06/08/2026
Invierte en lo que produce verdadero fruto.
“Ustedes siembran mucho pero es poco lo que cosechan, comen pero no quedan satisfechos, beben pero no les alcanza para saciarse, se visten pero no lo suficiente para abrigarse. Ganan dinero pero se les va como si tuvieran roto el bolsillo.”
-Hageo 1.6 (PDT)-
El pueblo hebreo trabajaba arduamente, pero sus esfuerzos no producían la bendición esperada. Habían dedicado sus energías a sus propios intereses mientras descuidaban la obra de Dios. Como consecuencia, experimentaban frustración y esterilidad. A través de Hageo, Dios les estaba enseñando que una vida desconectada de sus propósitos nunca puede producir satisfacción duradera. Este pasaje nos recuerda que todo lo que somos y poseemos pertenece al Señor. Nuestro tiempo, recursos, capacidades y oportunidades son mayordomías que deben administrarse para la gloria de Dios. Cuando invertimos estos dones únicamente en metas temporales, los resultados suelen ser insuficientes, pero cuando los utilizamos para el bien de nuestra familia, la edificación de la iglesia y el avance del reino de Dios, producen fruto que permanece. Un hombre pasaba horas llenando un barril con agua, pero no entendía por qué nunca lograba llenarse. Después descubrió que tenía una gran grieta en el fondo. Todo su esfuerzo se perdía porque estaba invirtiendo energía en un recipiente incapaz de retener el agua.
Así ocurre cuando gastamos nuestra vida únicamente en cosas pasajeras. Podemos trabajar más, ganar más y obtener más, pero si Dios no ocupa el lugar central, el corazón seguirá sintiendo vacío. Evalúa hoy dónde estás invirtiendo tus mejores energías. ¿Estás dedicando tiempo al crecimiento emocional, intelectual y espiritual? ¿Estás fortaleciendo a tu familia con amor y principios cristianos? ¿Estás usando tus dones, habilidades y capacidades para el bien personal, familiar, laboral, y espiritual? ¿Estás administrando tus recursos ordenadamente? Dios no condena el trabajo ni las responsabilidades terrenales. Al contrario, nos llama a realizarlas para su gloria y con prioridades correctas. Lo que se invierte en el reino de Dios nunca es una pérdida, es la inversión más segura y fructífera que un creyente puede hacer. Cuando ponemos a Dios en primer lugar, nuestro tiempo, recursos y capacidades dejan de caer en s**o roto y comienzan a producir fruto para nuestro bien, el de nuestra familia y la gloria de Cristo.
Dios te bendiga!!