04/04/2020
HECHOS 8:3
Y Saulo asolaba la iglesia entrando de casa en casa...
¿Porque Pablo no la perseguía en el templo?
Porque la Iglesia no se reunía ahí... en aquellos templos sólo encontraría a los religiosos fariseos que menospreciaron el mensaje de Jesús y ellos estaban a favor de la persecución a la iglesia
La iglesia del libro de los Hechos nunca tuvo la carga de depender de un templo, nunca ahorró, ni tampoco pidio ofrenda para ello, no se enfocó en aquellas cosas temporales.
Ellos se reunían en sus propios hogares o en lugares publicos, según eran guiados por el Espíritu Santo.
Hoy como iglesia, tenemos la gran oportunidad sacudirnos los moldes, quebrar las formas de comodidad y dejar de ser ladrillos a medida para un sistema religioso obsoleto. Debemos ser transformados en piedras vivas, unidas en torno a un propósito común. Hacer que nuestro edificio llamado iglesia se enfoque más sobre objetivos espirituales y menos en los materiales. Con más mutualidad y crecimiento orgánico que individualismo, para que los dones y la gracia de Dios florezcan de manera espontánea para la edificación del cuerpo de Cristo.
En Genesis 11 encontramos la historia de la torre de Babel. En aquella construcción, los hombres decidieron usar ladrillos en vez de piedras.
El objetivo era moldear los ladrillos según lo que necesitaban para aquella edificación.
La producción de ladrillos les permitía crecer a una escala mucho mayor y en menos tiempo ya que todos tenían la misma forma y tamaño.
En cambio edificar con piedras era un verdadero reto, pues cada piedra es singularmente única, en tamaño, color y peso. Imaginen lo que significa acomodar una piedra tras otra, entrelazarlas y darle firmeza teniendo en cuenta los diferentes tamaños y formas.
Esto es similar hoy en día. El sistema del mundo nos propuso edificar la Iglesia bajo los mismos principios de Babilonia; moldear a todos los cristianos de la misma manera, establecer medidas y prototipos acorde a la necesidad del propio sistema, sin comprender el aspecto singular y el valor que cada uno tiene el la obra de Cristo.
Debemos renunciar al modelo de control faraónico y sistemático para edificar según lo hizo Cristo; con amor, hermandad, comunión y ayuda mutua.