08/05/2026
¿Cómo se imaginan ustedes esa tierra que fluye leche y miel? Es algo hermoso, pero también había animales feroces, reptiles, pueblos totalmente idólatras, pueblos muchas veces perversos, llenos de seducción e inmoralidad. Aun así, esa era la tierra que Dios le prometió a su pueblo.
Dios no solo se la prometió, sino que les dio leyes y estatutos para que pudieran habitar esa tierra. No solo se las prometió, sino que les dijo: para entrar a esa tierra tienes que tener estas condiciones, encuadrarte a estas normas, a estas leyes, caminar en esta dirección. No era algo fácil como a veces decimos y pensamos; Dios me va a hacer la vida más fácil. Tiene un propósito, porque Dios con nosotros tiene un propósito.
La advertencia más grande que Dios les da dice: «Guardad, pues, mucho vuestras almas pues ninguna figura visteis». Ninguna figura Dios le ha permitido al hombre que pueda adorar. Hay un Dios, Israel tu Dios uno es y a Él adorarás con toda tu mente. Eso es lo principal.
Cualquier idolatría que venga a mi vida o que nazca en mi corazón me corrompe, me hace una persona inadecuada ante los ojos de Dios. Nosotros convertimos en idolatría muchas cosas que las creemos buenas. A veces el púlpito, como corista yo no puedo moverme de aquí porque este es mi lugar, a veces somos idólatras con lo que Dios nos entrega, incluso con nuestra propia familia. Yo tengo que dejar de ser idólatra porque mi Dios está en la mirada de un niño, en las montañas, en el mar, está en todo lugar; donde quiera que yo le sirva, le estoy sirviendo a él.
Moisés como padre espiritual estaba preocupado porque había idolatría, codicias, envidias, pleitos. Las leyes podían ser muy claras, muy estrictas, muy racionales, pero no perfeccionaban el corazón humano. No importa cuántas veces yo lea la Biblia, no importa cuántas veces yo esté en reunión o en el servicio, pero si la palabra no entra a mi corazón, no hay transformación.
La gracia de Dios vino a sobreabundar porque la gracia de Dios perfecciona los corazones. Dios mismo dijo: mis leyes, mis mandamientos ya no los voy a escribir en una tabla, los voy a escribir en tu mente, en tu corazón. Por eso cuando usted le falla a Dios, ¿cómo se siente? podrido a veces por dentro, pero aún Dios dice: siete veces cae el justo y siete veces lo levanta.
En este tiempo, trigo y cizaña crecen juntas. Cuando usted entre por esa puerta no espere que todos tengan alitas. «Ven tal como estás, que yo no te echo fuera» pero te voy perfeccionando, te voy trabajando cada día como el alfarero trabaja la vasija en la rueda.
Usted se encuentra aquí con Heteos, Ferezeos, Jebuseos con distintos grupos, pero usted no se ponga a cuestionar entreguese en las manos del Señor, bajo la gracia de Dios, Él va perfeccionando su vida, va colocando los dones necesarios y aquellos dones que otros no están usando, Él los quita y se los da a quien viene con corazón dispuesto y con deseo de servirle de todo corazón.
Vivir en la gracia de Dios no es libertinaje para pecar. Cuando uno obedece, entonces la gracia de Dios se vuelve gratificante para nuestras vidas. Cuando yo sirvo a Dios de corazón, con anhelo, con alegría, entonces las cosas pasan a ser gratificantes.
Dios tenía que pelear la batalla por ellos. La justicia de Dios se encarga de todo lo que pueda estorbar al pueblo de Dios. Procura no ser piedra de tropiezo para nadie, sino que seas una persona que siempre le ponga el hombro a aquel que está desmayando, al que está debilitado, que está conociendo la verdad; sea para ellos un puntal de poder, de fuerza, de motivación, de ánimo. Eso es lo que Dios nos llama y nos manda a hacer.
Tenemos una Iglesia joven que necesita ser direccionada por el Espíritu Santo y por el buen conocimiento. Dios nos ayude para que esto lo entendamos. Es el Dios todopoderoso, el Dios del cielo y de la tierra, con el cual no podemos jugar.
«¿Me has conocido? Bien, sigue conociéndome.»
Deuteronomio 4:9-24
Pastor Juan Alegria