Iglesia Bautista reformada EJA

Iglesia Bautista reformada EJA Somos una Iglesia Bautista Confesional, una vez que nos acogemos a la Confesión Bautista de Fe de Londres de 1689 como su estándar confesional.

como Iglesia bíblica y reformada sostenemos una soteriología Calvinista frente al Arminianismo, una Teología de

23/05/2026

¿Cómo reconocer a un falso profeta?

Primero, porque Jesús mismo declaró que “la ley y los profetas fueron hasta Juan” (Mateo 11:13). Juan el Bautista fue el último profeta del antiguo pacto y señaló definitivamente a Cristo, no a sí mismo (Juan 3:30).

Después, porque las Escrituras advierten que aparecerían muchos engañadores que hablarían en nombre de Dios sin haber sido enviados por Él (Mateo 7:15; 2 Pedro 2:1).

Jesucristo mismo destruye la arrogancia de los falsos profetas modernos en Juan 21:20–22. Cuando Pedro quiso saber el futuro de Juan, Cristo no le reveló su destino, sino que respondió: “¿Qué a ti? Sígueme tú.”

El Señor dejó claro que las cosas secretas pertenecen solamente a Dios (Deuteronomio 29:29).

Por eso, quien pretende anunciarte “lo que Dios mostró sobre tu futuro”, manipular tus decisiones con supuestas revelaciones de permisos divinos, o atribuirse acceso exclusivo a los secretos del Altísimo, no está exaltando a Cristo: está usurpando un lugar que solo corresponde a Dios. (Jeremías 23:21; Ezequiel 13:6–7).

La verdadera voz de Cristo no esclaviza personas a “palabras proféticas” humanas. La voz de Cristo dice: “No te obsesiones con conocer secretos; sígueme a Mí.” (Juan 21:22).

Por tanto, huye de estos usurpadores que pretenden ocupar el lugar de Dios. No son bendición, son maldición para tu vida: roban tu paz, confunden tu fe y desvían tu mirada de Cristo. La voz del Señor no te ata a hombres, te llama a seguirle a Él: “¿Qué a ti? Sígueme tú.”

Pr. JF

21/05/2026

DAME A JESÚS.
Señor, me has dado una porción en el mundo. Me has dado reconocimiento y reputación entre los demás. Pero, ¿qué es todo esto para mí si estoy sin Cristo? ¿Si no tengo al que da gracia a mi alma, al que es mi todo en todo? Señor, este día me has enseñado que la distancia entre tú y yo es tan grande que sin un mediador, perezco para siempre. Entonces, niégame cualquier cosa, pero dame a Jesús. Amén.
— Jeremiah Burroughs

"La avaricia ocurre cuando fallan los interruptores de la saciedad del alma, haciéndonos mendigar el mañana cuando Dios ...
21/05/2026

"La avaricia ocurre cuando fallan los interruptores de la saciedad del alma, haciéndonos mendigar el mañana cuando Dios ya suplió el hoy."
— Pr. Juan Felipe Guarin Trujillo

21/05/2026

La Gula del Alma: Entendiendo la Verdadera Saciedad de la Riqueza.

El cuerpo puede estar lleno y, aun así, sentirse vacío. Al escuchar a un médico explicar que, cuando las hormonas de la saciedad fallan, el cerebro se vuelve sordo a la saciedad, entendí algo importante:

el cuerpo puede estar lleno de energía, pero el cerebro permanecer ciego a ella, y la mente seguir gritando: “necesito más”, a pesar de la abundancia.

Algo parecido ocurre con el alma: cuando el contentamiento desaparece, el corazón pierde la capacidad de reconocer la bondad de Dios en lo que ya tiene, dando paso a la avaricia, una especie de gula espiritual que acumula bienes, experiencias y deseos sin saciarse jamás.

Esta condición rara vez se presenta como amor al dinero; casi siempre se disfraza de una prudencia interminable y de una sensación constante de que “todavía no alcanza”.

Bajo ese engaño, postergamos la generosidad, el servicio y responsabilidades importantes en el hogar o en la iglesia, aplazando el bien que ya podríamos hacer hoy con la excusa de buscar una falsa estabilidad futura.

Bien decía el apóstol Pablo que la verdadera riqueza no radica en la cantidad de lo que poseemos, sino en aprender a vivir profundamente contentos delante de Dios. (1 Timoteo 6:6-7)

Reflexionemos…

¿Qué bien estás postergando hoy bajo el disfraz de una "prudencia" que en realidad es falta de contentamiento?

Si hoy evaluamos nuestro corazón, ¿estamos operando desde la gratitud por lo que Dios ya nos dio, o desde el temor constante de que nunca será suficiente?

Pr. Juan Felipe Guarin Trujillo.

21/05/2026

Oye tu...

“… anda en los caminos de tu corazón y en la vista de tus ojos; pero sabe, que sobre todas estas cosas te juzgará Dios.” — Eclesiastés 11:9

No confundas la paciencia de Dios con aprobación.
La longanimidad que hoy te sostiene no fue dada para que te acomodes al mundo, sino para llamarte al arrepentimiento.

El Rey aún no ha cerrado la puerta.
Pero mientras juegas con el pecado, olvidas que Su venida se acerca como fuego para los tibios y esperanza para los fieles.

Cada placer que hoy acaricia tu carne es pasajero. Cada día lejos de Cristo endurece un poco más el corazón. Y aun así… Él sigue llamando.

“¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?” — Romanos 2:4

Pr. Juan Felipe Guarin Trujillo.

21/05/2026

La lealtad verdadera comienza con un corazón rendido al Señor. No se trata solamente de palabras o emociones momentáneas, sino de una vida que persevera en obediencia, aun en medio de pruebas, tentaciones o presiones externas. Por eso la Biblia destaca repetidamente el ejemplo de David, no porque fuera un hombre perfecto, sino porque su corazón permanecía vuelto hacia Dios en arrepentimiento, dependencia y fe.
La Escritura también nos recuerda que la lealtad puede descuidarse. Salomón, quien comenzó con sabiduría y privilegios extraordinarios, permitió que su corazón se desviara poco a poco. Esto nos enseña que nadie debe confiar en sí mismo, sino velar constantemente sobre su comunión con Dios.

20/05/2026

Santiago compara la Palabra de Dios con un espejo. Cuando nos acercamos a ella con humildad, el Señor nos muestra lo que necesita ser corregido: pecados ocultos, motivaciones equivocadas, orgullo, amargura o pensamientos impuros. Pero el propósito de ese “espejo” no es solamente revelar nuestra condición, sino conducirnos al arrepentimiento y a una vida transformada por la gracia de Dios.
El problema no es mirarnos en el espejo de la Palabra; el problema es alejarnos de él y continuar viviendo como si nada hubiera sido mostrado. La verdadera madurez cristiana no consiste solo en conocer más Biblia, sino en permitir que la verdad de Dios gobierne nuestros pensamientos, deseos y acciones.

— John MacArthur

Santiago 1:23–24
23 Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, este es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural.
24 Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era.

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