11/05/2023
El Cartero
Hace unos años, en el año 2012 para ser mar exacto, se volvía conocido un futbolista, que muchos vieron en él un gran futuro, ya que por sus características estaba llamado a llegar lejos, representando a una de las grandes selecciones y sorprendiendo desde joven en las grandes ligas. Pero más que hacer un resumen o una biografía de aquel jugador, me gustaría tomar una frase que éste dijo, así como podemos decir en nuestro país, “fue una frase para el bronce”, todo esto enmarcado en un hecho llamativo de este jugador el cual es que no celebraba sus goles ...
Mientras los estadios llenos de aficionados, sus compañeros e incluso el cuerpo técnico se unían en un abrazo, corrían eufóricamente, gritaban y aplaudían en un momento de total alegría, marcando uno de los momentos más importantes de este deporte como lo es un gol, ya que no hay nada peor que un partido sin goles y sobre todo si tienes que pagar por verlo (lo digo por experiencia). Este hombre decidía no celebrar… Un día le consultaron a que se debía este hecho y la ya mencionada frase fue la siguiente: “No celebro mis goles, porque es mi trabajo. Cuando un cartero entrega una carta ¿Acaso lo celebra?”.
Así es, una frase para pensar, claramente no vemos a carteros celebrando cada vez que entregan una carta (lo cual sería algo llamativo para ver). Por un lado, algunos amantes de los deportes podrían rechazar rotundamente este pensamiento categórico y totalmente racional comparación, otros tal vez hasta podrían aceptarlo. Mas que hacer una defensa de aquel jugador, hoy me gustaría consultarles: ¿Cómo enfrentamos las cosas que debemos hacer?
Podríamos extrapolar este pensamiento a la vida, sobre todo a esas cosas que son nuestra responsabilidad; todos sabemos que debemos trabajar, otros criar, otros cumplir, otros estudiar y así sucesivamente. No necesariamente cada vez que hacemos estas labores terminamos abrazándonos o gritando de alegría por hacerlas, tampoco nos vemos como un jugador marcando en una final, yendo hacia abalanzarse sobre la fanaticada y abrazando a varios de ellos; más bien nos vemos en la otra vereda, donde entendemos que solamente nos vemos realizando nuestra labor y ante ello no hay nada extraordinario.
Ahora bien, hay un aspecto a considerar ¿Qué pasa cuando hacemos algo que no estamos obligados a realizar? Y no estoy hablando de cosas que sabemos que no nos van a ayudar, sino más bien a esos actos que realizamos no por obligación, no porque sea nuestro deber, o en algunos casos al hacerlos nos provoca cierta alegría.
Pues, existe un caso en particular que quisiera destacar, de alguien que realizó una obra no desde el deber o la obligación, sino desde el amor…
Mateo 9:35
35 Jesús recorrió todas las ciudades y aldeas de esa región, enseñando en las sinagogas y anunciando la Buena Noticia acerca del reino; y sanaba toda clase de enfermedades y dolencias.
Aquí vemos un ejemplo sublime, Jesús que es Dios, no tenía necesidad ni obligación de venir a habitar entre nosotros, aun así, lo hace y sobre este acto decide hacer aún más, algo que no era su obligación, como dar buenas noticias de su reino, sanar, hacer milagros entre tantas cosas más; sin la mayor necesidad de sentir una alegría interna o de sencillamente ser reconocido mas bien por Amor.
Respondiendo a la pregunta anterior, aquí está la respuesta, al igual que Jesús, no debemos amoldarnos solamente a lo que debemos hacer, sino mas bien a las cosas que están basadas en el Amor, como el compartir de su reino, poder acompañar y orar por los enfermos. Créanme que en estas cosas sentiremos esa sensación de plenitud, dejaremos de ser simples personas que sólo hacen lo que deben, podremos salir de aquella realidad a la cual muchas veces somos empujados o nos acomodan, y viviremos otra realidad que estamos llamados a vivir.
Un consejo de este simple escritor para los lectores.