16/05/2026
#1689
Pronto la estaremos estudiando en nuestra Plantación de Villa Alemana.
La Segunda Confesión Bautista de Londres, conocida popularmente como la Confesión de 1689, es, después de las Sagradas Escrituras, el documento rector más importante para las iglesias bautistas reformadas. Para comprender verdaderamente su riqueza, debemos contemplar el crisol de aflicción y fidelidad en el que fue forjada.
El contexto histórico: Tiempos de persecución
Para entender el origen de esta Confesión, debemos trasladarnos a la convulsa Inglaterra del siglo XVII. En la década de 1660, tras la restauración de la monarquía de Carlos II, se aprobó el infame Código de Clarendon, un conjunto de leyes coercitivas diseñadas para aplastar y erradicar cualquier disidencia de la religión oficial del Estado. Durante este oscuro período de opresión, los presbiterianos, congregacionalistas y bautistas sufrieron ciclos repetidos de rigurosa persecución, encarcelamientos y multas por negarse a someter su conciencia a los mandatos de los hombres.
En medio de este clima hostil, los bautistas particulares (nuestros antepasados calvinistas) sintieron la profunda necesidad de publicar una declaración clara de su fe para demostrar su armonía doctrinal con los demás hermanos puritanos que sufrían la misma injusticia cruel, y para desvincularse de los rumores que los asociaban con los anabaptistas radicales del continente.
¿Por qué "1689"? El verdadero origen de la Confesión
Es vital aclarar un detalle histórico: la confesión no se redactó ni se publicó originalmente en 1689. Fue elaborada y publicada de forma anónima, debido a la persecución, en el año 1677. El Dr. James M. Renihan, un destacado erudito de nuestra historia, lo aclara magistralmente: "A pesar del título popular de Confesión de 1689, no existe evidencia existente de que la Confesión se publicara en 1689. Parece haber adquirido esta denominación porque fue suscrita en la Asamblea General de Londres de 1689".
Lo que sucedió en 1689 fue que, con la llegada de Guillermo y María al trono y la promulgación del Acta de Tolerancia, los pastores bautistas finalmente pudieron salir de la clandestinidad. Se reunieron públicamente en una Asamblea General en Londres y adoptaron oficialmente este documento (que ya había sido impreso en 1677 y 1688) como la confesión representativa de más de cien congregaciones.
El porqué de su redacción y su dependencia teológica
Nuestros padres confesionales no tenían el deseo de inventar nuevas doctrinas ni de aislarse del resto del cristianismo histórico. Por el contrario, tomaron como modelo la Confesión de Fe de Westminster (1647) de los presbiterianos y la Declaración de Savoy (1658) de los congregacionalistas, copiando gran parte de su lenguaje casi palabra por palabra.
El Dr. Samuel Renihan explica esta convicción fundacional al señalar: "Estas confesiones, la primera y la segunda, contienen intencionadamente secciones de otras confesiones reformadas porque para los bautistas particulares la teología reformada fue su propia teología". No éramos una secta aislada; éramos, y somos, parte del gran árbol de la ortodoxia reformada posreforma.
Deseaban fervientemente mostrar a las autoridades y al resto de la cristiandad que eran creyentes sólidamente ortodoxos en las doctrinas fundamentales, aunque difirieran en aspectos de eclesiología y en la administración del bautismo. En la epístola original "Al lector juicioso e imparcial", que sirvió de hermoso prefacio al documento de 1677, los mismos redactores explican su propósito pacificador: "concluimos igualmente que lo mejor era seguir su ejemplo utilizando las mismas palabras que ellos en estos artículos (que son muchos) en los que nuestra fe y doctrina es la misma que la suya... para manifestar nuestro consentimiento con ambos en todos los artículos fundamentales de la religión cristiana".