29/04/2026
UN CRISTIANO QUE VOTA NO ES LO MISMO QUE EL “VOTO CRISTIANO”
Se acercan las elecciones en Colombia y con ello suben los decibeles: campañas, eslóganes, encuestas y, lastimosamente, también las crispaciones.
La política es tremendamente pasional.
En ese maremoto suele aparecer el concepto del “voto cristiano”: la idea de aglutinar a toda la población creyente como una sola fuerza votante. De allí se desprende rápido la frase “un cristiano debería votar por…”
La explicación suele incluir valores (algunos), la fe del candidato y los destinos catastróficos de la nación si gana el bando contrario.
Hay que ser cuidadosos. Eso es una tremenda simplificación de la heterogeneidad que compone las comunidades de fe. Y nos hace creer, de forma equivocada, que una propuesta política representa al cristianismo en su totalidad.
Cuando hablamos de valores, siempre hay que preguntar: ¿cuáles? No existe ningún lado político que represente los valores cristianos en su totalidad. Y cuando alguien dice “¡pero los más esenciales!”, la pregunta sigue siendo: ¿quién los decide?
La Biblia no fue escrita para ser el manual de campaña de nadie. Siempre que elegimos un valor sobre otro, estamos tomando decisiones propias sobre qué priorizamos. Vale la pena preguntarse cuánto de lo que llamamos “cristiano” son solo valores culturales con lenguaje espiritual.
Es fácil ver cómo los otros llaman bueno a lo malo y viceversa. Pero qué ciegos somos cuando se trata de nosotros mismos. Pensar que Jesús aplaude cada decisión que tomamos solo por llevar el rótulo “cristiano” es soberbia, no fe.
Soy cristiano y voy a votar. Es un deber ciudadano que todos debemos cumplir. Votemos con criterio, con información, con responsabilidad.
Seamos cristianos que votan. Pero reconozcamos que nuestra fe es más grande, más compleja y más rica que un rostro en un tarjetón y
Dejar de ver la política como un tabú.