25/05/2026
"Vuelva a adorar"
"Era el mismo lugar donde Abram había construido el altar, y allí volvió a adorar al Señor." (Génesis 13:4 NTV)
Abram provenía de un entorno pagano, pero su vida cambió por completo cuando Dios lo llamó a dejar su tierra y su parentela. La promesa era muy grande; recibiría una nueva patria y una descendencia tan grande que no sólo sería bendecida, sino que se convertiría en fuente de bendición para todas las familias de la tierra (un plan perfecto que se cumpliría siglos más tarde a través del nacimiento de nuestro Señor Jesús).
Al llegar a la tierra de Canaán, Dios se le apareció para confirmarle este pacto. En respuesta a ese encuentro, Abram edificó un altar, un monumento visible para recordar las promesas divinas en una actitud de profunda adoración. Sin embargo, la fe de Abram pronto fue probada por una intensa escasez de alimentos en la región, lo que lo obligó a descender a Egipto por un tiempo.
Egipto representó distracción, desafíos y tropiezos, pero no fue el destino final. Al regresar a la tierra prometida (Canaán) se reencontró con el altar que había construido al principio, y en ese lugar, volvió a adorar al Señor.
Traigamos a la memoria aquellos primeros momentos de caminar con Dios, esos días donde la comunión era plena y el primer amor ardía en nuestro corazón. Piense en las cosas que hoy le evocan esos recuerdos, como esa canción específica que sonaba el día de su bautismo, aquel lugar donde fue lleno del Espíritu Santo por primera vez, o aquel versículo bíblico con el que Dios abrazó su alma en medio de su dolor más profundo.
Es normal que incluso después de estas vivencias nuestra fe y santidad flaquearan, pero ¿qué le sucede al recordar estos momentos tan bellos? ¿Cuál es su respuesta? Sin duda que podemos sentir nostalgia, añoranza, recordando con melancolía momentos que no volverán.
Y sí, es verdad que esos momentos no volverán, pero no tienen por qué volver, porque Dios no quiere que vivamos de glorias pasadas ni atrapados en el recuerdo de lo que un día fue. En lugar de quedarnos tristes lamentando un viejo tiempo, debemos asumir la actitud de Abram. Él no se sentó junto a las piedras del altar a llorar por los días previos a la hambruna ni a quejarse por los errores cometidos en Egipto; él simplemente se consagró de nuevo y volvió a adorar.
Comencemos esta semana no sólo recordando la bondad de Dios para con nosotros, sino volviendo a adorarle por lo que ha hecho, lo que hace y lo que aún está por hacer. Que el Señor le bendiga.
Daniel Poblete Leighton
Las Asambleas de Dios Belloto
Iglesia Ojos de Agua
Lunes 25 de mayo de 2026