22/08/2026
Sábado 22 de agosto
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 1, 26-38
El Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.
El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: “¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo”.
Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar este saludo.
Pero el Ángel le dijo: “No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin”.
María dijo al Ángel: “¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relación con ningún hombre?”
El Ángel le respondió: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios”.
María dijo entonces: “Yo soy la servidora del Señor, que se haga en mí según tu Palabra”.
Y el Ángel se alejó.
Palabra del Señor.
Comentario
El pasaje de Lucas 1, 26-38 relata el pasaje bíblico conocido como la Anunciación: el momento en que el arcángel Gabriel es enviado a Nazaret para anunciar a María que concebirá y dará a luz al Hijo de Dios.
Es un texto teológicamente denso y literariamente bellísimo. Se destacan cinco aspectos clave para comprenderlo en profundidad:
1. El contexto y el contraste con Zacarías
El relato está construido en claro paralelismo (y contraste) con el anuncio del nacimiento de Juan el Bautista unos versículos antes (Lucas 1, 5-25):
Lugar: Zacarías recibe el anuncio en el Templo de Jerusalén (el centro religioso); María lo recibe en Nazaret, un pueblo insignificante de Galilea.
Respuesta: Zacarías, siendo sacerdote, duda y pide una señal ("¿Cómo sabré esto?"); María pregunta por el modo ("¿Cómo será esto, pues no conozco varón?"), expresando perplejidad pero no desconfianza.
2. El saludo del ángel: «¡Salve, llena de gracia!»
El saludo del ángel (Chaire, kecharitomene en griego) no es un saludo común:
"Llena de gracia" / "Favorecida": Indica que María ha sido objeto de la iniciativa y de la elección gratuita de Dios antes de realizar cualquier mérito.
El turbamiento de María: Su reacción inicial no es de miedo al mensajero, sino de reflexión profunda sobre el significado de semejante saludo.
3. La identidad de Jesús
El ángel define minuciosamente la misión y naturaleza del hijo que nacerá:
Hijo del Altísimo y descendiente de David: Cumple las promesas mesiánicas del Antiguo Testamento (2 Samuel 7).
Reinado eterno: Se establece la naturaleza divina y duradera del Reino de Cristo.
Concepción virginal: Ocurre por la acción del Espíritu Santo («el Poder del Altísimo te cubrirá con su sombra»), haciendo referencia a la nube de la Presencia Divina (Shejiná) que habitaba el Tabernáculo en el Éxodo.
4. La señal no pedida: Isabel
A diferencia de Zacarías, María no pide una señal, pero el ángel se la da de todos modos: su prima Isabel, anciana y estéril, está en el sexto mes de embarazo. Esto refuerza el axioma central del pasaje: «Para Dios nada hay imposible» (v. 37).
5. El Hiat de María: El "Sí" de la fe
El pasaje culmina con la respuesta de María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».
No es una aceptación pasiva o resignada, sino un acto libre de fe y entrega (fiat).
Con su "sí", María se convierte en el modelo por excelencia del discípulo en el Evangelio de Lucas: aquel que escucha la Palabra de Dios y la pone en práctica.