21/11/2021
PASCUA DEL P. D'ALZON, 21 DE NOVIEMBRE D 1880
1810-1828: EL NIÑO Y EL JOVEN MANUEL
Creció en una familia profundamente cristiana, muy vinculada a la Iglesia.
De niño, disfrutaba de las celebraciones litúrgicas en la iglesia y le gustaba “celebrar” misa con sus primos y amigos, tomando siempre el papel de celebrante principal.
En su familia (de su madre, sobre todo) aprendió que el servicio a los pobres
constituye una dimensión esencial de la vocación cristiana.
Como lo indicará más adelante, esta atracción precoz hacia el sacerdocio se debilitó a lo largo de sus estudios, durante su adolescencia en París.
En 1823 la familia d’Alzon se instala en París: el vizconde d’Alzon había sido elegido diputado por el departamento del Herault; además, piensa su padre, el joven
MANUEL TENDRÁ MEJOR EDUCACIÓN EN UN COLEGIO PARISINO.
1823-1824: Manuel estudia en París, en el colegio San Luis.
• El 1° de julio de 1824 recibe la Primera Comunión en la iglesia de San Sulpicio. Su padre será un excelente orientador no sólo de sus estudios y lecturas, sino también de su formación espiritual.
• A partir de octubre de 1824 y hasta agosto de 1828 estudia en el colegio Estanislao, donde termina sus estudios con el diploma de bachiller en letra
1826-1833: MANUEL DISCIERNE SU VOCACIÓN
• Ya en 1826, Manuel empieza a pensar en su porvenir. Piensa entrar en la Academia Militar. Su papá lo disuade.
• 1828-29: Aconsejado por su padre, sigue los cursos de Derecho en la Facultad de París. Participa en diferentes grupos de reflexión y de acción caritativa (visita una o dos veces por semana a los enfermos del Hospital de París).
• El 21 de enero de 1830, en París, Manuel habla por primera vez de su vocación
sacerdotal (a su amigo d’Esgrigny).
• Desde el 8 de mayo de 1830 al 14 de marzo de 1832 (durante dos años) permanece en Lavagnac, donde cumple con un estricto programa personal de estudios.
• El 20 de agosto de 1830 (fiesta de San Bernardo), Manuel dice que ese día experimentó una especie de conversión, que va a recordar y celebrar cada año hasta su muerte. (¿Se trataría de una conversión como la que experimentó el joven Bernardo, que abandonó el mundo, junto con treinta amigos, para seguir a Cristo en la vida monástica?).
• 1831 (septiembre u octubre): comunica a sus padres el deseo de ser sacerdote.
Momento doloroso para toda la familia, especialmente para su madre.
• 14 de marzo de 1832: sale de Lavagnac para ir al seminario de Montpellier.
• Vivirá casi dos años en el seminario de Montpellier. Manuel sufre de la mediocridad de los estudios y de las costumbres toscas de sus compañeros. Pero hará de este sufrimiento un medio de transformación interior, sobre todo en cuanto al orgullo, que reconoce tener: “el orgullo es el fondo de mi carácter”.
• 20 de noviembre de 1833: Manuel emprende viaje para proseguir los estudios en
Roma. Lo hace por espíritu de obediencia a sus padres; él hubiera preferido seguir
sus estudios en París. Se embarca en Marsella y llega a Roma el lunes 25 de
noviembre a las 23 horas bajo una lluvia torrencial.
AÑOS 1844-1845: SU VOCACIÓN RELIGIOSA
• 22 de enero de 1844: Con el abate Goubier, el abate d’Alzon (tiene 34 años) toma
posesión del pensionado de la Asunción en el centro de la ciudad de Nimes, como
propietario y administrador del mismo. Hará de él el «Colegio de la Asunción».
• En junio de 1844, en el santuario de la Consolata de Turín, Manuel d’Alzon hace el voto de renunciar a las dignidades eclesiásticas.
• El 16 de agosto de 1844, en una carta la Madre María Eugenia, traza el balance de su vocación a la vida religiosa y el proyecto de su futura congregación.
• En junio o julio de 1845, en Nuestra Señora de las Victorias, París, emite los votos privados de religión y, a su regreso a Nimes, se instala en el Colegio y vive como religioso a partir del 21 de septiembre de 1845.
• Desde la Navidad de 1845 hasta la Navidad de 1850, largo tiempo de Noviciado en espera de la aprobación de la nueva congregación por parte del obispo de Nimes.
1851-1857: LOS AÑOS DE LA GRAN PRUEBA
• 19-20 de mayo de 1854: Congestión cerebral seguida de una paraplejía con cese de toda actividad.
• 29-30 de octubre de 1856: “La casa (el Colegio) de Nimes no subsistirá”.En 1854. Ya hace casi cinco años que Manuel d’Alzon es religioso, pero pronto hará diez que
vive la experiencia de la vida religiosa comunitaria. Durante todos estos años, su vida está repartida entre el servicio a la Iglesia de Nimes, la enseñanza en el Colegio de la Asunción y su nueva familia religiosa, la Asunción. Por otra parte, está marcada por la fundación de varias obras en distintos dominios. Su renombre se extendía por todas partes, hasta el punto de ser nombrado, en agosto de 1850, para el Consejo Superior de la Instrucción Pública de Francia y fue requerido por dos veces para ser obispo, en 1848 y en1854. Pero esta celebridad comporta también el revés de la medalla.
Físicamente, estos años de mucha labor están marcados por la acumulación de grandes fatigas, de agotamiento y neuralgias crónicas. Además de estos sufrimientos físicos, d’Alzon se ve acosado por las deudas para hacer vivir a sus religiosos, así como para hacer funcionar sus obras. Había contraído tantas deudas que incluso ve perfilarse en el horizonte el final de su obra. Finalmente, el número de religiosos que perseveran no es para entusiasmar.
El 19 de mayo de 1854, el agotamiento, la privación de sueño, las preocupaciones, los excesos de celo, le ocasionan una congestión cerebral con paraplejía, que conocerá una cumbre al día siguiente. Es el principio de un largo vía crucis tanto físico y moral como intelectual e incluso espiritual, que va a durar más de tres años. Esta cruz le obligará muy a su pesar a guardar reposo varias veces y a renunciar a la dirección de su colegio en octubre del 1855.
Por si no fuera suficiente, mientras se enfrenta a los sufrimientos físicos, otro quebranto viene a golpearle. Falto de dinero y muy endeudado, algunas de sus obras deben ser cerradas, incluso vendidas para cubrir sus deudas. Tal es la decisión de su familia, que no puede continuar sosteniéndole económicamente. Vistos todos estos sufrimientos y estos fracasos, helo aquí en 1857, casi como su Maestro, en el Monte de los Olivos. Numerosos amigos bien intencionados llegarán a aconsejarle que se separe de sus religiosos y sacrifique su pequeña congregación.
Pero es también un tiempo de conversión y de ascensión espiritual. Hombre de su tiempo, durante todo este vía crucis d’Alzon recurre a los medios de la medicina corriente de esa época, a saber, las aguas termales. Mencionemos especialmente las de Lamalou, un lugar que puede ser considerado como el Monte Sinaí de los Asuncionistas, o bien, para citar al P. Jean Paul Périer-Muzet, como “un santuario de la espiritualidad alzoniana” donde han sido escritos algunos textos mayores, en especial el Amigo de todos los días y el Directorio (Guía Espiritual de Vida Interior).
Pero, ante todo, en la fe inquebrantable en Dios es donde d’Alzon va a resurgir. Más que en el pasado, d’Alzon se muestra como hombre de oración intensa y constante que abandona su vida y su futuro entre las manos de Dios. Largo vía crucis, pues, pero a cuyo término aparece una vida nueva para él y para toda su congregación, una vida anonadada pero enraizada en Dios; un camino que Adrien Pepin califica de ascensión espiritual en Manuel d’Alzon. Efectivamente, en este contexto de anonadamiento dirá con San Pablo: “Para mí, vivir es Cristo (y morir una ventaja)” y llamará a los suyos a hacer otro tanto, por una parte, y por otra, a ver en la cruz, “un confidente, un amigo de todos los días”, como se puede leer en su carta del 21 de junio de 1857 escrita en Lamalou para las Adoratrices del Santísimo Sacramento que acababan de nacer en Pentecostés de 1857. En esta época será cuando nuestro Fundador redactará las primeras Constituciones de la Congregación.
1880: ÚLTIMO ACTO DE OBEDIENCIA ANTES DE MORIR
La última ocasión que tuvo el P. d’Alzon de responder a un deseo expreso del Papa se presentó unas semanas antes de su muerte. León XIII hizo saber a los Institutos religiosos que deseaba tuvieran un gesto de sumisión conciliadora para con el Gobierno de Francia que amenazaba con disolver a todas las Congregaciones. Todos los Superiores generales estaban opuestos a ese gesto. El P. d’Alzon dudaba mucho de que tal actuación pudiera tener éxito, pero cuando estuvo seguro de que ésa era la voluntad del Papa, no dudó en firmar el documento requerido, el 26 de agosto de 1880.
“¡Si somos los regimientos de un ejército cuyo jefe es el Papa, cuando el jefe habla, a los coroneles no les queda otra que ejecutar la maniobra!”.
“Un coronel que desobedece a su jefe en el campo de batalla merece ser fusilado”.