Iglesia Ortodoxa de la Dormición de la Santísima Virgen María

Iglesia Ortodoxa de la Dormición de la Santísima Virgen María Somos una parroquia dependiente de la Arquidiócesis Metropolitana Ortodoxa en Chile del Patriarcado de Antioquìa y Todo el Oriente.

La necesidad de contar con un lugar propio para la oración y los sacramentos, llevó a un grupo de piadosos cristianos ortodoxos a fundar este hermoso templo bizantino en el corazón de Viña del Mar. El día 18 de Octubre del año 1960, se reúnen fervientes representantes de las colectividades árabe y griega de la región encabezados por sus respectivos líderes naturales, los señores Juan Massú Rabí y Jorge Mustakis Dragonas, quienes sentarán las bases espirituales y administrativas para nuestra comunidad creyente. De esta manera, nace la "Corporación Cristiana Ortodoxa de Valparaíso y Viña del Mar", sustento administrativo y jurídico que, luego de algunos años, verá cumplido su sueño en la edificación, alhajamiento y consagración del primer templo para la Quinta Región y segundo para el país, el día 2 de Febrero del año 1964. Somos una Parroquia dependiente del Arzobispado Ortodoxo de Antioquía en Chile, cuyo Arzobispo es Su Eminencia Reverendísima, el Arzobispo Metropolitano Monseñor Sergio Abad. A la espera de nuestro sitio web, que está actualmente en construcción, los invitamos a seguir nuestras actividades mediante este medio.

15/09/2026
07/09/2026

Decimocuarto Domingo del Ciclo de San Mateo
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“Muchos son los llamados, pero pocos los escogidos” (Mateo 22:14)

Existen varios paralelismos entre esta parábola que la Iglesia Ortodoxa nos ofrece hoy, Decimocuarto Domingo de Mateo y la de los labradores malvados (21:33-41), leída el domingo inmediatamente anterior (13° de Mateo) y que la precede en el texto bíblico. En ambos relatos, la figura-Dios (dueño/rey) provee algo sorprendentemente espectacular (una gran viña/un banquete de fiesta de bodas). A continuación, el dueño de la viña/rey, manda a sus siervos para que lleven un mensaje (paguen los frutos/vengan a la fiesta), y la gente (labradores/invitados) maltratan y matan a los siervos (profetas judíos/evangelistas cristianos).

La figura-Dios persiste y manda a otros siervos en una segunda oportunidad, a quienes la gente maltrata. Entonces, Dios castiga a los beneficiarios originales y transfiere el beneficio (viña/banquete) a otros. El hijo de la figura-Dios está involucrado en ambas parábolas, aunque de diferente manera. Esta es, obviamente, más que un relato sobre un rey y un banquete. Es el relato de la historia de la salvación en que Dios manda a sus profetas y evangelistas cristianos con la Buena Nueva (Evangelio), que algunos rechazan y otros aceptan.

El relato está dirigido en esta parábola a los principales sacerdotes y los fariseos y el banquete de bodas es el banquete mesiánico, que hoy conocemos como la Divina Liturgia. En esta parábola, un rey “envió sus siervos para que llamasen los llamados a las bodas” de su hijo. De acuerdo con las costumbres de aquel tiempo, toda vez que los relojes no estaban disponibles y la preparación del banquete se llevaba mucho tiempo, las invitaciones para tales eventos se enviaban con mucho tiempo de anticipación. Una vez que el banquete estaba listo, el anfitrión mandaba la noticia (al igual que nuestra costumbre de hacer una cita médica con tiempo y recibir un recordatorio un día antes).

Los invitados “no quisieron venir” (22:3). No ofrecieron excusas, sino que simplemente rechazaron el honor de la invitación. Una cosa era aceptar la invitación para una cena que se llevaría a cabo en una ocasión en el futuro, es decir, aceptar la invitación en principio. Tal aceptación no era un inconveniente para ellos de ninguna manera, y era un honor ser invitado. Pero era algo completamente diferente ahora que era tiempo de dejar lo que estaban haciendo, cambiarse de ropa, e ir al banquete. Ahora que la invitación llama a la acción, lo único que veían era la incomodidad de ello.

De igual manera, el llamado de Cristo, con detalles específicos, puede ser muy inconveniente. Como los invitados de la parábola, encontramos fácil aceptar a Cristo en principio, y, como ellos, encontramos menos fácil aceptar los detalles específicos: el llamado de Cristo a servir en diferentes instancias de la iglesia ya que estamos dolorosamente tentados a reservar nuestra vocación de servicio en la Iglesia para las partes de la vida que no requieren que cambiemos, que no nos fuerzan a salir fuera de nuestra zona de comodidad.

La tentación frecuentemente viene vestida de honestidad. Tenemos que trabajar, hacer mandados, cuidar a los niños, limpiar la casa, cocinar y lavar los platos, pagar las cuentas, etc. ¿Dónde podemos encontrar espacio para Dios en nuestra “lista de quehaceres”? Tal vez tengamos tiempo para Dios después de que hayamos cumplido con nuestros variados requerimientos de la vida diaria. Tal vez hay espacio para Dios al final de la lista, tal vez simplemente tengamos que hacer una nota mental de que Dios es importante, también, y tengamos que “anotarlo” en nuestra próxima lista de quehaceres.

Por esto, la frase final, “Muchos son los llamados, pero pocos los escogidos” no se debe entender como un filtro que excluye a miles de dubitativos semi creyentes que encuentran la excusa perfecta para no permitir que la transformación integral que ofrece el Señor opere en sus vidas, cuando dicen: Esto no es para mí, Jesús pide mucho, no soy capaz, mejor me abstengo, prefiero buscar otra cosa “QUE ME ACOMODE MÁS”.

La frase final del Señor debe entenderse como una invitación-mandato a encontrar la forma, por todos los medios, de hacerse parte del banquete de bodas, es decir, hacer exactamente lo que todos hacemos cuando somos invitados a participar de una ocasión así: La semana del magno evento, funcionamos basados en lo que viene, hablamos de él, coordinamos con la familia, vemos nuestra ropa con tiempo, vamos a la peluquería, nos arreglamos temprano para llegar antes de la hora citada y participamos con alegría y gozo de las generosidades del anfitrión.

La vida cristiana requiere de lo mismo porque nada surge en forma mágica o automática. Nadie es un verdadero cristiano si solamente se bautiza y olvida el camino que el Señor nos demanda para crecer en la perspectiva y dimensión del bautismo que hemos recibido. Al igual que la Parábola de los Talentos, estamos llamados a invertir y acrecentar el capital espiritual que se nos ha otorgado por gracia divina. No llevar ropa de bodas (22:12) es igual a asistir hoy a una fiesta elegante con ropa no apropiada, vergonzosa o insultante para la ocasión, cosa que nadie haría y, si sucediera, esta persona sería invitada a abandonar el lugar.

Por esto, el cristiano verdadero debe estar en permanente estado de “capacitación” para ser un soldado bien habilitado para el Señor, tal como nos enseña el Apóstol Pablo: “Por esta causa, tomen toda la armadura de Dios para que puedan resistir en el día malo y, después de haberlo logrado todo, quedar firmes. Permanezcan, pues, firmes, ceñidos con el cinturón de la verdad, vestidos con la coraza de justicia y calzados sus pies con la preparación para proclamar el evangelio de paz. Y sobre todo, ármense con el escudo de la fe con que podrán apagar todos los dardos de fuego del maligno. Tomen también el casco de la salvación y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios, orando en todo tiempo en el Espíritu con toda oración y ruego, vigilando con toda perseverancia y ruego por todos los santos” (Efesios 6:13-18).

Padre Jorge Suez Malouf
Viña del Mar, Chile, 6/9/2026

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