18/04/2026
"Oraciones pidiendo paz"
Por el presidente Henry B. Eyring
Primer Consejero de la Primera Presidencia
En esa Última Cena, hizo a aquellos fieles discípulos una promesa, la cual continúa consolando y animando a Sus fieles discípulos hoy en día en cualquier dificultad que afrontemos en la vida. Él dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo”
Desde sus orígenes, la humanidad ha acudido al Padre Celestial en ferviente oración cuando el mundo parece estar en caos. En momentos de temor, tragedia, peligro, problemas o enfermedad, las personas suelen acudir a Dios en oración. Su Hijo Amado, Jesucristo, en cuyo nombre oramos, vive, nos conoce, vela por nosotros y nos cuida. Tal vez recuerden estas reconfortantes palabras del rey David en el libro de Salmos:
“Y será Jehová refugio para el oprimido, refugio para tiempos de angustia.
“Y en ti confiarán los que conocen tu nombre; por cuanto tú, oh Jehová, no desampararás a los que te buscan”.
En momentos de dolor, soledad o confusión, sabemos que nuestro Padre Celestial y Su Hijo Amado están al tanto de nuestras circunstancias y que anhelan bendecirnos. Las palabras del Salvador son claras:
“Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá,
“porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá”.
Para abrir las ventanas de los cielos mediante la oración ferviente no hacen falta muchas palabras ni un lenguaje exquisito; más bien, la diligencia al orar que el Padre Celestial requiere de nosotros consiste en “derramar nuestra alma” en privado y tener el corazón “entregado continuamente en oración a él”
“Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá,
“porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá”
Testifico que Dios el Padre vive. Él nos ama. Él escucha nuestras oraciones y muchas veces responderá con sentimientos de paz. De nuevo, en el Libro de Mormón leemos: “Y ahora bien, repose sobre vosotros la paz de Dios, y sobre vuestras casas y tierras, y sobre vuestros rebaños y manadas y todo cuanto poseáis, sobre vuestras mujeres y vuestros hijos, según vuestra fe y buenas obras, desde ahora en adelante y para siempre. Y así he dicho”
Testifico que sé que Jesucristo vive. Él nos ama y nos bendice. Él continúa ofreciéndonos paz en la vida por medio de la oración sincera y ferviente. Testifico de estas cosas con humildad. En el sagrado nombre de Jesucristo. Amén.