11/02/2026
Buen día para toda nuestra amada iglesia. Ya estoy de vuelta con todo para afrontar este año 2026, y después de haber tenido unas reparadoras vacaciones. Hoy quiero iniciar una serie de dos o tres reflexiones sobre Mateo 3 que nos habla del ministerio de Juan el Bautista. De este capítulo voy a poner los dos primeros versículos hoy para no ocupar tanto espacio y así, no alargar este devocional. Te desafío eso sí, a que tu puedas leerlo hasta el verso 17 para comprender mejor lo que quiero compartir. Este capítulo muestra aquellos días en que Dios estaba orquestándolo todo para que Jesús irrumpiera en esta tierra, trayendo perdón y salvación. Dice el 3:1-2. En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. En esos días, mientras Dios el Padre estaba fraguando el rescate de la humanidad por medio de Jesús, Juan está en el desierto predicando, obviamente el desierto no fue hecho para las personas, ni menos para predicar; y si uno ve a Juan ministrando ahí, podría parecer insignificante, hasta anormal, pero cuando lo procesas, ves que todo esto era parte del propósito de Dios para este mundo. Como primer punto, lo que quiero hacer es: 1. DESMITIFICAR LA IDEA DEL DESIERTO: La palabra desmitificar significa, disminuir o privar de atributos mitológicos a una cosa, poniendo en evidencia sus reales característicos. O sea, ¡el Desierto no es todo lo malo que parece mi hermano, ¡¡¡Aleluya!!! Para mí "El desierto es el espacio de tiempo que existe entre la promesa dada, y la promesa alcanzada". Desde que recibes una promesa de Dios hasta que esa promesa se cumple, irremediablemente existirán desiertos que cruzar. El pueblo de Israel cruzó 7 Desiertos antes de llegar a la tierra prometida (7=Totalidad, todas las veces que sea necesario). Eso significa que habrá veces, no siempre, que, para alcanzar promesas de Dios para nosotros, es muy probable que nos encontremos con algún desierto. Si Estudiamos la biblia con dedicación, nos daremos cuenta que hay tres cosas extraordinarias y gloriosas que destacar en esto del ¡mito del Desierto!: 1. Dios estuvo siempre con su pueblo Israel en el desierto. ¡Dios está contigo y conmigo en los desiertos que atravesaremos! Ánimo mi hermano(a), no estamos solos, su presencia va con nosotros: ¡Alabado sea su nombre! 2. Dios les proveyó en el desierto. Les dio agua, maná y codornices; o sea, ¡El Señor provee en el desierto! Te aseguro y lo doy firmado, que el Señor proveerá todo lo que necesitemos mientras cruzamos un desierto! ¡Gloria a Dios! 3. Dios hizo florecer ministerios y liderazgos en el desierto. El ministerio de Moisés floreció en el desierto y se dejó ver en que lideró a 2 millones de personas mientras estuvieron en el desierto. Y como si eso fuera poco, se levantaron grandes líderes en el desierto, como Josué y Caleb. Oh, ¡Aleluya! No puedo dejar de glorificar al Señor por lo bueno, misericordioso y fiel que es para con su pueblo. Mi hermana o hermano, si has cruzado varios desiertos, o estas en alguno ahora, quien no dice que a lo mejor Dios te está preparando para algo grande más adelante. Tenemos muchos testimonios de que esto es y ha sido una realidad para muchos cristianos. Así que yo quiero que no miremos el vaso medio vacío, si no, el vaso medio lleno en este asunto del Desierto. ¡Dios está, estuvo, y estará con nosotros siempre! Gracias Señor. Que el resto de la semana sea bendita en Jesús para todos.
Pastor Juan Luis Navarro