16/08/2026
El Domingo pasado asistimos a la escuela de fe de Pedro. De aquella poca fe brotó un grito a Jesús, en medio de la tormenta : Señor, sálvame. Hoy, el evangelio nos pone en la escuela de esta mujer cananea, extranjera, de pueblo enemigo de Israel. Ella grita su angustia al Señor, reconociéndolo como hijo de David, es decir, Salomón, quien tenía fama de sanar a los enfermos. Esta cananea acude Jesús mostrándole la condición de su hija endemoniada. Jesús, en un primer momento, no la atiende. Son los discípulos los que medio obligan a Jesús a que la atienda y Él dice que ha venido a salvar a las ovejas perdidas de Israel, lo que revela una mentalidad muy exclusiva.
Estamos, así, en una bisagra entre la salvación entendida como exclusividad de Israel y el mensaje universal de Isaías, todos los pueblos vendrán al templo. Si hay un solo Dios verdadero, la consecuencia es que es Dios para todos los pueblos. En esta lógica, Pablo ha asumido esa misión universal y se ha dedicado a anunciar el evangelio a los no judíos. Esa mentalidad de que la salvación es exclusividad de Israel, para la mujer debió haber sido un portazo y, sin embargo, ella no se intimidó, sino que insistió; se puso de rodillas delante del Señor, con humildad, diciendo simplemente: Señor, ayúdame.
Ella, primero, tratada de perro pagano reconoce: sí soy pagana, pero tengo derecho a las migas que caen de la mesa de los amos. Jesús se conmovió ante el arrojo de esta fe y dejó que se cumpliera su deseo. En esta lección de fe está en juego la fe ante el aparente silencio de Dios. Muchas veces experimemtamos su silencio, como un portazo ante nuestra necesidad, entonces podemos hundirnos como Pedro en el mar y ahogarnos, o insistir y con inteligencia y profundo humildad estar ante el Señor con toda la fuerza del deseo esperando su misericordia.
¡Feliz y bendecido Domingo!🙌⛪🙏❤✝