06/09/2026
Vigésimo tercer domingo del tiempo ordinario.
Vivimos tiempos difíciles para lo común. Cada día podemos ver y constatar cómo la experiencia de lo compartido, de aquello que no se reduce únicamente a lo propio, se encuentra profundamente cuestionada. Los ejemplos abundan. Hace tiempo que todo lo político tiene que ver más con intereses económicos que con la búsqueda del bien común. Las redes sociales, aunque nos ofrecen nuevas posibilidades de encuentro, también pueden acostumbrarnos a una relación superficial con nosotros mismos y con los demás. La lógica de la inmediatez, la comparación permanente y la búsqueda de aprobación nos alejan de la complejidad de lo humano y, sobre todo, de los demás.
Es en nuestros vínculos donde encontramos las mayores alegrías, pero también los sufrimientos más profundos. La pérdida del sentido de la gratuidad, el aislamiento y la superficialidad nos conducen por caminos en los que el otro termina transformándose en un objeto de consumo afectivo. Sin embargo, Jesús y su Evangelio nos presentan un horizonte distinto, en el que los vínculos ocupan un lugar esencial y crean un espacio para Dios mediante la escucha y el encuentro, invitándonos a mirar al otro y a nuestra capacidad de relacionarnos de una manera nueva.
Fray Ignacio Castro Ortega O.P.
Entender la ley del amor
Pidamos al Señor que nos haga entender la ley del amor. ¡Qué bueno es tener esta ley! ¡Cuánto bien nos hace amarnos los unos a los otros en contra de todo! Sí, ¡en contra de todo! A cada uno de nosotros se dirige la exhortación paulina: «No te dejes vencer por el mal, antes bien vence al mal con el bien» (Rm 12, 21). Y también: «¡No nos cansemos de hacer el bien!» (Ga 6, 9). Todos tenemos simpatías y antipatías, y quizás ahora mismo estamos enojados con alguno. Al menos digamos al Señor: «Señor, yo estoy enojado con este, con aquella. Yo te pido por él y por ella». Rezar por aquel con el que estamos irritados es un hermoso paso en el amor, y es un acto evangelizador. ¡Hagámoslo hoy! ¡No nos dejemos robar el ideal del amor fraterno!
(Papa Francisco)