Coetus Fidelium San Pío V en Viña del Mar

Coetus Fidelium San Pío V en Viña del Mar Tenemos como propósito la difusión y promoción de la celebración de la Santa Misa de San Pio V, en la Cuidad de Viña del Mar.

Promoción y difusión de las celebraciones de la Santa Misa Tridentina (Latín - Gregoriana) en la ciudad de Viña del Mar, el primer sábado de cada mes a las 12:00 hrs. La celebración de la Santa Misa de San Pio V (Misa Tridentina, o forma extraordinaria del Rito Romano), tendrá lugar cada 1º sábado del mes en la Capilla Espíritu Santo (Calle Cancha esq. Llay-Llay, a un costado del hospital de niños) de Viña del mar a las 12:00 hrs. .

¡¡¡INFORMACIÓN IMPORTANTE!!!Queridos amigos: Ante las insistentes consultas, vía mensajes privados y correo electrónico,...
12/07/2022

¡¡¡INFORMACIÓN IMPORTANTE!!!
Queridos amigos: Ante las insistentes consultas, vía mensajes privados y correo electrónico, respecto de la reanudación de la celebración de la Santa Misa, debemos comunicar (cómo ya lo suponían muchos) la suspensión definitiva e irrevocable de las celebraciones. Lamentablemente el periodo de pandemia nos afectó grandemente y, lo que nos dió el golpe de gracia, fue el documento "Traditiones Custodes" del actual romano pontífice, dónde pone una serie de trabas y restricciones para la celebración del Santo Sacrificio del Altar. Sumamos a ello, la escasa disponibilidad de los sacerdotes que nos colaboraban, debido a sus responsabilidades pastorales propias.

Lamentamos tener que comunicar esta decisión (que ya venía siendo efectiva "de facto" hace tiempo), y la tardanza en la comunicación.
No perdamos la esperanza y sigamos rezando con fervor para poder, algún día, tener la Santa Misa de vuelta en nuestras comunidades.

¡¡¡INFORMACIÓN IMPORTANTE!!!Queridos amigos y fieles de este cœtus fidelium (agrupación de fieles):Les saludamos cordial...
09/08/2021

¡¡¡INFORMACIÓN IMPORTANTE!!!

Queridos amigos y fieles de este cœtus fidelium (agrupación de fieles):
Les saludamos cordialmente en los Sagrados Corazones de Nuestro Señor y de la Santísima Virgen.
Ante las insistentes consultas de muchos de ustedes, respecto de la reanudación de la celebración de la Santa Misa Tradicional/Tridentina, deseamos informarles que dadas las actuales condiciones relativas al Motu Proprio "Traditionis Custodes", publicado en fechas recientes por el Romano pontifice, estableciendo ciertas restricciones a la celebración de la Santa Misa en el Venerable Rito Tridentino:
- Por el momento, toda la actividad celebrativa se encuentra suspendida, debido a las restricciones ya citadas.
- Estamos a la espera de poder concretar una reunión con el Párroco de la jurisdicción de la capilla para plantear nuestras inquietudes, temores y deseos para poder lograr asi un consenso.
- Una vez concretada dicha reunión (que esperamos de buenos frutos) reiniciaremos las tratativas con los Sacerdotes que generosamente nos asisten en la celebración de la Santa Misa.

Rogamos a ustedes que nos asistan con sus oraciones y sacrificios/penitencias personales, en favor de este grupo de fieles y sus buenos frutos, y desde luego nos encomendamos al Sagrado Corazón de Jesús y al Corazón Inmaculado de nuestra Señora, para que nos obtenga la victoria final.

Cualquier novedad o cambio será comunicada oportunamente por este medio.
Que Dios los bendiga.

Equipo administrador.

Hoy Nuestra Santa Madre Iglesia celebra a San Pio V, el gran papa que (entre muchas cosas mas) fue quien codifico la San...
05/05/2021

Hoy Nuestra Santa Madre Iglesia celebra a San Pio V, el gran papa que (entre muchas cosas mas) fue quien codifico la Santa Misa (tal como la conocemos hoy), a través de la publicación del "Missale Romanum", dando forma a la celebración litúrgica que conocemos bajo el nombre de "Misa Tridentina" (En alusion al Concilio de Trento). A pesar de su breve pontificado (solo 6 años), fue un pontificado lleno de grandes acontecimientos para la Iglesia y el mundo.

Oremos por nuestro grupo de fieles que esta bajo su patrocinio, oremos también por nuestra Iglesia y por el Sumo Pontífice para que, al igual que San Pio V, sea un verdadero defensor de la Fe y un acérrimo luchador contra sus enemigos.

MES DE MARIA INMACULADA.•DIA TREINTA: LA DEVOCIÓN A MARIA.Por la Señal + de la Santa Cruz, de nuestros enemigos....• Ora...
07/12/2020

MES DE MARIA INMACULADA.
•DIA TREINTA: LA DEVOCIÓN A MARIA.

Por la Señal + de la Santa Cruz, de nuestros enemigos....

• Oración para todos los días del Mes
¡Oh María! durante el bello Mes que os está consagrado, todo resuena con vuestro nombre y alabanza…

CONSIDERACION.
La devoción a María es tan antigua como el mundo y tan prolongada como la historia. Nació el mismo día en que, en medio de la catástrofe del paraíso, fue anunciada al mundo como la corredentora del linaje humano. El mismo Jesús, mientras estuvo en la tierra, fue el maestro de esa devoción consoladora que tantas horas felices y tantos consuelos inefables depara a los desgraciados peregrinos de la tierra. La devoción no es más que una expresión del amor interno. Y ¿Quién dio manifestaciones más tiernas y elocuentes de amor hacia María que su divino Hijo? Cuando pendiente del cuello de María imprimía en sus mejillas ternísimos ósculos de amor; cuando corría a refugiarse en el regazo de su madre para dormir allí el sueño de los ángeles; cuando la acompañaba en sus veladas y compartía con Ella el fruto del trabajo; cuando, en fin, próximo a espirar en la cruz, la recomendó a la solicitud del más amado de sus discípulos, ¿Qué otra cosa hacía Jesús sino enseñarnos a amar a María?
Jesucristo quiso dejar establecida en el mundo la devoción a su Madre juntamente con la Iglesia. Por eso los apóstoles, herederos del espíritu de su Maestro, propagaron la devoción a María al mismo tiempo que llevaban a todas partes la luz del Evangelio. La Iglesia, por su parte, la ha conservado, propagado y defendido con el celo que requieren los grandes intereses de las almas. Por eso todos los hijos de la Iglesia emulan en entusiasmo por el culto de la Madre de Dios. ¡Desventurado de aquel cuyo corazón esté negado a los dulcísimos consuelos que esa devoción produce en el alma! Como es triste y amarga la condición de un pobre huérfano, que jamás conoció las ternuras del amor maternal, así es triste y digna de compasión la condición del hombre que no ha probado las delicias que se encierran en el amor a María.
Y nada hay más justo que esa devoción. Ella es el “Refugio de
los pecadores”, que se compadece de su miseria y procura su salvación con más amorosa solicitud que la que tiene una madre por la felicidad de sus hijos. Ella es la amable Consoladora de los afligidos, que guarda en su corazón de madre consuelo para las almas atribuladas, remedio para todas las dolencias, bálsamo celestial para todas las heridas. Ella ha sido tan generosa para con nosotros, que no ha omitido sacrificio con tal de socorrernos y salvarnos. Si se sometió al dolor de ver morir a su Hijo fue únicamente, porque sabía que ese sangriento sacrificio era necesario para salvarnos. Pero ¿Quién podrá fijar los límites de su amor? -Más fácil sería medir la extensión de los mares, la inmensidad del espacio y la profundidad de los abismos.
Para que la devoción a María sea verdadera, es preciso que viva y se manifieste dentro y fuera del hombre; que viva en el corazón y que se manifieste en las obras. Si de alguna de estas dos condiciones careciese, seria o un cuerpo sin alma o un alma sin cuerpo.
Nuestra devoción debe consistir en honrarla, amarla y servirla. Debemos honrarla porque ha sido sublimada a la más excelsa grandeza. Toda dignidad merece ser honrada, y ¿Quién puede sobrepujar en dignidad a la que ha sido Madre de Dios? -A ella, pues, debemos tributarle un culto sólo inferior al de Dios pero superior al de los ángeles y de los santos porque a todos ellos sobrepasa en dignidad, grandeza y excelencia.
Debemos amarla, porque si la grandeza merece respeto, la bondad despierta amor y confianza. ¿Quién más amable y bondadosa que María?
Pero nuestro amor sería estéril si no se manifestase por medio de nuestras obras: por eso debemos servirla, como un hijo sirve a su madre y un súbdito a su señor. Sólo con estas condiciones nuestra devoción será verdadera y atraerá sobre nosotros las bendiciones de María.

EJEMPLO: La perseverancia en la devoción a María recompensada

El sabio obispo de Orleans escribe el hecho que pasamos a referir:
«Hay algunas veces en la vida del sacerdote circunstancias en que un rayo de gracia eterna penetra en el alma y proyecta resplandores celestiales que no permiten olvidarlas jamás. Yo tuve un día una revelación clara y manifiesta del poder que encierra el Ave María en la escena conmovedora que tuve ocasión de presenciar junto a un lecho de muerte al recoger y bendecir el último suspiro de una joven, que había asistido algunos años antes a la preparación que yo hacía a los niños de primera Comunión.
«Yo tenía la costumbre de recomendar a los niños que siempre fuesen fieles a la recitación diaria del Ave María, como un medio de perseverancia en los buenos propósitos hechos al pie de los altares. La joven moribunda, que frisaba ap***s en los veinte años de edad y que hacia un ano se había desposado, había sido siempre fiel a mis consejos.
«Hija de uno de los viejos mariscales del Imperio, adorada de un padre, de una madre y de un esposo, rica, joven y feliz, con toda la felicidad que pueda apetecerse en el mundo, en medio de toda esa dicha del presente y acariciada por los más hermosos sueños del porvenir, fue herida en la primavera de su vida por la guadaña que no perdona ni edades, ni condiciones. Era necesario morir, porque hay enfermedades ante las cuales la ciencia y el poder de los hombres son vanos. Yo fui encargado de comunicar a la joven enferma tan terrible nueva. Lleno de dolor, pero con frente serena, entré en la alcoba de la enferma. Su madre estaba desolada, su padre anonadado, su marido desesperado. Pero cual no fue mi sorpresa al ver dibujarse en sus labios una dulce sonrisa. ¡Esa joven que iba a ser arrebatada súbitamente a las esperanzas más halagüeñas, a las más legitimas felicidades, a los afectos más tiernos, más ardientes y más puros, sonreía dulcemente!.. La muerte se acercaba con pasos apresurados: ella lo sabía, lo sentía y lo adivinaba, y sin embargo sonreía con cierta tristeza dulce y con una serenidad heroica. Al verla, yo no pude reprimir las emociones de mi corazón, y mis labios se abrieron involuntariamente para exclamar: «Hija mía, ¡qué desgracia!» Y ella con un acento, cuyo eco suave resuena todavía en mi oído, me dijo: « ¿Acaso no creéis que yo vaya al cielo?» -Hija mía, repliqué, yo abrigo esa dulce esperanza. -Yo estoy segura, repuso la joven sin vacilación. -Y ¿Qué os da esa certeza, hija mía? le dije.-Un consejo que vos me disteis en otro tiempo. Cuando tuve la dicha de hacer mi primera Comunión, me recomendasteis que recitase todos los días el Ave María con filial amor. Yo he sido desde entonces fiel a esa práctica y de cuatro años ha, no he dejado ni un solo día de recitar mi rosario. Este es lo que me concede la dulce seguridad de irme al cielo, porque yo no puedo creer que habiendo dicho tantas veces: Santa María, Madre de Dios, ruega por mí, pobre pecadora, Ahora y en la hora de mi muerte, la Virgen me desampare en este momento en que voy a espirar.
«Así habló la piadosa joven con un acento que me arrancó lágrimas de admiración y de ternura. Yo presencié el espectáculo de una muerte enteramente celestial. Yo vi a una criatura arrebatada en flor a todo lo que puede amarse en el mundo, dejar a un padre, a una madre, a un esposo y a un pequeño hijo sin lágrimas en los ojos y con una serenidad imperturbable en el corazón. En medio de todos esos lazos que se cortaban y que en vano se empeñaban en retenerla, no viendo más que el cielo, no hablando más que del cielo, escapase de su pecho su último suspiro como el último perfume que despide la flor al inclinar su corola marchita por el viento helado de la tarde.»

JACULATORIA
En tu regazo ¡oh María!
Mi vida, mi alma y mi cuerpo
Yo pondré desde este día.

ORACIÓN
Sólo al pensar ¡oh María! en que pueda alguna vez olvidar tus favores y abandonar tu amor, siento mi alma desgarrada por la más amarga pena. ¡Ser ingrato a tus beneficios, ser desconocido a tus finezas, ser indiferente a tu amor! ¡Oh qué terrible desgracia! Vivir privado de los consuelos que se encierran en tu regazo maternal, vivir sin probar las dulzuras de tu amor, vivir sin ser acariciado por tu mano de madre, es, Señora mía, vivir muriendo. ¡Ah! no lo permitas, bondadosa Madre, no me prives, por piedad, de la felicidad de amarte, no me niegues jamás la dicha de ser siempre tu hijo y de poder llamarte siempre mi madre. ¡Qué sería de mi si tú no me consolaras con tus amorosas palabras, y no me regalaras con tus bendiciones, si no me alentaras en las desgracias de la vida, si no vinieras a enjugar mis lágrimas y a sostener en mi debilidad!… No, mil veces no: yo seré siempre fiel a tus inspiraciones, recordaré siempre con ardiente gratitud tus beneficios, estimaré siempre más que mi propia vida la conservación de tu amor. No me importa vivir privado de todos los goces de la vida, con tal de verte siempre a mi lado y sentir en mi corazón el perfume de tu aliento y en mi frente el contacto de tu mano. Ámame ¡oh María! y vengan después sobre mí todas las tribulaciones, que nada temo si me es permitido tener la seguridad de que me amas. Ámame ¡oh María! nada me importará que el mundo me olvide y me desprecie. Con tu amor todo lo tengo, con tu amor todo lo espero, con tu amor seré feliz en la vida, y tendré la inefable seguridad de g***r contigo en el cielo de la eterna bienaventuranza. Amén.

• Oración final para todos los días
¡Oh María!, Madre de Jesús, nuestro Salvador, y nuestra buena Madre...

PRÁCTICA ESPIRITUAL
Coronar los ejercicios de este Mes con una comunión fervorosa.

MES DE MARIA INMACULADA.•DIA VEINTIOCHO: CONSAGRADO A HONRAR EL CORAZÓNINMACULADO DE MARIAPor la Señal + de la Santa Cru...
05/12/2020

MES DE MARIA INMACULADA.
•DIA VEINTIOCHO: CONSAGRADO A HONRAR EL CORAZÓN
INMACULADO DE MARIA

Por la Señal + de la Santa Cruz, de nuestros enemigos....

• Oración para todos los días del Mes
¡Oh María! durante el bello Mes que os está consagrado, todo resuena con vuestro nombre y alabanza…

CONSIDERACION.
María es, entre las puras criaturas, la que ha subido a más sublime altura en la escala de las perfecciones naturales y sobrenaturales. Sin embargo, si se busca en ella algún signo exterior de su incomparable grandeza, ap***s será dado encontrarlo. Es una doncella modesta y pobre que ha ligado su suerte a la de un humilde obrero que vive de su trabajo y habita bajo un pobre techo. Es porque toda la gloria de la hija querida del Rey del cielo está oculta en su corazón, en el cual se encierran perfecciones más que humanas y más que angélicas. Preservado de la corrupción universal que anegó a manera de impetuoso torrente a todos los hijos de Adán, el corazón de María fue concebido en la inocencia, nacido en la santidad y enriquecido con todos los dones del cielo. Dios ve reaparecer en él toda la belleza y toda la pureza que el pecado desfiguró en el corazón del primer hombre, que halla en él sin mancha alguna que lo desfigure, ni germen alguno de pasión que lo turbe, ni la más ligera falta que lo haga menos digno de su amor.
Es un corazón cuyas inclinaciones son enteramente santas y cuyos afectos todos son celestiales. En él se contempla la divinidad como en un espejo donde descubre su propia imagen y se complace en sus perfecciones como en la obra maestra de sus manos, más primorosas que la creación de todos los mundos visibles. El Padre, adoptándola por hija predilecta, preservó a María del pecado; la colmó de sus favores y la adornó con sus más preciados dones. Desde que nace a la vida, Dios la recibe en sus brazos y la separa del mundo para que no conozca ni ame a otro padre que a él. Cautiva voluntaria del amor, ap***s salida de la cuna, va a ofrecer su corazón en holocausto al pie de los altares de su Dios. Jamás se extinguió en su corazón el fuego sagrado del amor, que ardía como un leño seco sin consumirse jamás.
En ese corazón virginal se celebraron las nupcias de una criatura humana con el santo de los Santos, el Espíritu vivificador. La más rica variedad de las virtudes forma los atavíos de la feliz esposa, y tanta era la belleza y la excelencia de la divina desposada, que Dios la recibe en el seno íntimo de su amistad y la regala con todas las delicias de su amor. Si ese mismo Espíritu, descendiendo sobre los apóstoles, los transformó en hombres nuevos, ¿Qué maravillosos efectos no produciría en ese corazón al cual no descendió como lengua de fuego, sino como un torrente de llamas divinas para consumir todo lo que hubiera en él de humano y hacerlo digno tabernáculo de la divinidad? ¡Ah! ¡Qué perfecciones no comunicaría a un corazón con el cual quería unirse con nudos tan estrechos de amor! -El entendimiento humano es demasiado limitado para sondear tan hondos misterios y la lengua humana impotente para narrar tan grandes maravillas.
Pero lo que da al corazón de María una excelencia más augusta es su calidad de Madre de Dios. Es ésta una dignidad incomparable que abisma y confunde. Si Dios, cuando está unido a una criatura por la caridad, le comunica tantas perfecciones y gracias, ¿Qué torrente de gracias y qué cúmulo de perfecciones lo comunicaría a su Madre durante los nueve meses que habitó en su seno? ¡Qué emociones tan duras y tan santas harían latir el corazón de María cuando llevaba en sus brazos y estrechaba contra su pecho al divino infante! ¡Qué santidad comunicaría a su Madre durante los treinta años que vivió con ella bajo el techo de un mismo hogar, en un comercio tan íntimo y en mutuas y diarias comunicaciones!
Honremos, pues, con un culto digno y homenajes de amor y de alabanzas al corazón inmaculado de María, santuario de la divinidad, relicario de virtudes y dechado de las más sublimes perfecciones. Amemos con amor ardiente y agradecido a ese corazón que ardió por nosotros en tan vivas llamas de amor: es el corazón de una madre que se sacrifica por sus hijos; es el corazón de una Reina, lleno de piedad y de misericordia para con sus pobres vasallos; es el corazón de la buena y amable Pastora que buscaba a la oveja descarriada, que la carga amorosamente sobre sus hombros y la conduce al abrigado aprisco.

• EJEMPLO: María, Salud de los que la invocan
Uno de los muchos peregrinos a quienes el amor a la Reina del cielo conduce a la gruta de Lourdes, escribía en 1873 lo siguiente:
«Llegado a Lourdes en la mañana del día de la Asunción, me dirigí inmediatamente a la gruta milagrosa, y vi que un gran número de personas se acercaban a la reja con un apresuramiento y emoción que me indicaron que algo de extraordinario acababa de suceder. Pregunté la causa del movimiento, y se me respondió: Es un milagro que acaba de verificarse, y el sacerdote a quien la Santísima Virgen ha sanado milagrosamente esta firmando cédulas para todos aquellos que deseen tener un atestado del milagro. Yo me acerqué y pude obtener una cédula que llevaba al pie la firma del abate de Musy de la diócesis de Autún.»
«Todos deseábamos conocer los pormenores del prodigio; entonces un sacerdote se acercó a la reja y lleno de emoción dijo lo siguiente a la numerosa concurrencia de peregrinos que allí estaba: Deseáis saber lo que acaba de pasar, y voy a complaceros para alentar vuestra confianza en la protección de María. Un sacerdote padecía desde hace veinte años una enfermedad dolorosa que la ciencia no ha podido aliviar. De once años a esta parte no podía celebrar el santo sacrificio, y desde hace tres meses estaba enclavado en una silla rodante sin poder hacer ni el más ligero movimiento… Esta mañana fue llevado trabajosamente a la cripta para oír una misa que se iba a aplicar por su salud. En el momento de la elevación ese sacerdote inválido se sintió con fuerzas para ponerse en pie sin auxilio ajeno; poco después pudo ponerse de rodillas y terminar la misa en esa posición. Terminada la misa, pudo bajar por si solo de la cripta a la gruta sin fatiga ni cansancio; y ya lo veis en pie sin rastro de enfermedad como cualquiera de vosotros; porque sabed que ese feliz sacerdote, tan bondadosamente curado por María es el mismo que os habla en este instante.»
«Ayudadme a dar gracias a mi celestial bienhechora por el extraordinario prodigio de que acabo de ser objeto, a pesar de mi indignidad; y pedidle conmigo que complete su obra, obteniéndome la gracia de emplear lo que me queda de vida en ganar muchas almas al amor de su divino Hijo.»
Mientras esto decía, el sacerdote derramaba abundantes lágrimas, y lloraban con él todos los presentes… «He aquí, decían unos la tierra de los prodigios… Que venga la incredulidad, decían otros, a explicar naturalmente las cosas que aquí se ven… – María, exclamaban los de más allá, es la gran bien hechora del mundo…»
Así es en verdad: ¿Quién podrá reducir a guarismo sus beneficios? ¿Quién podrá contar el número de los que han hallado a sus pies el consuelo, la salud, la gracia y la vida? Más fácil sería contar las estrellas del cielo y las arenas del mar.

• JACULATORIA
Tu corazón ¡oh María!
Será mi asilo y refugio
En las p***s de la vida.

• ORACIÓN
¡Oh corazón amabilísimo de María! santuario augusto de la beatísima Trinidad, dechado perfectísimo de todas las virtudes, yo os amo y bendigo con todas las efusiones del amor más ardiente que puede caber en el corazón de un hijo amante. En vuestro corazón ¡oh María! buscaré yo un asilo en todas las desgracias de la vida; en vuestro corazón buscaré el consuelo en medio de las p***s que aflijan mi existencia, en vuestro corazón buscaré la paz, la seguridad y el aliento en medio de los combates que debo librar contra los enemigos de mi salvación. Vos seréis ¡oh corazón maternal! el nido, donde, ave fugitiva del mundo, iré a buscar el reposo que tanto anhela mi corazón. Ved cuan triste y despedazado lo tienen las aflicciones, las contrariedades y las pasiones que lo turban; ved como gimo bajo el peso de mis pasadas infidelidades y de mis numerosos delitos. ¡Oh corazón adorable de María! corazón traspasado por siete agudos puñales de dolor, corazón el más puro, santo y perfecto, despréndanse de vuestras llagas raudales de bendiciones que robustezcan mis postradas fuerzas, que alienten mi debilidad y me consuelen en mis p***s y sinsabores. A Vos acude un hijo lloroso que no tiene, después de Dios, otra esperanza que Vos, ni otro amparo ni otra tabla de salvación en medio de las tempestades de la vida. Pero ya siento ¡oh corazón querido! que renace en mi alma la paz turbada y la esperanza perdida, porque es imposible que sea desoído quien, como yo, os llama y quien como este afligido y desamparado hijo, os implora. Protegedme, y seré salvo por vuestra piedad nunca desmentida. Amén.

• Oración final para todos los días
¡Oh María!, Madre de Jesús…

• PRACTICAS ESPIRITUALES
1. Besar amorosamente alguna imagen de María para avivar en nuestro corazón el amor hacia ella.
2. Rezar siete Salves en honra del Corazón inmaculado de María, pidiéndole que nos conceda la pureza de alma y cuerpo.
3. Hacer el propósito de honrar de una manera especial a la Santísima Virgen todos los sábados del año.

MES DE MARIA INMACULADA.•DIA VEINTISIETE: AMOR QUE DEBEMOS PROFESAR A MARIA.Por la Señal + de la Santa Cruz, de nuestros...
04/12/2020

MES DE MARIA INMACULADA.
•DIA VEINTISIETE: AMOR QUE DEBEMOS PROFESAR A MARIA.

Por la Señal + de la Santa Cruz, de nuestros enemigos....

• Oración para todos los días del Mes
¡Oh María! durante el bello Mes que os está consagrado, todo resuena con vuestro nombre y alabanza…

CONSIDERACION.
Si la bondad maternal de María no fuera bastante motivo para decidirnos a amarla, la consideración de sus perfecciones no podrá menos de hacer brotar en nuestros corazones el más ardiente y generoso amor por la que reúne en si todo lo que hay de grande y perfecto en el orden de la naturaleza y de la gracia.
La belleza física y la belleza moral, la hermosura del cuerpo y del alma arrebatan espontáneamente el amor a nuestros corazones, porque, como dice un sabio de la antigüedad, cualquiera que tenga ojos para verla, no puede menos que tener corazón para amarla.
Ahora bien, ninguna criatura, después de Jesucristo, ha poseído en grado más excelso la hermosura del cuerpo y del alma. María fue la obra predilecta del poder del Altísimo y en ella tuvo sus complacencias desde la eternidad. Su cuerpo destinado a ser el santuario de la divinidad, debió de poseer toda la perfección de que es capaz la naturaleza y toda la hermosura que convenía a la que debía ser el tabernáculo vivo y animado de la belleza infinita. Por eso los Libros Santos, profetizando esa belleza incomparable, han podido exclamar: «Toda hermosa eres, amiga mía, toda hermosa eres;» lo que vale tanto como decir que en su persona se encierra una belleza sin medida.
La belleza por excelencia es Dios; y esa hermosura se comunica a las criaturas en el mismo grado en que se unen a Dios, como la pureza de las aguas es tanto mayor, cuanto más cerca están a la fuente. Y ¿con cuál criatura se ha unido más estrechamente la infinita belleza que con María? ¿No la amó y la prefirió a todas eligiéndola por madre del Verbo encarnado? -Esta consideración hacia exclamar a San Epifanio: «Sois ¡oh María! la primera belleza después de Dios, y en comparación de la vuestra, no tienen sombra de hermosura los serafines, ni los querubines, ni todos los nueve coros de los ángeles. Los considero en vuestra presencia como a las estrellas del cielo, que pierden toda su luz cuando el sol aparece.» Pero, sin necesidad de acudir a tales conjeturas, para conocer la belleza física de María no necesitamos sino oír el testimonio de los que tuvieron la dicha incomparable de verla cuando aún era peregrina de la tierra. San Dionisio Areopagita, después de haberla visto, decía que si la fe no le enseñara que no podía existir más que un Dios, habría adorado a la Santísima Virgen como a Dios. La belleza cautiva sin violencia los corazones, y aun esas bellezas frágiles e imperfectas que el mundo admira han tenido poder para trastornar a pueblos enteros. Arrebate, pues, nuestro amor la hermosura incomparable de María y encienda en nuestro pecho un incendio voraz.
Pero si tanto puede la hermosura del cuerpo, ¿Cuánto más deberá seducirnos la belleza del alma, que excede a la primera como el alma excede en excelencia al cuerpo?-Decía Santa Catalina de Siena, que si pudiésemos ver con los ojos del cuerpo la belleza de un alma sin pecado y con sólo el primer grado de gracia, quedaríamos tan sorprendidos al reconocer cuánto sobrepujaba a todas las bellezas de la naturaleza corpórea, que no habría quien no desease morir, si fuera preciso, por conservar beldad tan hechicera. Ahora bien, si la última de las almas en el orden de la gracia encierra en sí tanta belleza, y si remontado el vuelo contemplásemos a las almas que han sabido a otros grados de gracia más elevados hasta llegar a la más perfecta, ¿Cuánta no sería nuestra admiración en presencia de su hermosura? Pues bien, la más elevada de esas almas no es más que una sombra comparada con María, porque ella posee más gracias y por consiguiente, más belleza que todos los Santos y bienaventurados juntos. Todas esas celestiales bellezas son siervos y vasallos de María. Ella sola es la madre del Creador de todos ellos; ella después de Dios, es quien tiene extasiados de amor y de dicha a los moradores de la celestial Jerusalén.
¡Ah! ¡Si los que se deleitan en las efímeras bellezas del mundo hubiesen contemplado por un instante la beldad de María, todo otro afecto moriría al punto en sus corazones! Más si no nos es dado contemplar con los ojos del cuerpo la hermosura de su alma adornada con todas las piedras preciosas de las virtudes, a lo menos procuremos verla siempre con los ojos del alma para extasiarnos en su belleza y embriagarnos en las delicias de su amor.

• EJEMPLO: El Papa de la Inmaculada Concepción
Pío IX, cuya santa memoria está unida con lazo de oro a las glorias de María, debió a la protección de esta Madre bondadosa un señalado favor al comenzar su carrera sacerdotal. Mientras el joven Juan María Mastai era estudiante, le acometió una grave enfermedad que lo inhabilitaba para seguir las inclinaciones, que lo arrastraban al estado eclesiástico. Esta enfermedad era la epilepsia, que comúnmente es incurable. Los médicos confesaron su impotencia para contener el mal y presagiaban en poco tiempo un término lamentable. Cuando comenzó a cursar teología los ataques eran menos frecuentes, y pudo recibir las órdenes menores.
En esa época pasaron por Sinigaglia, pueblo natal de Pío IX, varios misioneros, a quienes prestó el joven Juan María con celo ferviente los humildes servicios de Catequista. Esto le valió la dispensa de la Santa Sede del impedimento para su ordenación, con la condición de celebrar el santo sacrificio acompañado de otro sacerdote. La enfermedad no había desaparecido, y todo inducía a creer que llegaría con el tiempo a imposibilitarlo para el ejercicio del ministerio sacerdotal, no obstante la bondad y condescendencia paternales que había usado para con él el Papa Pío VII.
El joven sacerdote había aprendido a amar a María en las rodillas de su piadosa madre, y desconfiando de los recursos humanos, puso toda su confianza en la protección de la Santísima Virgen. Con el fin de interesarla más en su favor emprendió una peregrinación al célebre santuario de Nuestra Señora de Loreto, donde pidió con fervoroso ahínco la salud para dedicarse todo entero a la salvación de las almas. La Reina del cielo acogió benignamente la súplica de aquel humilde sacerdote que tanto había de glorificaría, y desde ese momento la epilepsia desapareció para siempre.
Reconocido a tan insigne favor, se consagró con mayor esmero a servir y ensalzar a su protectora celestial; y a este amor hacia María acrecentado por esta curación milagrosa, debe la Cristiandad la declaración dogmática de la Inmaculada Concepción, que tanto ha contribuido a encender en las almas el amor y la confianza en la Madre de Dios.
Elevado más tarde a la más alta dignidad de la tierra, y después de haber ornado las sienes de María con la corona de la Inmaculada Concepción, volvió Pío IX al santuario de Loreto para cumplir un segundo voto. Allí puso a los pies de su soberana protectora un cáliz de oro de exquisito valor artístico, y rogó por la Iglesia y el mundo en aquella Casa donde comenzó la obra de la redención del mundo. No estaban lejanos los días tempestuosos en que la ola de la impiedad arrebató al Papado sus dominios temporales y derribó el trono secular en que se sentaba el Papa-rey.
La misma generosa mano que libertó al sacerdote de una enfermedad incurable, infundió valor indomable en el pecho del Pontífice para resistir a los enemigos de la Iglesia y sostener la dignidad del Pontificado Romano, que nunca ha sido más grande que en las horas de su martirio.
María, que ha sido en todas los tiempos la celestial protectora de la Iglesia, lo ha sido muy en especial del ilustre Pontífice que pasará a la historia con el nombre del Papa de la Inmaculada Concepción.

• JACULATORIA
Dulce Madre, pues me amas,
Haz que siempre el alma mía
Tanto te amé, que algún día
Pueda al fin morir por ti.

• ORACIÓN
¡Oh la más pura y hermosa de las criaturas! dulcísima madre mía, ¿Qué otra cosa podré deciros yo, vuestro hijo y vuestro siervo, al considerar la perfección y belleza así de vuestro cuerpo, santuario del Verbo encarnado, como de vuestra alma, precioso relicario de las más excelsas virtudes, sino protestaros que os amo con toda la ternura del más amante de los hijos? Yo os amo, María, porque en Vos se encierra toda perfección y belleza. Yo os amo, María, porque sois más pura que la luz del sol, más galana que la flor del campo, más bella que la aurora cuando sonríe a los prados, más amable que todo lo que arrebata en la tierra nuestro amor. Yo os amo, María, porque sois tan buena, tan misericordiosa, tan compasiva con vuestros pobres hijos, porque sois Madre generosa que olvidáis las ingratitudes para no atender sino a nuestra gran miseria. Yo os amo, María, porque sois la Reina de los ángeles, la soberana de los mártires y de las vírgenes, a quienes sobrepasáis en santidad y en perfecciones, como el sol sobrepuja en esplendor a los demás astros del firmamento. Yo os amo, María, porque sois la consoladora de los afligidos, el refugio de los pecadores, el sostén de los justos, el baluarte de los débiles y la dispensadora de todas las gracias. Concededme, Señora mía, la gracia de amaros siempre con la misma ternura, de serviros siempre con ardiente solicitud y de acompañaros un día en el cielo para unirme eternamente a Vos. Amén.

• Oración final para todos los días
¡Oh María!, Madre de Jesús nuestro Salvador y nuestra buena Madre…

• PRÁCTICAS ESPIRITUALES
1. Adoptar la práctica de llevar al cuello un escapulario, medalla u otro objeto que tenga la imagen de María, e invocaría en la hora de la tentación y del peligro.
2. Rogar a María delante de alguna imagen suya por las necesidades de la Iglesia y en especial de la de Chile.
3. Privarse en algún día por amor a María, de comer cosas de gula y apetito.

Dirección

Viña Del Mar
2520636

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Coetus Fidelium San Pío V en Viña del Mar publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Contacto El Lugar De Culto

Enviar un mensaje a Coetus Fidelium San Pío V en Viña del Mar:

Compartir