31/12/2025
Saludo Pastoral de Fin de Año – Año del Señor 2025
Iglesia amada,
En el último día de este año del Señor, me permito hablarles no desde la distancia del oficio, sino desde la cercanía del corazón pastoral. Como quien, al caer la tarde, contempla el camino recorrido y reconoce que cada huella —clara u oscura— ha sido trazada bajo la mirada vigilante de Dios.
El haberles conocido y servido durante este tiempo ha sido, para mí, como contemplar un lienzo profundamente trabajado. No uno de colores simples, sino una obra intensa, donde la historia del pueblo de Dios se escribe con contrastes.
Hubo tonos oscuros en el fondo: pruebas que nos desgastaron, silencios que dolieron, pérdidas que no se olvidan con facilidad. Momentos que, humanamente hablando, hubiésemos preferido borrar. Sin embargo, aun esas sombras no estuvieron fuera del dominio del Altísimo, pues “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien” (Romanos 8:28). Ninguna lágrima cayó fuera de su registro; ninguna noche fue tan cerrada que escapara a su luz.
Pero también surgieron verdes radiantes: señales de esperanza, brotes de fe, frutos que anunciaron futuro. Vida naciendo donde parecía imposible, confirmando que “los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán” (Salmos 126:5).
Y, sin embargo, por sobre todo color, destaca uno que no se apaga ni se mezcla: el purpurado real de Jesucristo, Rey de reyes y Señor de la historia. En cada tramo del camino, en cada faceta de este año que termina, Cristo se ha mantenido soberano, providente, excelso y redentor.
Soberano, porque tanto en Lo Valledor Sur como en Santa Adriana hay un solo Trono, y su Dueño no comparte su gloria con nadie. “Jehová estableció en los cielos su trono, y su reino domina sobre todos” (Salmos 103:19).
Providente, porque aun en las ausencias más dolorosas, en las carencias más humillantes y aun frente a los desórdenes de nuestras propias rebeldías, fue Él quien sostuvo el timón. “Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero” (Isaías 46:10). Nada se le escapó; nada se descompuso fuera de su voluntad sabia.
Excelso, porque en los logros visibles —muchos de ellos ignorados o minimizados— jamás fue el hombre el destinatario de la honra. “No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria” (Salmos 115:1). Si hubo fruto, fue gracia; si hubo avance, fue misericordia.
Y Redentor, porque este año volvió a demostrarnos que no hay pecado tan profundo que su sangre no pueda limpiar, ni corazón tan endurecido que no pueda ser quebrantado. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar” (1 Juan 1:9). Cristo no salvó a los dignos, sino a los arrepentidos; no justificó a los justos, sino a los quebrantados.
Por tanto, al mirar hacia el año que comienza, mi oración pastoral es esta:
Que aprendamos a someter nuestras voluntades frágiles a la instrucción perfecta del Señor.
Que nuestros ojos sigan asombrándose ante la provisión generosa del Dios que posee el cielo y la tierra.
Que nuestros afectos se ordenen al contemplar la hermosura moral de Cristo en sus obras y atributos.
Y, por sobre todo, que sigamos descansando en el gozo inexplicable de su gracia perdonadora.
“Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará” (Salmos 37:5).
Iglesia amada, junto a la Pastora Marcelita, deseamos que cada hogar sea cubierto por la paz que sobrepasa todo entendimiento.
Que cada familia experimente un muy feliz y profundamente bendecido 2026, bajo el gobierno amable y firme de nuestro Señor Jesucristo.
Con gratitud y esperanza,
IMP Lo Valledor Sur
Seguimos adelante,