07/12/2025
Cuando Dios le prometió un hijo a Abraham, todo parecía ir en contra: la edad, el tiempo, la lógica. Pero la fe de Abraham no se apoyó en lo que veía, sino en quien hablaba. Isaac fue la prueba viva de que ninguna promesa de Dios llega tarde y ninguna es demasiado grande para cumplirse.
Así como Abraham esperó y creyó, también tú puedes confiar. Si Dios hizo una promesa, Él mismo abrirá el camino para que se cumpla. Lo imposible para ti es sencillo para Él.
“Entonces el Señor le dijo: ‘De cierto volveré a ti… y Sara tu mujer tendrá un hijo’”
(Génesis 18:10).