12/01/2026
Durante casi toda su vida, Doña Francisca caminó por calles llenas de palabras que no podía descifrar.
Los avisos, las cartas y hasta las instrucciones de un medicamento dependían siempre de alguien más, no fue una elección; en su juventud, el trabajo y las responsabilidades del hogar estuvieron primero que la escuela.
Décadas después, cuando muchos creen que ya no hay nada nuevo por aprender, ella tomó una decisión inesperada, a sus 92 años se inscribió en un programa de alfabetización para adultos mayores en Carmen de la Legua, Perú. Llegó apoyada en su bastón, se sentó frente a un cuaderno y comenzó desde lo más básico.
El proceso no fue rápido. El pulso temblaba al escribir y cada letra exigía paciencia; sin embargo, con el paso de los meses, Doña Francisca logró leer su nombre, un hecho que marcó uno de los momentos más importantes de su vida.