el sigo IV, San Juan Crisóstomo, arzobispo de Constantinopla, decía que “𝐌𝐚𝐫𝐢́𝐚 𝐞𝐬 𝐮𝐧 𝐚𝐮𝐱𝐢𝐥𝐢𝐨 𝐩𝐨𝐭𝐞𝐧𝐭𝐢́𝐬𝐢𝐦𝐨, 𝐟𝐮𝐞𝐫𝐭𝐞 𝐲 𝐦𝐮𝐲 𝐞𝐟𝐢𝐜𝐚𝐳 𝐝𝐞 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐧𝐞𝐬 𝐬𝐞𝐠𝐮𝐢𝐦𝐨𝐬 𝐚 𝐂𝐫𝐢𝐬𝐭𝐨”. Proclo, filósofo griego en el siglo V y San Sabas de Cesarea en el siglo VI también se refieren a María en estos términos, haciéndolo también siglos más tarde San Sofronio de Jerusalén, San Juan Damasceno y San Germán de Constantinopla.

Y esto es cierto, porque María es nuestra auxiliadora, que nos protege contra el mal, porque ya en el mismo libro del Génesis se dice: “𝐏𝐨𝐧𝐝𝐫𝐞́ 𝐞𝐧𝐞𝐦𝐢𝐬𝐭𝐚𝐝 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞 𝐭𝐢 𝐲 𝐥𝐚 𝐦𝐮𝐣𝐞𝐫, 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞 𝐭𝐮 𝐝𝐞𝐬𝐜𝐞𝐧𝐝𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐲 𝐥𝐚 𝐬𝐮𝐲𝐚; 𝐞𝐥𝐥𝐚 𝐭𝐞 𝐩𝐢𝐬𝐚𝐫𝐚́ 𝐥𝐚 𝐜𝐚𝐛𝐞𝐳𝐚, 𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐫𝐚𝐬 𝐭𝐮 𝐚𝐜𝐞𝐜𝐡𝐚𝐬 𝐬𝐮 𝐜𝐚𝐥𝐜𝐚𝐧̃𝐚𝐫” (Gen. 3, 15). Los cristianos vemos en este texto bíblico una alusión a la Santísima Virgen, ya que al ser la Madre de Jesús, es la mujer que lleva la salvación en su linaje, en su descendencia. Y por si tuviésemos dudas acerca de si esta referencia se refiere a María, el mismo San Juan Evangelista, en el libro del Apocalipsis lo deja aun más claro: “𝐔𝐧𝐚 𝐠𝐫𝐚𝐧 𝐬𝐞𝐧̃𝐚𝐥 𝐚𝐩𝐚𝐫𝐞𝐜𝐢𝐨́ 𝐞𝐧 𝐞𝐥 𝐜𝐢𝐞𝐥𝐨: 𝐮𝐧𝐚 𝐌𝐮𝐣𝐞𝐫, 𝐯𝐞𝐬𝐭𝐢𝐝𝐚 𝐝𝐞 𝐬𝐨𝐥, 𝐜𝐨𝐧 𝐥𝐚 𝐥𝐮𝐧𝐚 𝐛𝐚𝐣𝐨 𝐬𝐮𝐬 𝐩𝐢𝐞𝐬 𝐲 𝐮𝐧𝐚 𝐜𝐨𝐫𝐨𝐧𝐚 𝐝𝐞 𝐝𝐨𝐜𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐫𝐞𝐥𝐥𝐚𝐬 𝐬𝐨𝐛𝐫𝐞 𝐬𝐮 𝐜𝐚𝐛𝐞𝐳𝐚; 𝐭𝐢𝐞𝐧𝐞 𝐮𝐧 𝐧𝐢𝐧̃𝐨 𝐞𝐧 𝐬𝐮 𝐯𝐢𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞 𝐲 𝐥𝐥𝐨𝐫𝐚𝐛𝐚 𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐫𝐚𝐬 𝐝𝐚𝐛𝐚 𝐚 𝐥𝐮𝐳, 𝐜𝐨𝐧 𝐠𝐫𝐚𝐧 𝐝𝐨𝐥𝐨𝐫 𝐝𝐞 𝐩𝐚𝐫𝐭𝐨” (Apocalipsis, 12, 1-2).

Esta advocación, con el paso de los siglos, fue tomando fuerza en toda la Iglesia, en Oriente y en Occidente, llegando su punto culminante en el siglo XIX, cuando San Juan Bosco, puso toda su actividad educativa y apostólica bajo la protección de María Auxiliadora. De todas formas, no olvidemos que ya San Pío V, en el siglo XVI, cuando instituyó la fiesta de Santa María de las Victorias, incluyó la advocación “𝐀𝐮𝐱𝐢𝐥𝐢𝐮𝐦 𝐜𝐡𝐫𝐢𝐬𝐭𝐢𝐚𝐧𝐨𝐫𝐮𝐦 (𝐀𝐮𝐱𝐢𝐥𝐢𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐜𝐫𝐢𝐬𝐭𝐢𝐚𝐧𝐨𝐬)” en las letanías lauretanas.

Pero volviendo a Don Bosco, tenemos que resaltar que fue él quien popularizó en todo Occidente la invocación “𝐌𝐚𝐫𝐢́𝐚, 𝐀𝐮𝐱𝐢𝐥𝐢𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐜𝐫𝐢𝐬𝐭𝐢𝐚𝐧𝐨𝐬”. El no podía concebir que el éxito de su labor entre los jóvenes no estuviese favorecido por la acción directa de la Santísima Virgen. El veía ese éxito como una obra directa de María y por eso, en el año 1860 retoma la antigua advocación de “𝐌𝐚𝐫𝐢́𝐚 𝐀𝐮𝐱𝐢𝐥𝐢𝐚𝐝𝐨𝐫𝐚”, ya que fue la mismísima Virgen María quien le manifestó su deseo de que se la nombrara y honrara bajo esa antigua advocación y esta advocación se expandió por los cinco continentes simultáneamente a la expansión de los salesianos por todo el mundo. San Juan Bosco y Santa María Dominica Mazzarello fundaron una nueva congregación religiosa y no es casual que le pusieran este nombre: “𝐈𝐧𝐬𝐭𝐢𝐭𝐮𝐭𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐚𝐬 𝐇𝐢𝐣𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐌𝐚𝐫𝐢́𝐚 𝐀𝐮𝐱𝐢𝐥𝐢𝐚𝐝𝐨𝐫𝐚”

A fin de ponerla en la iglesia erigida en Valdocco, San Juan Bosco mandó pintar a Tomás Lorenzone una imagen de la Virgen con el Niño, puesta de forma que apareciese venerada por los doce apóstoles, otros santos y ángeles, siendo esta pintura aquella en la que se han basado otras muchas representaciones de María Auxiliadora. Lorenzone tardó tres años en realizar el trabajo el cual, finalmente, fue puesto en la Basílica de María Auxiliadora en Turín.
Asimismo, San Juan Bosco compuso una oración que es conocida como la “𝐎𝐫𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐝𝐨𝐧 𝐁𝐨𝐬𝐜𝐨 𝐚 𝐌𝐚𝐫𝐢́𝐚 𝐀𝐮𝐱𝐢𝐥𝐢𝐚𝐝𝐨𝐫𝐚” y que es esta:

𝐎𝐡, 𝐌𝐚𝐫𝐢́𝐚, 𝐕𝐢𝐫𝐠𝐞𝐧 𝐩𝐨𝐝𝐞𝐫𝐨𝐬𝐚, 𝐠𝐫𝐚𝐧𝐝𝐞 𝐞 𝐢𝐥𝐮𝐬𝐭𝐫𝐞 𝐝𝐞𝐟𝐞𝐧𝐬𝐨𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐈𝐠𝐥𝐞𝐬𝐢𝐚, 𝐬𝐢𝐧𝐠𝐮𝐥𝐚𝐫 𝐚𝐮𝐱𝐢𝐥𝐢𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐜𝐫𝐢𝐬𝐭𝐢𝐚𝐧𝐨𝐬, 𝐭𝐞𝐫𝐫𝐢𝐛𝐥𝐞 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐮𝐧 𝐞𝐣𝐞́𝐫𝐜𝐢𝐭𝐨 𝐨𝐫𝐝𝐞𝐧𝐚𝐝𝐨 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐥𝐚 𝐛𝐚𝐭𝐚𝐥𝐥𝐚. 𝐓𝐮́ 𝐬𝐨𝐥𝐚 𝐡𝐚𝐬 𝐭𝐫𝐢𝐮𝐧𝐟𝐚𝐝𝐨 𝐝𝐞 𝐭𝐨𝐝𝐚𝐬 𝐥𝐚𝐬 𝐡𝐞𝐫𝐞𝐣𝐢́𝐚𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐦𝐮𝐧𝐝𝐨. 𝐎𝐡 𝐌𝐚𝐝𝐫𝐞, 𝐞𝐧 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚𝐬 𝐚𝐧𝐠𝐮𝐬𝐭𝐢𝐚𝐬, 𝐞𝐧 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚𝐬 𝐥𝐮𝐜𝐡𝐚𝐬, 𝐞𝐧 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐨𝐬 𝐚𝐩𝐮𝐫𝐨𝐬, 𝐥𝐢́𝐛𝐫𝐚𝐧𝐨𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐞𝐧𝐞𝐦𝐢𝐠𝐨 𝐲 𝐞𝐧 𝐥𝐚 𝐡𝐨𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐦𝐮𝐞𝐫𝐭𝐞, 𝐥𝐥𝐞́𝐯𝐚𝐧𝐨𝐬 𝐚𝐥 𝐜𝐢𝐞𝐥𝐨. 𝐀𝐦𝐞́𝐧.

Pidamos en el día de hoy a la Santísima Virgen por el Santo Padre, el Papa León XIV y por el fin de las guerras en Ucrania, Palestina, Sudán y otros lugares del planeta.

𝐌𝐚𝐫𝐢𝐚, 𝐚𝐮𝐱𝐢𝐥𝐢𝐮𝐦 𝐜𝐡𝐫𝐢𝐬𝐭𝐢𝐚𝐧𝐨𝐫𝐮𝐦, 𝐨𝐫𝐚 𝐩𝐫𝐨 𝐧𝐨𝐛𝐢𝐬.

    Hoy recemos juntos el Rosario a las 5:30 p.m. en nuestro Templo y ofrezcamos a la Virgen María nuestra Eucaristía or...
13/05/2025


Hoy recemos juntos el Rosario a las 5:30 p.m. en nuestro Templo y ofrezcamos a la Virgen María nuestra Eucaristía orando por la paz de Colombia y del mundo.

Aunque la Virgen Santísima está en el cielo en cuerpo y alma (cf. Ap 12, 1; Sal 132), y desde el cielo nuestra madre intercede por nosotros y nos ayuda en nuestro peregrinar hacia Dios; sin embargo, en sus apariciones, Dios permite que el cuerpo glorificado de la Virgen se haga visible para alguna/s persona/s. Aunque esta verdad trasciende nuestra capacidad racional, no es contraria a la razón. Para quien vive en gracia y experimenta una viva relación con Dios, la Virgen y los santos, las apariciones no presentan una dificultad porque saben que ellos, están siempre con nosotros y se manifiestan.

María, por tener un cuerpo glorioso, puede tomar diferentes características físicas: su edad, estatura, apariencia, forma de hablar, vestuario. El cuerpo glorificado no tiene dificultad en estas adaptaciones sin dejar por ello de ser real (por ejemplo las apariciones de Cristo a los discípulos o a la Magdalena en Jn 20 y 21 o a los discípulos de Emaús en Lc 24, 16). La Virgen se acomoda a la cultura y el lenguaje de los videntes. Esta es una adaptación pedagógica que hace la Virgen como madre de misericordia que busca a sus hijos e hijas en todo el mundo. También la Virgen puede comunicarse milagrosamente a través de solo locuciones: la persona solo escucha a la Virgen.

La Iglesia reconoce la posibilidad de que Dios hable directamente a algunas almas y las instruya en el bien, ya particular, ya colectivamente. Las apariciones marianas no añaden nada a la doctrina cristiana. El propósito de la Virgen es ayudarnos a vivir nuestra fe según la enseña la Iglesia. Ella nos recuerda algún aspecto de la fe o vida cristiana un tanto olvidado o no explícitamente deducido. Ella pone ante nuestra conciencia la verdad que hemos olvidado o que vivimos superficialmente. Ella nos ayuda a profundizar para que saquemos el mayor provecho espiritual.

El Cardenal Ratzinger (luego Papa Benedicto XVI) , cuando era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, nos dijo: "No podemos ciertamente impedir que Dios hable a nuestro tiempo a través de personas sencillas y valiéndose de signos extraordinarios que denuncian la insuficiencia de las culturas que nos dominan, contaminadas de racionalismo y de positivismo. Las apariciones que la Iglesia ha aprobado oficialmente ocupan un lugar preciso en el desarrollo de la vida de la Iglesia en el último siglo. Muestra, entre otras cosas, que la Revelación -aún siendo única, plena y por consiguiente, insuperable- no es algo mu**to; es viva y vital." -Ratzinger, Reporte Sobre la Fe.

Es cierto que nadie está obligado a creer en una aparición privada, aunque esté aprobada por la Iglesia. Sin embargo sería temerario rechazarlas una vez que han sido aprobados. Habríamos de preguntarnos: ¿Creemos de verdad que la Virgen esta gloriosa en el cielo y puede aparecerse si Dios la envía?; ¿Estamos verdaderamente abiertos con humildad a discernir o lo rechazamos apriori?
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La Santísima Virgen, Nuestra Señora, se les apareció en seis ocasiones a Lucía, Francisco y Jacinta, cerca del pueblo de Fátima, Portugal, entre el 13 de mayo y el 13 de octubre de 1917. En el transcurso de estas apariciones, Nuestra Señora les dijo a los niños que el Cielo le otorgaría la paz al mundo entero si sus peticiones por la oración, la reparación y la consagración eran escuchadas y obedecidas.

“Si hacen lo que Yo les diga...tendrán paz.”
Nuestra Señora les explicó a los niños que la guerra es un castigo por el pecado, y les advirtió que Dios castigaría la desobediencia del mundo a Su Voluntad con la guerra, el hambre y la persecución en contra de la Iglesia, del Santo Padre y de los fieles católicos. La Purísima Virgen profetizó que Rusia sería el "instrumento de castigo" elegido por Dios que esparciría los errores del ateísmo y del materialismo alrededor de la tierra, fomentando guerras, aniquilando naciones y persiguiendo a los fieles en todas partes.
“Si no atendieran a mis deseos, Rusia esparcirá sus errores por el mundo promoviendo guerras y persecuciones contra la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán aniquiladas.”
En todas sus apariciones en Fátima, Nuestra Señora hizo énfasis repetidamente en la necesidad de rezar el Santo Rosario diariamente, de llevar impuesto el Santo Escapulario y de llevar a cabo actos de reparación y sacrificios.

Para impedir el terrible castigo a manos de Rusia, y para convertir a “esa pobre nación”, Nuestra Señora pidió la Consagración solemne y pública de Rusia a Su Corazón Inmaculado, hecha por el Papa y todos los obispos católicos del mundo. Pidió también que los Fieles practicaran una nueva devoción de reparación el primer sábado durante cinco meses consecutivos ("los Cinco Primeros Sábados").
El Mensaje de Nuestra Señora al mundo está contenido en lo que ha venido a llamarse el “Secreto” que Ella le confió a los tres niños videntes en julio de 1917. El Secreto consiste en realidad de tres partes, las dos primera de las cuales ya han sido públicamente reveladas. La primera parte del Secreto fue una horrorizante visión del in****no “donde van las almas de los pobres pecadores”, y contenía una urgente súplica de Nuestra Señora para llevar a cabo actos de oración y sacrificio para salvar almas. La segunda parte del Secreto profetizó específicamente el estallido de la Segunda Guerra Mundial y contenía la solemne petición de la Madre de Dios, de la Consagración de Rusia, como condición para la paz mundial. También predijo el inevitable triunfo de Su Corazón Inmaculado después de la consagración de Rusia y la conversión de “esa pobre nación” a la Fe Católica.

La última parte del Secreto (a veces llamada el "Tercer Secreto") fue revelada públicamente por la Santa Sede en el año 2000:
http://www.vatican.va/.../rc_con_cfaith_doc_20000626...

Oremos: "Oh Dios, que a la Madre de tu Hijo la hiciste también Madre nuestra, concédenos que, perseverando en la penitencia y la plegaria por la salvación del mundo, podamos promover cada día con mayor eficacia el reino de Cristo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos". Amén.

 Sábado, 10 de mayo de 2025Hermanos cardenales:Los saludo y les agradezco a todos por este encuentro y por los días que ...
11/05/2025


Sábado, 10 de mayo de 2025

Hermanos cardenales:
Los saludo y les agradezco a todos por este encuentro y por los días que lo han precedido, dolorosos por la pérdida del Santo Padre Francisco, arduos por las responsabilidades afrontadas juntos y, al mismo tiempo, según la promesa que Jesús mismo nos ha hecho, ricos de gracia y de consolación en el Espíritu (cf. Jn 14,25-27).
Ustedes, queridos cardenales, son los más estrechos colaboradores del Papa, y esto me sirve de consuelo al aceptar un yugo que claramente supera no sólo mis fuerzas, sino a las de cualquier otro. Su presencia me recuerda que el Señor, que me ha confiado esta misión, no me deja solo con la carga de esta responsabilidad. Ante todo, sé que cuento siempre, siempre, con su auxilio, el auxilio del Señor, y, por su Gracia y Providencia, con la cercanía de ustedes y de tantos hermanos y hermanas que en el mundo entero creen en Dios, aman a la Iglesia y sostienen con la oración y las buenas obras al Vicario de Cristo.
Mi agradecimiento al Decano del Colegio Cardenalicio, el cardenal Giovanni Battista Re —merece un aplauso, al menos uno, si no más— que, con su sabiduría, fruto de una larga vida y de muchos años de fiel servicio a la Sede Apostólica, nos ha ayudado mucho en este tiempo. También agradezco al Camarlengo de la santa Iglesia romana, el cardenal Kevin Joseph Farrell —creo que está aquí presente—, por el valioso y difícil papel que ha desempeñado durante el tiempo de la Sede Vacante y la convocación del cónclave. Dirijo también mi pensamiento a los hermanos cardenales que, por razones de salud, no han podido estar presentes y, junto con ustedes, me uno a ellos en comunión de afecto y oración.
En este momento, a la vez triste y alegre, envuelto providencialmente en la luz de la Pascua, quisiera que contempláramos juntos el tránsito del recordado Santo Padre Francisco y el cónclave como un acontecimiento pascual, una etapa del largo éxodo a través del cual el Señor sigue guiándonos hacia la plenitud de la vida. En esta perspectiva, confiamos al «Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo» (2 Co 1,3) el alma del Pontífice difunto y también el futuro de la Iglesia.
El Papa, desde san Pedro hasta mí, su indigno sucesor, es un humilde siervo de Dios y de los hermanos, y nada más que esto. Lo han demostrado bien los ejemplos de muchos de mis predecesores, como el del Papa Francisco mismo, con su estilo de total dedicación al servicio y de sobria esencialidad de vida, de abandono en Dios durante el tiempo de la misión y de serena confianza en el momento del retorno a la Casa del Padre. Recojamos esta valiosa herencia y retomemos el camino, animados por la misma esperanza que nos viene de la fe.
Es el Resucitado, presente en medio de nosotros, quien protege y guía a la Iglesia, y continúa a reavivarla en la esperanza, a través del amor que «ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado» (Rm 5,5). A nosotros nos toca ser dóciles oyentes de su voz y ministros fieles de sus designios de salvación, recordando que Dios ama comunicarse, más que en el fragor del trueno o del terremoto, en «el rumor de una brisa suave» (1 R 19,12) o, como lo traducen algunos, en una “sutil voz de silencio”. Este es el encuentro importante, que no hay que perder, y hacia el cual hay que educar y acompañar a todo el santo Pueblo de Dios que nos ha sido confiado.
En los días pasados hemos podido ver la belleza y sentir la fuerza de esta inmensa comunidad que, con tanto afecto y devoción, ha despedido y llorado a su Pastor, acompañándolo con la fe y la oración hasta su encuentro definitivo con el Señor. Hemos visto cuál es la verdadera grandeza de la Iglesia, que vive en la variedad de sus miembros, unidos a su única Cabeza, Cristo «Pastor y Guardián» (1 P 2,25) de nuestras almas. Ella es el vientre en el que también nosotros fuimos generados y, al mismo tiempo, la grey (cf. Jn 21,15-17), el campo (cf. Mc 4, 1-20) que se nos ha entregado para que lo cuidemos y lo cultivemos, lo alimentemos con los Sacramentos de salvación y lo fecundemos con la semilla de la Palabra, de manera que, sólido en la concordia y entusiasta en la misión, camine, como una vez los israelitas en el desierto, a la sombra de la nube y a la luz del fuego de Dios (cf. Ex 13,21).
Y a este propósito, quisiera que renováramos juntos, hoy, nuestra plena adhesión a ese camino, a la vía que desde hace ya decenios la Iglesia universal está recorriendo tras las huellas del Concilio Vaticano II. El Papa Francisco ha recordado y actualizado magistralmente su contenido en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium, de la que me gustaría destacar algunas notas fundamentales: el regreso al primado de Cristo en el anuncio (cf. n. 11); la conversión misionera de toda la comunidad cristiana (cf. n. 9); el crecimiento en la colegialidad y en sinodalidad (cf. n. 33); la atención al sensus fidei (cf. nn. 119-120), especialmente en sus formas más propias e inclusivas, como la piedad popular (cf. 123); el cuidado amoroso de los débiles y descartados (cf.n. 53); el diálogo valiente y confiado con el mundo contemporáneo en sus diferentes componentes y realidades (cf. n. 84, Concilio Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes, 1-2).
Se trata de los principios del Evangelio que animan e inspiran, desde siempre, la vida y la obra de la Familia de Dios; de los valores a través de los cuales el rostro misericordioso del Padre se ha revelado y continúa a revelarse en el Hijo hecho hombre, esperanza última de todos los que busquen con ánimo sincero la verdad, la justicia, la paz y la fraternidad (cf. Benedicto XVI, Carta enc. Spe salvi, 2; Francisco, Bulla Spes non confundit, 3).
Precisamente, al sentirme llamado a proseguir este camino, pensé tomar el nombre de León XIV. Hay varias razones, pero la principal es porque el Papa León XIII, con la histórica Encíclica Rerum novarum, afrontó la cuestión social en el contexto de la primera gran revolución industrial y hoy la Iglesia ofrece a todos, su patrimonio de doctrina social para responder a otra revolución industrial y a los desarrollos de la inteligencia artificial, que comportan nuevos desafíos en la defensa de la dignidad humana, de la justicia y el trabajo.
Queridos hermanos, quisiera terminar esta primera parte de nuestro encuentro haciendo mío ―y proponiéndoselo también a ustedes― el deseo que san pablo VI, en 1963, expresó en el inicio de su ministerio petrino: «Que sobre el mundo entero pase una gran llama de fe y de amor que ilumine a todos los hombres de buena voluntad, allanando los caminos de la colaboración recíproca y que atraiga sobre la humanidad, la abundancia de la benevolencia divina, la fuerza misma de Dios, sin cuya ayuda nada vale ni nada es santo» (Primer Mensaje al mundo entero Qui fausto die, 22 junio 1963).
Que sean también estos nuestros sentimientos y, con la ayuda del Señor, los traduzcamos en oración y compromiso. Gracias.

   Sábado anterior al IV Domingo de PascuaPío VI, el 1 de agosto de 1795, instituyó canónicamente la fiesta en honor de ...
11/05/2025



Sábado anterior al IV Domingo de Pascua

Pío VI, el 1 de agosto de 1795, instituyó canónicamente la fiesta en honor de la Bienaventurada Virgen María, Madre del Divino Pastor. Fue el beato Diego José de Cádiz uno de los que más se afanaron por lograr el refrendo pontificio en favor de la «Madre del Buen Pastor», que presidía sus misiones populares. El Papa concedió a los capuchinos de España que pudieran venerar como singular Patrona de sus misiones a la Madre del Buen Pastor, Jesucristo, poderosa mediadora entre él y nosotros, su pueblo y ovejas de su rebaño.
Tras la reforma litúrgica, esta Fiesta quedó inscrita para el sábado después del III Domingo de Pascua, o sea, sábado anterior al Domingo del Buen Pastor. Es propia de algunas familias religiosas, sin embargo, de gran estima entre el pueblo de Dios.

Les invitamos a meditar el Himno y segunda Lectura del Oficio propio de esta advocación mariana, que es "Fiesta" para las Clarisas Capuchinas, Terciarios/as Capuchinos/as y Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor; y "Solemnidad" para las Capuchinas de la Madre del Divino Pastor y Terciarias Franciscanas del Rebaño de María.

HIMNO
Te aclamamos por Madre y Señora
–eres causa de nuestra alegría–;
nuestra Reina, la corredentora
que ha querido mostrarse pastora.

¡Oh humildísima Virgen María!
Has trocado la augusta diadema
por sencillo sombrero con flores,
amapolas y espigas tu gema,
y es un báculo humilde tu emblema
de Pastora entre tantos pastores.

Cual ninguno conoces la fuente,
manantial de las aguas tranquilas.
A la sombra del Omnipotente
no hay oveja que no se apaciente
cuando tú, cual Pastora, vigilas.

¡Qué feliz es contigo el rebaño!,
lo recuestas en verdes praderas
lo conduces con gozo y sin daño,
lo defiendes del mal, del engaño,
en guardarle del lobo te esmeras.

Quien de ti se ha fiado no falla
al cruzar las cañadas oscuras,
lo proteges en toda batalla,
eres lumbre y escudo y muralla,
le hallas pasto en las peñas más duras.

¡Gloria a aquel que la quiso tan bella!
Gloria al Hijo, su dicha y su encanto
–Astro Rey que nació de una estrella–.
Por la obra que él hizo con ella,
gloria sea al Espíritu Santo. Amén.

De los sermones de san Juan de Ávila
(Sermones 15 y 70: BAC 303 y 304, Obras completas del santo maestro Juan de Ávila, Madrid 1970, pp. 249-250 y pp. 192-193)

La Virgen sin mancilla es nuestra Pastora, después de Dios
¡Cristianos! Ovejas sois de Jesucristo, y él es vuestro pastor. ¡Oh dichosas ovejas, que tienen tal pastor! Mis ovejas –dice el Señor– oyen mi voz; y yo las conozco, y ellas me siguen a mí, y yo les daré la vida eterna, y no perecerán para siempre jamás, y no habrá nadie tan poderoso que me las arrebate de la mano. ¡Oh bendito tan buen Pastor! ¡Bendito tal Señor, rey y pastor!

Hacía Dios, a todos los principales, pastores; a todos los ocupaba en guardar ovejas, y de allí sacaba unos para profetas, otros para patriarcas, otros para reyes. Querría significar que Jesucristo había de ser profeta de los profetas, patriarcas, rey y pastor. También las mujeres de aquel tiempo, como era Rebeca y Lía y Raquel y otras muchas, denotaban a la Virgen sin mancilla, que, después de Jesucristo, no ha habido otra pastora, ni hay quien así guarde las ovejas de Jesucristo, y pues la Virgen sin mancilla es nuestra pastora después de Dios, supliquémosle que nos apaciente, alcanzándonos gracia.

San Pablo dice que daba leche y regalaba a sus hijos pequeños y que, para ganar a todos, se hacía todas las cosas a todos; ¡cuánto más verdaderamente haría el oficio de madre esta Virgen sagrada, pues sin ninguna comparación les tenía mayor caridad que san Pablo! Sus entrañas santísimas se henchían de consolación viendo que el fruto de la pasión de su benditísimo Hijo no salía en balde, pues por el mérito de ella tanta gente se convertía a él. Y parecíale que acoger y regalar, enseñar y esforzar a los que a ella venían, era recoger la sangre de su Hijo bendito, que delante los ojos de ella se había derramado por ellos. Alababa a la divina bondad, y ningún trabajo le parecía pesado, y ninguna hora era fuera de hora para recoger aquel ganado que entendía que el Señor le enviaba para que lo aceptase en la gracia del Señor.

Muy bien supo el Señor lo que hizo en dejar tal Madre en la tierra, y muy bien se cumplió lo que estaba escrito de la buena mujer, que confió en ella el corazón de su marido. Porque lo que su Esposo e Hijo Jesucristo había ganado en el monte Calvario derramando su sangre, ella lo guardaba y cuidaba y procuraba de acrecentar como hacienda de sus entrañas, por cuyo bien tales y tantas prendas tenía metidas.

¡Dichosas ovejas, que tal pastora tenían y tal pasto recibían por medio de ella! Pastora, no jornalera que buscase su propio interés, pues que amaba tanto a las ovejas que, después de haber dado por la vida de ellas la vida de su amantísimo Hijo, diera de muy buena gana su vida propia, si necesidad de ella tuvieran. ¡Oh, qué ejemplo para los que tienen cargo de almas! Del cual pueden aprender la saludable ciencia del regimiento de almas, la paciencia para sufrir los trabajos que en apacentarlas se ofrecen. Y no sólo será su maestra que los enseña, mas, si fuere con devoción de ellos llamada, les alcanzará fuerzas y lumbre para hacer bien el oficio.

RESPONSORIO
℣. No sé con qué alabanzas ensalzarte,
oh bienaventurada Virgen María,
Madre del Divino Pastor.
Porque llevaste en tu seno
al que los cielos no pueden abarcar.
Aleluya.
℟. No sé con qué alabanzas ensalzarte,
oh bienaventurada Virgen María,
Madre del Divino Pastor.
Porque llevaste en tu seno
al que los cielos no pueden abarcar.
Aleluya.
℣. Bendita tú entre las mujeres
y bendito el fruto de tu vientre. Aleluya.
℟. Porque llevaste en tu seno
al que los cielos no pueden abarcar.
Aleluya.

OREMOS
Señor Jesucristo, Pastor bueno, que entregaste la vida por tus ovejas, y, elevado en la cruz, nos diste a la Virgen por Madre; concédenos, por su intercesión poderosa, seguirte ahora como Pastor nuestro en la tierra, y llegar después a la Pascua eterna en el cielo. Tú que vives y reinas, con Dios Padre, en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

     Hoy, en muchos lugares, el Pueblo de Dios celebra una antigua tradición: el día de la Cruz de Mayo, devoción que ev...
03/05/2025



Hoy, en muchos lugares, el Pueblo de Dios celebra una antigua tradición: el día de la Cruz de Mayo, devoción que evoca el hallazgo del madero en el que murió nuestro Señor por Santa Elena, y la victoria de Constantino sobre Majencio, con quien se disputaba el poder. Bajo el signo de la cruz, el imperio aceptó a los cristianos y acabó con la persecución.

"Te adoramos oh Cristo y te bendecimos, que por tu santa Cruz redimiste al mundo!"

Los invitamos a rezar hoy los Mil Jesús en nuestro Templo Parroquial a las 5:30 p.m.

Más información:
👉 https://hubs.la/Q03kYfg80

  ¿Sabes por qué mayo es el mes dedicado a la Virgen María?Durante siglos la Iglesia Católica ha dedicado todo el mes de...
02/05/2025



¿Sabes por qué mayo es el mes dedicado a la Virgen María?
Durante siglos la Iglesia Católica ha dedicado todo el mes de mayo para honrar a la Virgen María, la Madre de Dios. Su por qué?
En la antigua Grecia el mes mayo era dedicado a Artemisa, la diosa de la fecundidad. Algo similar sucedía en la antigua Roma pues mayo era dedicado a Flora, la diosa de la vegetación. En aquella época celebraban los "ludi florals" o los juegos florales a finales de abril y pedían su intercesión. En la época medieval abundaron costumbres similares, todo centrado en la llegada del buen tiempo y el alejamiento del invierno. El 1 de mayo era considerado como el apogeo de la primavera.

Durante este período, antes del siglo XII, entró en vigor la tradición de Tricesimum o "La devoción de treinta días a María". Estas celebraciones se llevaban a cabo del 15 de agosto al 14 de septiembre y todavía puede observarse en algunas áreas.
La idea de un mes dedicado específicamente a María se remonta al tiempo barroco o siglo XVII. Si bien, no siempre se llevó a cabo en mayo, el mes de María incluía treinta ejercicios espirituales diarios en honor a la Madre de Dios.

Fue en esta época que el mes de mayo y de María se combinaron, haciendo que esta celebración cuente con devociones especiales organizadas cada día durante todo el mes. Esta costumbre se extendió sobre todo durante el siglo XIX y se practica hasta hoy.
Las formas en que María es honrada en mayo son tan variadas como las personas que la honran.

Es común que las parroquias tengan en mayo un rezo diario del Rosario y muchas erijan un altar especial con una estatua o imagen de María. Además, se trata de una larga tradición el coronar su estatua, una costumbre conocida como la Coronación de Mayo.
A menudo, la corona está hecha de hermosas flores que representan la belleza y la virtud de María y también es un recordatorio a los fieles para esforzarse en imitar sus virtudes. Esta coronación es en algunas áreas una gran celebración y, por lo general, se lleva a cabo fuera de la Misa.
Los altares y coronaciones en este mes no son solo privilegios de la parroquia. En los hogares también se puede participar plenamente en la vida de la Iglesia.

Debemos darle un lugar especial a María no porque sea una tradición de larga data en la Iglesia o por las gracias especiales que se pueden obtener, sino porque María es nuestra Madre, la madre de todo el mundo y porque se preocupa por todos nosotros, intercediendo incluso en los asuntos más pequeños.

Por eso se merece todo un mes en su honor. Veneremos con amor a quien es nuestra patrona

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