23/05/2026
¿Cómo reconocer a un falso profeta?
Primero, porque Jesús mismo declaró que “la ley y los profetas fueron hasta Juan” (Mateo 11:13). Juan el Bautista fue el último profeta del antiguo pacto y señaló definitivamente a Cristo, no a sí mismo (Juan 3:30).
Después, porque las Escrituras advierten que aparecerían muchos engañadores que hablarían en nombre de Dios sin haber sido enviados por Él (Mateo 7:15; 2 Pedro 2:1).
Jesucristo mismo destruye la arrogancia de los falsos profetas modernos en Juan 21:20–22. Cuando Pedro quiso saber el futuro de Juan, Cristo no le reveló su destino, sino que respondió: “¿Qué a ti? Sígueme tú.”
El Señor dejó claro que las cosas secretas pertenecen solamente a Dios (Deuteronomio 29:29).
Por eso, quien pretende anunciarte “lo que Dios mostró sobre tu futuro”, manipular tus decisiones con supuestas revelaciones de permisos divinos, o atribuirse acceso exclusivo a los secretos del Altísimo, no está exaltando a Cristo: está usurpando un lugar que solo corresponde a Dios. (Jeremías 23:21; Ezequiel 13:6–7).
La verdadera voz de Cristo no esclaviza personas a “palabras proféticas” humanas. La voz de Cristo dice: “No te obsesiones con conocer secretos; sígueme a Mí.” (Juan 21:22).
Por tanto, huye de estos usurpadores que pretenden ocupar el lugar de Dios. No son bendición, son maldición para tu vida: roban tu paz, confunden tu fe y desvían tu mirada de Cristo. La voz del Señor no te ata a hombres, te llama a seguirle a Él: “¿Qué a ti? Sígueme tú.”
Pr. JF