03/10/2026
Debemos convertirnos en mujeres que arrebatan en oración y guerra espiritual lo que el enemigo intenta robar.
Muchas familias están siendo sacudidas por la aflicción, la tristeza y el dolor. La devastación demoníaca ha llegado de muchas formas, a través del divorcio, el abuso, de hijos rebeldes, de adicciones, pero el resultado siempre es el mismo: una familia, que solía ser feliz, enfrenta separación y dolor.
Quizá tu sentir ha sido: “Les daré más amor, más tiempo, más atención, y mientras tanto, seguiré orando”.
Pero esa actitud no basta. ¡Es tiempo de que tomes la espada del Espíritu y entres a la batalla por el corazón de tu esposo y de tus hijos! Estás del lado ganador, no tienes por qué sentirte derrotada.
En el libro de Jueces leemos sobre Débora, una madre que se levantó en Israel para ir al frente de la batalla; de la misma forma, ¡ahora, Dios está esperando que te levantes! Pongo en tus manos y en tu corazón un llamado urgente a despertar del sueño, sueno una trompeta para advertirte del peligro y mostrarte cómo lograr equilibrio entre la espiritualidad y la acción práctica.
“Así que puse a la gente por familias, con sus espadas, arcos y lanzas, detrás de las murallas, en los lugares más vulnerables y desguarnecidos. ¡No les tengan miedo! Acuérdense del Señor que es grande y temible, y peleen por sus hermanos, por sus hijos e hijas, y por sus esposos y sus hogares” (Nehemías 4:13-14)
De manera que coloqué guardias armados detrás de las partes más bajas de la muralla, en los lugares más descubiertos. Puse a la gente por familias para que hiciera guardia con espadas, lanzas y arcos. Luego, mientras revisaba la situación, reuní a los nobles y a los demás del pueblo y les dije: «¡No le tengan miedo al enemigo! ¡Recuerden al Señor, quién es grande y glorioso, y luchen por sus hermanos, sus hijos, sus hijas, sus esposas y sus casas!». Cuando nuestros enemigos se enteraron de que conocíamos sus planes y que Dios mismo los había frustrado, todos volvimos a nuestro trabajo en la muralla.
Nehemías 4:13